Con un perfil deliberadamente bajo y sin el respaldo inmediato de comunicados operativos que despejen dudas, el buque de exploración sísmica BGP Prospector volvió a concentrar miradas en el Atlántico Sudoccidental. Fue observado en un sector sensible dentro de la ZCP (Zona Común de Pesca), sobre plataforma compartida por Uruguay y Argentina, a unas 112 millas náuticas al sudeste de Maldonado y 140 millas náuticas al este de Mar de Ajó. El dato verificable es acotado pero relevante: presencia y patrón de movimiento. Y, al mismo tiempo, una carencia persistente: la ausencia de documentación pública contemporánea que describa con precisión qué operación se ejecuta, bajo qué polígono y en qué ventana temporal.
El trazado de navegación observado se apartó del tránsito lineal típico de un reposicionamiento. Registró pasadas relativamente cortas, viradas, retornos y correcciones, a velocidades moderadas, compatibles con dinámicas de posicionamiento y trabajo. Sin embargo, ese indicio, por sí solo, no alcanza para elevar una hipótesis a certeza documental. En campañas sísmicas, el umbral que suele cerrar la incertidumbre es la publicación de avisos formales (áreas, coordenadas, exclusiones y fechas); si esos instrumentos no aparecen o no son accesibles de forma clara, el análisis queda inevitablemente en el terreno de la inferencia prudente.
En paralelo, el marco de planificación conocido para enero–febrero de 2026 apuntaba hacia una campaña asociada a Uruguay, con soporte logístico y gestiones desde Montevideo, más que a una adquisición abiertamente reconocida sobre plataforma argentina. Según la información disponible, la exploración se realizará a 180 kilómetros de la costa uruguaya, dentro del denominado bloque offshore 1, con profundidades que oscilan entre 70 y 3.000 metros. La operación, además, está proyectada por 104 días, divididos en dos tandas: una primera de 61 días y una segunda de 43. Ese diseño —por escala, tiempos y batimetría— describe una campaña de alto compromiso operativo y ambiental: no es un movimiento marginal, sino un programa de adquisición planificado.
La dimensión política y social del tema, además, ya dejó de ser lateral. Existe un recurso presentado ante la justicia uruguaya: el colectivo ciudadano Asamblea Mar Libre de Petroleras Uruguay y la Sociedad para la Conservación de la Biodiversidad de Maldonado promovieron una medida cautelar el 19 de noviembre, solicitando frenar la prospección sísmica y la exploración de petróleo en el mar uruguayo. En términos prácticos, ese expediente opera como un factor de presión institucional, cualquier señal de avance —real o percibida— reordena el debate, aclara el margen político y obliga a extremar la trazabilidad pública de las decisiones.
A ese escenario se sumó una confirmación oficial de alcance inmediato. El jueves 29 de enero, el ministro de Ambiente interino Oscar Caputti informó que Chevron también iniciará tareas de prospección sísmica en el mar territorial uruguayo durante marzo. El funcionario afirmó que “se han tomado los máximos resguardos” y recordó que las tareas “ya están autorizadas” por su cartera, conforme a solicitudes y estudios de impacto ambiental presentados por las empresas. Con esa intervención, el tablero queda explicitado; Uruguay ordena el proceso desde el punto de vista administrativo y ambiental, mientras la sociedad civil busca frenarlo por vía judicial, eventos similares a los iniciados en Mar del Plata ante el mismo escenario previo a las operaciones sísmicas en torno a la zona CAN-100.
En este contexto, la presencia del BGP Prospector en el área compartida adquiere una lectura inevitablemente doble. Por un lado, puede encuadrarse como parte de un esquema regional de exploración offshore cuya arquitectura regulatoria se tramita y se autoriza del lado uruguayo, con operaciones previstas en el bloque offshore 1 a 180 km de la costa. Por el otro, la observación de maniobras en la zona común —sin avisos públicos inequívocos que delimiten la tarea— mantiene abierto el interrogante central: si se trata de adquisición efectiva, calibración, alistamiento, espera operativa o simple reposicionamiento.
Del lado argentino, al cierre de esta nota, no se dispone de un instrumento abierto y concluyente que certifique una adquisición sísmica formalmente reconocida en aguas nacionales por parte de esta unidad durante el período observado. En lo verificable, persiste un rastro de índole regulatoria: una referencia administrativa de ANAC que menciona “HLP BGP Prospector” como helipuerto en “Aguas Jurisdiccionales Argentinas” dentro de listados de ordenamiento registral. Ese dato aporta trazabilidad de tramitación, pero no equivale a una confirmación de operación sísmica en curso.
La conclusión, entonces, no descansa en la espectacularidad del movimiento, sino en la relación entre hechos y documentos. El hecho es verificable, el buque estuvo y ejecutó maniobras compatibles con posicionamiento en una zona altamente sensible. La determinación exacta de la tarea —y su encuadre jurídico-operativo— requiere respaldos formales que, por ahora, no emergen con nitidez pública en el área puntual observada.
Este medio continuará monitoreando la evolución del derrotero y, sobre todo, la aparición de instrumentos que permitan responder sin conjeturas la pregunta que hoy organiza la discusión: qué actividad se realiza, bajo qué autorización, en qué polígono y durante qué ventana temporal, en un Atlántico donde el mapa energético crece, pero también lo hace el umbral social de exigencia y control.
Derrotero del BGP Prospector en aguas compartidas Argentina-Uruguay
El BGP Prospector, acompañado por el buque de apoyo Moonrise G, zarpó el 19 de enero de 2026 desde Surinam, en aguas someras próximas a Paramaribo, donde completó patrones compatibles con tareas sísmicas. Navegaron con destino al puerto de Montevideo y arribaron el 2 de febrero, por la mañana.

Después de permanecer más de una semana amarrado, partió el día 10 de febrero hacia una zona de la ZCP donde dibujó, en las últimas jornadas, un derrotero que se aparta del patrón típico de “tránsito” y se aproxima —por su geometría y su cinemática— al comportamiento de una unidad que se posiciona y trabaja en un área objetivo, aunque sin ser patrones batimétricos ni de reconocimiento sísmico ya que ademas, no lo acompaña el remolcador de equipos.
La secuencia que surge del rastro AIS mostrado es elocuente, tras concentrar su presencia operativa en el entorno portuario de Montevideo, el buque emprende una derrota franca hacia el sudeste, alejándose del estuario y ganando mar abierto en el borde exterior del Río de la Plata. Ese tramo largo, continuo y direccional es consistente con una navegación de traslado hacia un polígono de interés.

El cambio se vuelve nítido una vez alcanzada la zona offshore, el trazado deja de ser lineal y se transforma en un “racimo” de maniobras con giros cerrados, retornos y pasadas paralelas, un dibujo repetido que, en el lenguaje operativo marítimo, suele asociarse a patrones de adquisición o preparación de adquisición (calibraciones, tendido/ajuste de remolques, verificaciones de rumbo y velocidad, cambios de línea). En términos simples, no parece estar “yendo a algún lado”; parece estar “haciendo algo” en un lugar que podría ser compatible con reconocimiento del área y calibracion de equipos.
En ese punto, el dato de velocidad aporta una capa decisiva, la marca del 11 de febrero a las 17:17 horas lo ubica a 4,3 nudos con rumbo 240,6° y calado reportado de 7,5 m. Esa velocidad es baja para un tránsito sostenido y, por el contrario, compatible con tareas de precisión (especialmente si la unidad opera con equipos remolcados o requiere mantener régimen estable para líneas de trabajo) que en esta oportunidad no se registran otras unidades de energía o de remolque asociado.

La ubicación aproximada del conjunto de maniobras —en torno al paralelo 37°S y cercano al meridiano 54°O, mar adentro de la transición entre áreas uruguayas y argentinas— refuerza la lectura, allí el rastro muestra un núcleo de actividad concentrada, con entradas y salidas cortas, como si el buque estuviera “barriendo” o “armando” un patrón sobre una misma caja geográfica. La zona en cuestión se encuentra a 112 millas náuticas al SE de Maldonado (Uruguay) y a 137 millas náuticas al E de la localidad balnearia de Mar de Ajó (Argentina) esto es en plena Zona Común de Pesca de ambos países. Desde la misma, después de permanecer 48 horas, llegó ayer por la tarde a Pontón Recalada donde lo espera su buque de apoyo supply Moonrise G., ambos fondeados por estas horas.

En suma, el cuadro que dejan estos movimientos es doble. Primero, BGP Prospector no se comporta como un buque en simple navegación, el patrón de líneas y retornos sugiere operación o alistamiento operativo. Segundo, el hecho de que ese comportamiento se observa tras una derrota que parte del área de Montevideo instala, con fuerza, la hipótesis de una campaña coordinada desde Uruguay con actividad en el borde marítimo compartido con Argentina. Lo que resta para convertir esta lectura en certeza documental no está en el AIS, sino en el plano administrativo; los avisos oficiales de área, por ahora no están al alcance periodístico aunque su presencia solo revela actividad de investigación sísmica inmediata por la misma esencia y capacidad de ese buque. Siendo esta nota, solo un anticipo de nuevas actividades seguramente bajo contratación uruguaya, en esta oportunidad.





