La pesca artesanal comprende una amplia variedad de modalidades desarrolladas de manera directa, generalmente con participación familiar, utilizando embarcaciones de pequeño porte o incluso sin ellas, y artes de pesca manuales o mecanizados. En Argentina, este segmento representa menos del 4,5% del total de los desembarques pesqueros y emplea de manera directa a unas 3.000 personas.
En el área de Península Valdés, si se consideran únicamente las tareas de extracción, la actividad involucra aproximadamente a 200 trabajadores.
Aunque su peso en volumen es reducido frente a la pesca industrial, su impacto social, económico y territorial es significativo, especialmente en comunidades costeras de la Patagonia.
Desde hace varios años, especialistas del CENPAT-CONICET vienen trabajando junto a pescadores artesanales en aspectos biológicos, ecológicos y pesqueros. En los últimos tiempos, ese abordaje se amplió hacia las dimensiones sociales y económicas de los hogares vinculados a la actividad.
Durante 2024, integrantes de la Red de Trabajo en Pesquerías y Ecosistemas Costeros del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET) y del Observatorio del Sistema Pesquero Argentino (OSPA) realizaron un relevamiento socioeconómico y laboral mediante entrevistas, con financiamiento de la Fundación Vida Silvestre Argentina. El objetivo fue generar información que sirva como base para diseñar acciones de mejora y fortalecer el manejo sustentable de estas pesquerías.
Uno de los datos más relevantes del estudio es que casi el 90% de las personas entrevistadas —sobre un total de 40 encuestados— tiene familiares no convivientes que trabajan o trabajaron en la pesca artesanal, lo que confirma su carácter intergeneracional y su fuerte arraigo cultural.
En muchos casos, el oficio se aprende desde la infancia acompañando a familiares en tareas vinculadas al mar y se consolida durante la adolescencia. Además, una parte importante de los entrevistados manifestó su deseo de que sus hijos continúen vinculados a la actividad.
Desde el punto de vista económico, la pesca artesanal representa entre el 50% y el 100% de los ingresos de numerosos hogares, lo que la convierte en una fuente central de sustento.
También se destaca el rol de las mujeres, quienes asumen principalmente las tareas en tierra: procesamiento de los productos, comercialización, logística y administración, funciones esenciales para el funcionamiento del circuito productivo.
En diciembre de 2025, durante las XII Jornadas Nacionales de Ciencias del Mar realizadas en Puerto Madryn, se desarrolló el taller “La pesca artesanal en el Golfo San Jorge y Península Valdés: desafíos para la formalización de la actividad”. Participaron pescadores, investigadores, representantes de organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil.
Allí se presentaron los resultados del relevamiento en localidades como Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia, Camarones y Península Valdés, desde una mirada multidimensional que permitió abrir el debate sobre las principales limitaciones del sector.
Entre los problemas priorizados se destacaron las dificultades para acceder a la costa, las demoras en la emisión de las guías necesarias para retirar la captura y la falta de determinadas categorías de permisos que permitan incorporar a sectores que hoy permanecen fuera de los registros formales.
A ello se suma la escasez de personas con libreta de buceo habilitada y los elevados costos que implican los sistemas de seguridad para la navegación en aquellas modalidades que utilizan embarcaciones. A partir de este diagnóstico, se definió una “agenda corta” con responsables institucionales asignados, orientada a impulsar medidas concretas que permitan comenzar a destrabar los principales obstáculos que enfrenta la actividad.
Las entrevistas permitieron conocer cómo está hoy la pesca artesanal en Península Valdés y cuáles son los problemas más urgentes desde la mirada de quienes viven de esta actividad. Pero los diagnósticos sin políticas quedan en nada.
Se remarcó la necesidad de que el Estado, la academia, las organizaciones no gubernamentales y el propio sector pesquero impulsen acciones concretas para mejorar las condiciones de trabajo y avanzar en la formalización de la actividad. Entre los temas urgentes aparece el cierre de accesos a la costa, una situación recurrente en el litoral patagónico que impacta directamente en la continuidad del trabajo.
El desafío ahora es transformar ese diagnóstico en políticas públicas efectivas que acompañen la realidad de quienes sostienen esta actividad en el territorio. La articulación entre el sector científico, los pescadores, los organismos del Estado y las organizaciones sociales aparece como una herramienta clave para avanzar en la formalización, mejorar las condiciones de trabajo y garantizar la continuidad de una actividad que no solo aporta alimentos de calidad, sino que también preserva saberes, identidad y arraigo en las comunidades costeras de la Patagonia.
