Navidad, de una comunidad pesquera a la liturgia de Roma, un solo común denominador: trabajo, perseverancia y el valor de transformar un pez en alimento para la sociedad.
En el amanecer de un 25 de diciembre frío y silencioso, el puerto se convierte en una postal inmóvil. Mientras el viento recorre los muelles vacíos, el descanso de los marinos marca un respiro en la dura vida de quienes confían su destino a la inmensidad del Atlántico y a la resistencia del acero.