Las estadísticas y los informes oficiales de actividad no hacen más que poner en números lo que la realidad ya demuestra en los hechos, detrás de la crisis pesquera conviven segmentos con rentabilidades profundamente antagónicas. En ese escenario, la flota congeladora se suma al deterioro que afecta a la flota menor y fresquera, pero lo hace desde una posición económica sustancialmente distinta.
La segmentación queda expuesta con toda crudeza en los propios registros de la actividad, donde el contraste entre escalas operativas, capacidad de captura y márgenes de rentabilidad termina jugando claramente en detrimento de la flota fresquera. Lo demuestra el informe y la magnitud de la compulsión por un mayor esfuerzo pesquero durante el primer cuatrimestre de 2026, lo que deja al descubierto que las realidades son muy distintas, mientras la flota fresquera comenzó a parar los barcos por falta de rentabilidad, la congeladora aumentó sustancialmente la operatoria.
El índice de producción industrial pesquero de febrero 2026 (IPI FEB26) registró una suba interanual del 14,3%, en un inicio de año con niveles elevados de actividad, aunque con diferencias cada vez más marcadas entre segmentos de flota.

La mejora del nivel general tuvo un sostén nítido: la actividad extractiva en el mar. La pesca marítima creció 17,9% interanual en febrero y acumuló una suba de 32,0% en enero-febrero, con una incidencia positiva de 15,6 puntos sobre la variación del índice general. En sentido inverso, la acuicultura cayó 10,4% interanual en el mes y restó 1,3 puntos a la evolución agregada, aunque en el acumulado del año todavía conserva una mejora de 10,8%.
La composición por especies expuso con mayor claridad esa tensión interna. En febrero, el grupo moluscos se convirtió en el principal motor del índice, con una suba interanual de 59,3% y una incidencia positiva de 27,2 puntos. En cambio, peces retrocedió 11,2% y tuvo una incidencia negativa de 2,7 puntos, mientras que crustáceos mostró una contracción todavía más marcada: 33,7%, con un aporte negativo de 10,3 puntos al resultado general. El crecimiento agregado, así, no respondió a una expansión pareja del conjunto, sino al peso extraordinario de un segmento que compensó caídas relevantes en otros dos.
También en la flota marítima aparecieron dos velocidades. Los desembarques de buques fresqueros cayeron 28,7% interanual en febrero y acumularon una baja de 14,1% en el primer bimestre. Del otro lado, los buques congeladores avanzaron 50,8% en la comparación interanual y 82,4% en el acumulado de enero-febrero. En términos de incidencia sobre la pesca marítima, los fresqueros restaron 11,9 puntos, mientras los congeladores aportaron 29,8 puntos, una diferencia que terminó por explicar buena parte del sesgo interno del mes.

La explicación inmediata está en el momento productivo de las pesquerías. Durante febrero, la temporada de langostino en aguas provinciales de Chubut se encontraba en su tramo final, con una menor intensidad de actividad, mientras que la pesquería en aguas nacionales aún no comenzó, lo que sumó un bache en los niveles de captura que impactó directamente sobre la operatoria fresquera.
Sin embargo, el informe también deja en evidencia un fenómeno más profundo. La pesca no solo está segmentada por nivel de actividad, sino por la capacidad de cada flota para sostener sus costos operativos en contextos adversos.
El aumento del precio del gasoil, que ya supera el 40% en lo que va del año y representa entre el 40% y el 50% del valor de bodega de un buque congelador, (por calidad de especies y por volumen); impacta sobre toda la actividad, pero sin consuelo sobre la flota fresquera donde el porcentaje se incrementa peligrosamente al 70% y el 90% sobre valor de producción, haciendo la actividad inviable desde lo economicamente operativo.

Su efecto no es uniforme. En el caso de los buques congeladores, el mayor nivel de capturas en esta etapa del año y la capacidad de operar con mayor volumen y valor de producción permiten, al menos de manera transitoria, amortiguar el incremento de costos. En cambio, para la flota fresquera y costera, que enfrenta menores niveles de actividad y opera sobre especies de menor valor comercial, con márgenes muy ajustados, ese mismo aumento se traduce en una presión más directa sobre la rentabilidad que pasó directamente a quebranto.
La pesca industrial mostró en febrero una mejora estadística relevante, pero lejos de un proceso homogéneo. El avance del índice general descansó sobre un núcleo acotado de segmentos dinámicos, con la pesca marítima, los moluscos y la flota congeladora como principales vectores de expansión, mientras la acuicultura, los peces, los crustáceos y los buques fresqueros registraron retrocesos. La señal que dejó el informe fue contundente, hubo crecimiento, pero con una estructura interna marcadamente desigual, atravesada por desempeños sectoriales que se movieron en direcciones opuestas.
El cuadro de febrero, en suma, mostró una pesca industrial en expansión, pero también una estructura más concentrada en sus impulsos. El dato principal fue positivo. La letra más fina, en cambio, indicó que el avance descansó sobre pocos vectores dinámicos; más mar que cultivo, más moluscos que peces o crustáceos, más congeladores que fresqueros. Ese reparto desigual de las fuerzas productivas quedó en el centro del nuevo informe oficial y justifica el verdadero trasfondo del reclamo fresquero y expone a quienes, desde la problemática de quebranto del modelo fresquero intentan sumarse sin sustento a la discusión. El informe es claro, y la realidad en el muelle, contundente. Así quedó reflejado en el dato oficial del INDEC.






