En la reunión con el Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Sergio Iraeta y Juan Antonio López Cazorla, el reclamo se presentó como si fuese un grito unánime del mar argentino. Pero puertas adentro, el cuadro es más incómodo, un segmento pequeño, concentrado y rentable ocupa el centro del escenario, habla en nombre de “la pesca” y exige alivios como si su fragilidad fuese la regla y no la excepción. La postal se completa con la retórica de impacto, dólares, empleo, economías regionales y la palabra fetiche que siempre aparece cuando la negociación entra en zona roja, parálisis.
El dato que abre el juego es real y potente: USD 2.010 millones generados en 2025, segundo mejor registro histórico. Ese número —indiscutible, irrefutable— se usa como credencial para instalar el resto, costos dolarizados, precios internacionales más bajos, presión tributaria y un pedido central convertido en ultimátum técnico, eliminar los Derechos de Exportación (5% a 9%). Hasta ahí, la superficie.
El punto es el subsuelo. Porque en la misma “pesca” conviven dos países. Uno que camina por la cornisa —márgenes finos, endeudamiento, flota envejecida, dependencia de una zafra, exposición total a combustible, repuestos y logística— y otro que juega con integración vertical, diversificación y captura de valor a lo largo de la cadena. Y es allí donde el encuentro dejó una señal política clara, el Gobierno parece estar mirando la segmentación del negocio con más precisión que algunos dirigentes empresariales cuando hablan hacia afuera.
Eduardo Boiero, por CAPECA, puso el argumento “competitividad”, costos en dólares + precios a la baja + DEX = pérdida frente a países que no aplican ese gravamen. Facundo Godoy, por CAPIP, aportó el capítulo langostino, paradas, caída de capturas y exportaciones, pérdida irreparable de temporada (¿!?) y la frase que resume el pedido, la quita de retenciones como compensación. Todo eso entra en el menú habitual del lobby exportador. ¨ Banalidades de millonarios «, se escuchó en la salida en los pasillos del viejo ministerio, aunque pidieron no difundir la fuente.
Ahora, la pimienta aparece cuando la conversación sale del DEX y entra en otro terreno, la insistencia por quitar cargas nacionales mientras se pretende sostener otros mecanismos favorables al exportador (reintegros, recuperos, tratamientos diferenciales), y a la vez se dramatiza por erogaciones municipales como Seguridad e Higiene quedando al descubierto la ignorancia del planteo en un ámbito estrictamente nacional. Ahí asoma una contradicción que el poder político ya no disimula, si el negocio es inviable, la inversión se congela; si la inversión continúa y la expansión se sostiene, el discurso de asfixia total pierde sustancia, pierde verosimilitud. Nadie trabaja para perder y seguir invirtiendo si el panorama es oscuro.
En esa línea se entendió la intervención de Sergio Iraeta, con un enfoque de manual liberal, directo al hueso, cuando una unidad económica no rinde, se reconvierte, se vende o se cierra. La frase —más allá del estilo— operó como mensaje; la administración no piensa diseñar política pública para garantizar márgenes a quien ya tiene escala, diversificación y rentabilidad por encima del promedio. Y agregó un dato que pesa como ancla estratégica, el caladero argentino es apetecible para capitales externos. Lo que no puedan hacer Uds, lo harán otros. Traducción: si alguien se baja, hay interesados mas grandes, en subirse.
La discusión de fondo, entonces, ya no es “pesca sí o pesca no”. Es qué y con qúe escala se pesca. El propio Estado, según lo ocurrido en la mesa, distingue segmentos, los que son extremadamente delicados y casi deficitarios y los que, aun con volatilidad, conservan márgenes altísimos. Y allí aparece la crítica del propio Secretario que supo acomodar en la mesa con nombre y apellido conceptual, la agenda pública está siendo capturada por quienes menos la necesitan.
Porque cuando un grupo minoritario, con mejores números y mayor diversificación, lidera el reclamo de quita total de DEX, el resultado tiende a ser siempre el mismo, beneficio horizontal para el más fuerte y discurso solidario para justificarlo. El empleo y la comunidad costera importan; el problema es cuando se usan como paraguas para exigir un esquema que termina concentrando aún más la renta; fue al parecer una de las conclusiones del Secretario.
Las cámaras sumaron, además, el atraso en el recupero del IVA —financiación involuntaria al Estado—, costos de mantenimiento con insumos dolarizados y DUE. Todo cierto. Pero el debate serio es otro, si los instrumentos deben ser universales o muy puntuales para un determinado sector. Porque un alivio ciego para toda la exportación puede transformarse en transferencia de recursos hacia quienes ya capturan valor en más de un tramo de la cadena con importantes rentabilidades, mientras los segmentos frágiles siguen sin oxígeno real.
El cierre que deja esta reunión es simple, la Argentina necesita divisas, y la pesca es fuente relevante. Pero la política fiscal no puede escribirse al dictado del que más grita. La pregunta que queda flotando en el despacho no es si hay que discutir DEX, IVA y costos; es si se está discutiendo para sostener el empleo y la actividad o para blindar márgenes premium con argumentos de emergencia. En esa diferencia vive la verdadera batalla, por la que los funcionarios escuchan, pero no responden ante argumentos narrativos inverosímiles a la realidad operativa de ese segmento del sector.






