Un informe técnico elaborado por la FAO junto al Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) encendió una señal de alerta sobre el alcance real del fraude alimentario en el sector pesquero y acuícola.
Según el documento, hasta el 20 % de los productos comercializados a nivel global estarían mal rotulados o involucrados en algún tipo de práctica fraudulenta, una proporción que confirma que el problema no es marginal ni aislado, sino estructural dentro de la cadena de valor de los alimentos de origen acuático
El trabajo, publicado como Documento Técnico de Pesca y Acuicultura N.º 742, de FAO (Roma, Italia), analiza en profundidad las formas más frecuentes de fraude, sus motivaciones económicas y los riesgos asociados, tanto para la salud pública como para la transparencia de los mercados. La FAO advierte que la combinación de cadenas de suministro extensas, una enorme diversidad de especies y un creciente consumo de productos procesados crea un terreno fértil para maniobras como la sustitución de especies, el rotulado engañoso, la adulteración o la falsa declaración del origen y del método de producción.
Lejos de limitarse a un perjuicio comercial, el informe subraya que el fraude en productos pesqueros conlleva riesgos sanitarios concretos. En ese sentido, señala que el 58 % de las sustituciones detectadas a nivel internacional involucran especies que pueden representar un peligro para la salud, ya sea por la presencia de toxinas naturales, alérgenos no declarados o características sanitarias distintas a las informadas al consumidor. Estas situaciones resultan especialmente sensibles en productos destinados al consumo crudo o con tratamientos mínimos, donde la información precisa es clave para evitar intoxicaciones o enfermedades transmitidas por alimentos
El documento también pone el foco en la pérdida de trazabilidad que genera el rotulado incorrecto. Cuando un producto no declara correctamente su especie, origen o forma de producción, se debilita la capacidad de los Estados para realizar controles efectivos, gestionar retiros del mercado o combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. En este punto, la FAO remarca que el fraude alimentario no solo engaña al consumidor final, sino que distorsiona estadísticas, afecta políticas de manejo y erosiona los esfuerzos de sostenibilidad.
Desde el plano económico, el informe identifica incentivos claros detrás de estas prácticas. La sustitución de especies de alto valor por otras más baratas, o la venta de productos de acuicultura como si fueran de captura silvestre, genera ganancias indebidas y competencia desleal frente a quienes cumplen con las normas. A largo plazo, advierte la FAO, esta dinámica deteriora la confianza en el sector pesquero en su conjunto, incluso entre operadores que actúan de manera transparente.
En materia regulatoria, el trabajo revisa los marcos existentes y destaca el rol de los estándares internacionales, como los del Codex Alimentarius, junto con guías de la FAO y esquemas privados de certificación reconocidos a nivel global. No obstante, señala que la falta de armonización entre países sigue siendo una de las principales debilidades aprovechadas por el fraude, especialmente en el comercio internacional.
Como respuesta, el informe propone avanzar hacia requisitos de rotulado más claros y homogéneos, con la obligatoriedad de incluir el nombre científico de las especies, mejorar los sistemas de trazabilidad y reforzar el uso de herramientas analíticas modernas, como los métodos de identificación genética y los análisis isotópicos para verificar origen y método de producción. A la vez, subraya la importancia de una mayor transparencia por parte de la industria y de la concientización de los consumidores como parte de una estrategia integral.
En términos prácticos, según el informe pone el foco en experiencias comparadas y aporta un dato relevante para Argentina, Brasil, Estados Unidos y Canadá, alertando en valores superiores al 21.3% como la tasa de sustitución de especies.
Específicamente, por estas latitudes es frecuente observar cazón por bacalao salado, tiburón bacota por atún, palo rosado por algunas especies de condrictios (tiburones), pollo de mar por pez elefante, e incluso productos de acuicultura como el salmón rosado ahumado con colorantes y flavorizantes de humo líquido, sin ser aclarado este procedimiento en el rotulado correspondiente. Asimismo, en algunos productos procesados y pre elaborados como hamburguesas, se desconoce procedencia, trazabilidad y rotulado correcto de las especies que la componen. Asimismo, es frecuente ver en algunas pescaderías, atún por bonito, a decir verdad el bonito es un túnido, es un pez azul, pero no es atún.

Foto de archivo, Pascuas ABRI21.
Este mismo estereotipo se traslada a la mesa de algunos restaurantes donde se detecta pulpo, por tentaculos de pota peruana o jibia chilena, o simplemente caracol de mar, entre otras anomalías.
En conclusión, la FAO advierte que el hecho de que uno de cada cinco productos pesqueros pueda estar mal rotulado constituye un desafío de primer orden para la seguridad alimentaria, la protección del consumidor y la sostenibilidad de los recursos marinos. Combatir el fraude, sostiene el organismo, requiere coordinación internacional, controles efectivos y un compromiso sostenido de todos los actores de la cadena, desde el mar hasta la mesa






