La vigésima Conferencia de las Partes (CoP20) de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) marcó un punto de inflexión en la conservación mundial de tiburones y rayas.
Reunidos en Samarcanda, más de 3.000 representantes de gobierno de alrededor de 150 países aprobaron una serie de medidas para regular el comercio internacional de estos peces cartilaginosos, considerados el grupo de vertebrados marinos más amenazado del planeta.
En total, se incorporaron más de 70 especies a los apéndices de la CITES, elevando sustancialmente su nivel de protección. Entre ellas figuran el gatuzo (Mustelus schmitti) y el cazón (Galeorhinus galeus), dos tiburones presentes en el Mar Argentino que atraviesan una situación crítica por la sobreexplotación pesquera y la creciente demanda internacional de su carne y, especialmente, de sus aletas.
Las propuestas analizadas en la CoP20, copatrocinadas por más de 50 países, se enfocaron en algunas de las especies más comprometidas a escala global. Todas fueron aprobadas, consolidando el avance más ambicioso en la historia de la CITES en materia de conservación de tiburones y rayas.
Las decisiones incluyen la prohibición total del comercio internacional para especies altamente vulnerables, como el tiburón ballena y la mantarraya; la suspensión de exportaciones de ejemplares capturados en estado silvestre para determinados peces guitarra; y la regulación estricta del comercio mediante permisos y dictámenes de no perjuicio para especies como el gatuzo y el cazón. Estas medidas apuntan a cerrar vacíos históricos en el mercado internacional de aletas, branquias y carne, presiones que han acelerado el colapso de numerosas poblaciones.
A nivel mundial, más del 37% de las especies de tiburones y rayas se encuentran en peligro de extinción. En apenas cinco décadas, las poblaciones de tiburones pelágicos se redujeron más de un 70%, mientras que en uno de cada cinco arrecifes de coral estudiados los tiburones de arrecife ya están funcionalmente extintos.
La biología de estos animales agrava el escenario: crecimiento lento, madurez sexual tardía y baja fecundidad dificultan la recuperación de sus poblaciones frente a una presión pesquera intensa y sostenida. En ese contexto, la CITES se mantiene como el único acuerdo internacional con capacidad legal para restringir el comercio que impulsa estas declinaciones.
En el Mar Argentino habitan o migran unas 105 especies de condrictios, de las cuales 55 son tiburones. Muchas de ellas presentan un riesgo de extinción extremadamente alto. El gatuzo y el cazón, ahora incluidos en el Apéndice II de la CITES, recibirán un mayor control sobre su comercio internacional, una medida considerada clave para su supervivencia.
El gatuzo, especie endémica del Atlántico Sudoccidental, sufrió una caída poblacional superior al 90% en las últimas cuatro décadas. Su baja fecundidad y reproducción tardía lo vuelven especialmente vulnerable. Está catalogado como Críticamente Amenazado por la UICN y, de acuerdo con el INIDEP, es el tiburón con mayor explotación comercial en Argentina, con un stock regional sobreexplotado.
El cazón, distribuido entre Argentina, Uruguay y el sur de Brasil, también presenta una dinámica reproductiva limitada: se reproduce por primera vez alrededor de los 10 años y lo hace pocas veces a lo largo de su vida. En los últimos 30 años, su población en el Atlántico Sudoccidental se redujo un 80%, lo que explica su actual clasificación como Críticamente Amenazado.
Durante la conferencia, el coordinador de conservación de rayas y tiburones de WCS Argentina, Juan Martín Cuevas, advirtió que el gatuzo y el cazón ya representan cerca del 30% del volumen comercializado en los principales mercados de aletas de tiburón en Asia, lo que vuelve urgente su regulación internacional.

En la misma línea, Luke Warwick, director global de conservación de tiburones y rayas de WCS, destacó que las decisiones adoptadas en la CoP20 “ofrecen una oportunidad real de recuperación” para estas especies y constituyen una señal clara de acción frente a la extinción.
Si bien las resoluciones aprobadas representan un avance, los especialistas coinciden en que su efectividad dependerá de una implementación rápida y rigurosa por parte de los países. Para especies ya diezmadas, como el gatuzo y el cazón, el cumplimiento de estas medidas puede marcar la diferencia entre iniciar un proceso de recuperación o avanzar hacia un punto de no retorno.






