Desde el astillero Tandanor, se informó la finalización del montaje estructural del Módulo II de la Base Antártica Conjunta Petrel, como parte del ambicioso proyecto de reactivación y modernización de esta instalación estratégica en el continente blanco.
La estructura, de 300 metros cuadrados, forma parte de la nueva infraestructura que Argentina impulsa en su proyección logística antártica.
En paralelo, se dio inicio al montaje del Módulo I, que sumará otros 400 metros cuadrados al conjunto edilicio previsto. Estas nuevas unidades consolidarán la capacidad operativa de la base, clave para sostener las campañas científicas y logísticas que el país desarrolla en la región.
El proyecto es llevado adelante por Tandanor junto al Ministerio de Defensa de la Nación, con supervisión técnica del astillero y en coordinación con la Dirección de Ingenieros e Infraestructura del Ejército Argentino y el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR).
Desde círculos castrenses destacaron que la obra refleja el compromiso del Estado con el fortalecimiento de sus capacidades tecnológicas e industriales al servicio de la defensa nacional.
La recuperación de la Base Petrel es considerada un pilar fundamental para reforzar la presencia argentina en la Antártida, con una mirada de mediano y largo plazo que apuesta al desarrollo soberano en la región. No obstante, el mayor escollo para la aprobación de este ambicioso proyecto fue el aspecto ambiental y su impacto; en una región donde atraviesan infinitos intereses geopolíticos y estratégicos de interés mundial. Ver Proyecto Base Petrel.

Base Petrel: Evaluación ambiental integral y prospectiva estratégica en la región más activa de la Antártida
La Base Petrel, ubicada en el Cabo Welchness de la Isla Dundee, constituye un enclave singular dentro del extremo norte de la Península Antártica, al asentarse en una de las escasas áreas libres de hielo del sector. Este entorno geomorfológico, caracterizado por planicies fluvio-glaciares de baja pendiente, bordes erosionados por escorrentías estacionales y cercanía al glaciar Rosamaría, ofrece condiciones óptimas para el desarrollo de infraestructuras logísticas, como una pista de aterrizaje polivalente. Su localización estratégica, unida a su aptitud técnica y climática, convierte al Cabo Welchness en una plataforma natural para la expansión de operaciones científicas, logísticas y medioambientales.


Línea de base ambiental y consolidación de conocimiento ecosistémico
El desarrollo de la línea de base ambiental se encuentra en un proceso continuo y multidisciplinario. A partir de las campañas antárticas de verano (CAV) 2022-2025, se ha impulsado un conjunto de relevamientos geológicos, hidrogeológicos, biológicos y climáticos que permitirán la construcción de un diagnóstico ambiental sólido. Entre los estudios más relevantes se destacan la caracterización del permafrost, el análisis estructural de superficies expuestas por el retroceso glaciar, el monitoreo de flora y fauna terrestre y marina, la identificación de sitios contaminados por hidrocarburos y la evaluación de macroalgas y comunidades bentónicas del intermareal.
Este esfuerzo científico está orientado a generar un cuerpo de conocimiento ambiental homogéneo, verificable y sensible a la dinámica del cambio climático, así como a proveer los insumos necesarios para la toma de decisiones informadas respecto al desarrollo de infraestructura permanente en un ecosistema altamente frágil.
Evaluación de impacto ambiental: enfoque técnico y metodológico
El análisis de impacto ambiental (EIA) llevado adelante para la reactivación de la Base Petrel se fundamenta en las directrices del Sistema del Tratado Antártico (Resolución 1/2016) y recurre a un enfoque sistemático de seis etapas, que permite identificar actividades, impactos y medidas de mitigación. Los impactos ambientales identificados comprenden tanto efectos directos —como alteración del permafrost y cursos de agua superficiales, emisiones de gases de efecto invernadero y perturbación del paisaje— como efectos indirectos y acumulativos, especialmente sobre la integridad ecológica de la costa marina y la calidad del suelo.
Frente a este panorama, se han definido aproximadamente treinta medidas de mitigación, con énfasis en la prevención de especies invasoras, el manejo responsable de residuos, la protección de cursos de agua y la aplicación de criterios aeronáuticos compatibles con la biodiversidad local. Estas medidas buscan minimizar el efecto antrópico sobre un sistema ambiental de alta sensibilidad y valor científico.
Monitoreo ambiental: estructura, objetivos y perspectivas
El programa de monitoreo ambiental asociado al proyecto comprende tres ejes fundamentales: monitoreo de la condición ambiental, del desempeño operativo y del impacto del cambio climático. A través de indicadores precisos —como la extensión de áreas sacrificadas por infraestructura, niveles de hidrocarburos en suelo, distribución de vegetación y dinámica hídrica—, se establecerá un seguimiento continuo de las variables críticas. Este sistema será determinante no sólo para detectar desviaciones en tiempo real, sino también para garantizar la trazabilidad ambiental y adaptar la planificación a nuevos escenarios emergentes.

Conclusiones del balance ambiental y justificación de viabilidad
La evaluación integral indica que las actividades propuestas generarán impactos ambientales superiores al umbral mínimo o transitorio. No obstante, se considera que los beneficios derivados —entre ellos, una mejora sustancial en la eficiencia energética, mayor capacidad científica instalada, mejores prácticas de manejo ambiental y reducción de riesgos logísticos— superan con creces los efectos negativos previstos, siempre que se implementen adecuadamente las medidas de mitigación contempladas.
En conclusión, el proyecto de renovación y operación permanente de la Base Petrel se presenta como una oportunidad única para consolidar la presencia argentina en la Antártida con criterios de sostenibilidad, excelencia científica y liderazgo en la gobernanza ambiental del continente blanco. La Antártida del futuro no puede concebirse sin la ciencia como piedra angular ni sin la responsabilidad ambiental como horizonte ético y operativo.