Cada 22 de febrero, la República Argentina conmemora el Día de la Antártida Argentina y vuelve a una fecha que abrió una de las continuidades estatales más significativas de su historia marítima y científica. En 1904, con la inauguración del observatorio meteorológico en la isla Laurie, en las Orcadas del Sur, comenzó la presencia permanente argentina en el continente blanco, antecedente directo de la actual Base Orcadas.
En 2026, esa secuencia alcanza 122 años de permanencia ininterrumpida. La cifra reúne historia, ciencia, logística, navegación, comunicaciones y trabajo técnico en uno de los entornos más exigentes del planeta. La fecha condensa una política de Estado sostenida a través de generaciones.
La dimensión humana de esta conmemoración ocupa un lugar central. En bases alejadas, bajo frío extremo, aislamiento prolongado y exigencias operativas constantes, hombres y mujeres integran dotaciones, campañas y relevos que sostienen observación, mantenimiento, abastecimiento, investigación y vida cotidiana. Personal militar, científicos, técnicas y técnicos, profesionales de apoyo y tripulaciones hacen posible una continuidad que requiere disciplina, preparación y temple. En esa tarea abnegada se expresa una forma concreta y diaria de soberanía.
La expansión de la presencia argentina en la Antártida puede leerse como una línea de tiempo institucional y operativa. Desde Orcadas hasta la red actual de bases permanentes y temporarias, cada instalación sumó capacidades, alcance geográfico y densidad científica. Cada base incorporada amplió presencia, conocimiento y proyección nacional en el sur extremo.
En 1904 la Base Orcadas (22 de febrero). Inicio de la presencia permanente argentina en la Antártida. Constituye la base en operación continua más antigua del continente.
En 1948 la Base Decepción (25 de enero). Se incorpora en el área de las Shetland del Sur; hoy integra el sistema de bases temporarias.
En 1951 la Base San Martín (21 de marzo). Evento de expansión profunda y primera instalación argentina al sur del Círculo Polar Antártico; y el 6 de abril de este mismo año, la Base Brown (6 de abril). Presencia argentina en el área de Bahía Paraíso; actualmente base temporaria.
En 1952 la Base Esperanza (17 de diciembre). Base permanente de fuerte relevancia histórica y operativa, con vida comunitaria estable: y la Base Petrel (referenciada en distintas cronologías oficiales y técnicas con etapas de instalación y posterior evolución operativa). En la clasificación vigente figura como base temporaria.
En 1953 la Base Carlini (21 de noviembre, ex Jubany). Base permanente de perfil científico, con papel destacado en investigación.
En 1961, la Base Matienzo (15 de marzo). Se suma en el sector del mar de Weddell; hoy base temporaria.
En 1969 la Base Marambio (29 de octubre). Base permanente con pista aérea, nodo logístico estratégico y punto clave para operaciones antárticas argentinas.
En 1977 la Base Primavera (8 de marzo). Incorporación en la costa Danco; hoy base temporaria.
En 1979 la Base Belgrano II (5 de febrero). Base permanente de altísima relevancia por su ubicación austral y su exigencia operativa.
La estructura vigente incluye 13 bases argentinas, distribuidas entre instalaciones permanentes y temporarias, de acuerdo con la clasificación oficial.
Bases permanentes (6): Carlini, Esperanza, Marambio, Orcadas, San Martín y Belgrano II.
Bases temporarias (7): Cámara, Decepción, Primavera, Melchior, Brown, Petrel y Matienzo.
Esta red expresa una arquitectura de presencia que combina historia, despliegue logístico y producción de conocimiento. Cada campaña reafirma esa continuidad mediante operaciones complejas, relevos planificados y trabajo técnico de precisión en un ambiente de condiciones límite. La soberanía también se sostiene en la constancia de quienes permanecen, operan e investigan durante meses en el casi inhóspito continente blanco.
El Día de la Antártida Argentina adquiere así un espesor singular. La memoria de 1904 se enlaza con la misión presente de las dotaciones y con una línea de tiempo que continúa abierta. La presencia argentina en la Antártida se apoya en una continuidad de Estado y en una voluntad humana que se renueva en cada relevo.






