En la tercera jornada del juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, el contraalmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo prestó declaración indagatoria ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, donde rechazó todas las imputaciones en su contra y defendió el funcionamiento de la cadena de mando naval durante la última misión del buque.
Al iniciar su exposición, el ex comandante del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada explicó la estructura de esa dependencia y su rol dentro de la organización naval, señalando que tenía bajo su responsabilidad el entrenamiento, la preparación y la disponibilidad operativa de los medios de la fuerza. En ese contexto sostuvo ante los jueces que “desde ya niego todas las acusaciones que se me hacen, todas y cada una de ellas”.
Durante buena parte de su declaración, López Mazzeo describió cómo funciona la estructura operativa de la Armada y el sistema de comando que articula a las distintas unidades. Según explicó, el COAA coordinaba a más de 17.500 efectivos y a decenas de medios navales, entre ellos buques de superficie, aeronaves y unidades de infantería de marina.
El ex jefe naval también respondió a uno de los principales cuestionamientos que enfrenta en la causa, vinculado a una supuesta falta de supervisión del estado del submarino. En ese punto sostuvo que inspeccionó distintas unidades a lo largo de su gestión y que visitó personalmente el ARA San Juan en febrero de 2017 en Mar del Plata y nuevamente en noviembre de ese mismo año en Ushuaia, donde dialogó con el comandante Pedro Fernández y con parte de la tripulación.
En su declaración también explicó el proceso mediante el cual se elaboran las órdenes de operaciones en la Armada. Según detalló, la misión en la que participaba el submarino —que incluía el hundimiento del ex aviso ARA Comodoro Somellera como blanco naval durante un ejercicio— fue planificada durante varios meses y atravesó distintas instancias de evaluación dentro de la cadena de mando.
En ese marco indicó que toda orden de operaciones debe superar tres pruebas: aptitud, factibilidad y aceptabilidad. Si una de esas condiciones no se cumple, señaló, el planeamiento no se transforma en una orden operativa.
López Mazzeo también se refirió al estado técnico del submarino y rechazó las interpretaciones que vinculan las tareas de mantenimiento pendientes con un aumento del riesgo operativo. Según explicó, “la no concreción de algunas tareas de mantenimiento programado no eleva el riesgo, disminuye la disponibilidad”, diferenciando así entre cuestiones de rendimiento del buque y condiciones de seguridad para navegar.
Al reconstruir los hechos previos al naufragio, el ex jefe naval recordó que el 11 de noviembre de 2017 el comandante Fernández informó que el submarino había realizado un ejercicio de ataque contra una fuerza naval, operación que describió como de “alto grado de aprovechamiento” y que, según su planteo, reflejaba el nivel operativo de la unidad en ese momento.
Tres días después, durante la madrugada del 15 de noviembre, recibió un llamado del entonces jefe de la Fuerza de Submarinos, Claudio Villamide, quien le informó que el submarino había sufrido un principio de incendio en la batería de proa. Según relató, el comandante del buque había indicado que la situación estaba controlada y que toda la tripulación se encontraba en buen estado.
Frente a ese escenario, explicó que se decidió cancelar la patrulla y ordenar el regreso del submarino a Mar del Plata para realizar las reparaciones correspondientes.
Horas más tarde, al no recibirse nuevas comunicaciones del submarino, se declaró la situación de “SUBMISS”, lo que activó el despliegue de medios navales y aéreos para iniciar su búsqueda. López Mazzeo relató que se movilizaron buques, aeronaves y equipos especializados, además de coordinarse asistencia internacional con otras armadas.

Uno de los momentos más sensibles de su declaración se produjo al recordar la decisión de cerrar la operación de búsqueda y rescate de sobrevivientes el 30 de noviembre de 2017. Según dijo, más de 1.500 personas participaban entonces del operativo y las probabilidades de supervivencia ya habían sido superadas. En ese contexto señaló que “firmar un mensaje así, cerrado el caso SAR, es muy doloroso”.
En el tramo final de su exposición, López Mazzeo cuestionó que el proceso judicial haya llegado a la etapa de juicio sin una pericia técnica que determine las causas del naufragio. Según afirmó, la acusación no logra establecer un vínculo entre las supuestas falencias señaladas en el submarino y su pérdida en el mar. En ese sentido sostuvo que “seguimos sin saber qué pasó”.
El contraalmirante también rechazó las versiones que acusaron a la Armada de haber permitido la navegación de un submarino en malas condiciones y expresó su malestar ante esas interpretaciones. Al referirse a los tripulantes fallecidos afirmó que “eran camaradas nuestras” y remarcó que “no puedo admitir que digan que no nos interesaban o que los dejamos”.
Tras varias horas de exposición ante el tribunal, la audiencia concluyó con la declaración del contraalmirante, mientras el juicio continuará con las próximas instancias del debate y la incorporación de testimonios previstos en el proceso.


