La Prefectura Naval en Mar del Plata conmemora 164 años de trayectoria institucional, marcados por una premisa que atraviesa generaciones, la protección de la vida humana en el mar y el resguardo de los intereses nacionales en aguas argentinas.
El origen de esta delegación se remonta al 27 de febrero de 1862, cuando el entonces gobernador bonaerense, Bartolomé Mitre, dispuso la creación de una dependencia que ejerciera funciones vinculadas al control portuario y la administración de rentas en una zona que comenzaba a adquirir relevancia estratégica. Aquel decreto significó el nacimiento formal de la autoridad marítima en estos parajes, mucho antes de que existiera la ciudad tal como hoy la conocemos.
En sus inicios, la dependencia funcionó como receptoría de rentas, antecedente directo de la actual estructura. Las primeras instalaciones se levantaron a pocos metros del mar, en un sector que hoy forma parte del centro marplatense. Aquella construcción, erigida sobre pilotes clavados en la arena para resistir la pleamar, simbolizaba la vocación de permanencia frente a un entorno cambiante.
Una tormenta en 1913 obligó a reubicar la sede, que atravesó distintas etapas y emplazamientos hasta consolidarse institucionalmente. Cada traslado acompañó el crecimiento del puerto y la expansión urbana de Mar del Plata, reforzando el vínculo entre la fuerza y la comunidad.
La historia temprana de la Prefectura en la ciudad también refleja el impacto de la inmigración en la conformación de sus cuadros. A comienzos del siglo XX, ante la escasez de personal local, se incorporaron hombres provenientes de distintos países europeos y latinoamericanos.
A lo largo de más de un siglo y medio, la Prefectura Naval en Mar del Plata acompañó la transformación del puerto, el desarrollo de la actividad pesquera y el crecimiento de la ciudad como uno de los principales centros marítimos del país.
Hoy, su labor abarca el control del tráfico marítimo, la fiscalización de la actividad portuaria y pesquera, la prevención de ilícitos, la protección ambiental y los operativos de búsqueda y rescate. Esa multiplicidad de funciones se sostiene sobre una convicción que no ha cambiado desde 1862, la prioridad absoluta es la vida humana.

En este nuevo aniversario, la conmemoración no solo mira hacia el pasado. También pone en valor el trabajo cotidiano de los hombres y mujeres que integran la delegación Mar del Plata y que, con profesionalismo y compromiso, continúan fortaleciendo el rol de la autoridad marítima en uno de los puertos más importantes del país.
Aun cuando los dramáticos acontecimientos vinculados al naufragio del BP Heleno A, ocurrido hace apenas 36 horas en aguas del Golfo San Matías, exceden el marco de responsabilidad y jurisdicción local, el impacto atraviesa sin atenuantes a la comunidad marítima argentina. El día que, por calendario e historia, habría tenido otro clima, queda inevitablemente empañado por la crudeza operativa de los hechos y noticias recientes.
En ese contexto, las autoridades y todo el personal de la delegación de la Prefectura Naval Argentina en Mar del Plata transitan sentimientos encontrados; la conmemoración se relega frente al peso de una realidad que impone recogimiento y sobriedad. Porque, más allá del uniforme y de la competencia formal, todo hombre de mar percibe la ausencia de un nuevo hijo que no pudo regresar a casa; y esa enseñanza dura, silenciosa, obligada, gravita sobre los hombres de bien que hicieron, hacen y harán de la delegación Mar del Plata un tramo indeleble en su paso por la institución.
Desde la jefatura, en paralelo, se redobla el esfuerzo de búsqueda del maquinista aún desaparecido, mientras se eleva a Dios una plegaria, y a través de actos y hechos se acompañan las palabras de máximo respeto hacia familiares y amigos, y hacia toda la enlutecida comunidad pesquera, que lamenta con hondura esta triste situación.
Desde la redacción de PESCARE, nuestro agradecimiento y respeto a todo el personal de la delegación Mar del Plata de la Prefectura Naval Argentina, por su vocación de servicio y por estar siempre, con temple y humanidad, cuando el mar pone a prueba a su gente.






