El retirado Capitán de Navío Claudio Villamide volvió a declarar haciendo uso de la ampliación declaratoria en el juicio por el hundimiento del ARA San Juan y utilizó su derecho a ampliar la indagatoria para responder directamente a lo expuesto por el almirante Eduardo Pérez Bachi en audiencias anteriores, cuyos planteos consideró “inexactos”.
Con el sesgo de conocimiento que lo caracteriza y la autoridad respaldada por la idoneidad de uno de los cuadros de más alto nivel de conocimiento y profesionalismo en la Armada Argentina de los últimos 20 años, dejó en claro que su presentación tenía como objetivo corregir lo que consideró interpretaciones erróneas. “Ese informe expresa un momento donde se hace una fotografía, y no representa la película de octubre de 2017”, sostuvo, al cuestionar el alcance del informe elaborado tras las inspecciones.

Uno de los ejes centrales de su exposición giró en torno al rol de la Inspección General de la Armada (IGSA), punto que —según planteó— fue mal interpretado en las declaraciones previas. Villamide fue categórico al señalar que el IGSA no tiene competencia para determinar el estado operativo de un buque. “El IGSA no determina el alistamiento de materiales. Inspecciona procesos”, afirmó, remarcando que su función es verificar procedimientos y no establecer si una unidad está en condiciones de navegar.
En ese contexto, explicó que el grado de alistamiento operativo es definido por los propios comandantes de cada buque, en base a sistemas internos de evaluación, y sostuvo que no existía ningún documento previo al hundimiento que indicara que el ARA San Juan no estaba en condiciones de zarpar.
Durante la audiencia le mencionaron los dichos del almirante Pérez Bachi, quien había calificado las observaciones como “localizadas” y había hablado de distintos tipos de riesgo. A partir de ese planteo, Villamide respondió con tono crítico y cuestionó ese análisis, no solo por su contenido sino por el momento en que fue formulado.
Sostuvo que esas conclusiones se construyeron con posterioridad al hundimiento y contrastó ese enfoque con evaluaciones previas dentro de la propia Armada. En ese punto, hizo referencia al informe elevado por el almirante Lezana, quien había calificado esas mismas observaciones como de impacto bajo y resolubles por el propio destino, sin generar nuevos riesgos institucionales.
A partir de esa comparación, Villamide apuntó directamente contra el criterio adoptado en la declaración de Pérez Bachi: “Si había percepción de riesgo, ¿por qué no se dijo antes? ¿Por qué no se opusieron a que el submarino zarpara?”. Y agregó, elevando el tono: “Si él tenía esa percepción, era almirante de la Armada… ¿por qué no lo dijo antes?”.
A medida que avanzaba su declaración, el tono se fue endureciendo. Su propio defensor llegó a señalar que era la primera vez que lo veía expresarse de esa manera desde el inicio del juicio. Villamide, por su parte, también dejó entrever su malestar con el proceso: “Me cansé de declarar, de presentar escritos… yo podría haber dicho muchas cosas, pero nadie me llamó”.
Con esta nueva intervención —la segunda que realiza en carácter de ampliación de indagatoria desde el inicio del juicio— Villamide buscó no solo responder a testimonios recientes, sino también reforzar y ampliar su postura inicial.
Lejos de limitarse a aclaraciones puntuales, su exposición puso en discusión el modo en que se construyeron los informes técnicos y el momento en que fueron elaborados. Con un discurso sólido, cargado de contenido técnico y atravesado por un evidente malestar, sus declaraciones se consolidan como las más consistentes y firmes dentro del proceso hasta el momento.






