La última reunión de la Organización Regional de Ordenamiento Pesquero del Pacífico Sur dejó fuertes cuestionamientos desde el sector pesquero y organizaciones civiles. Aunque se adoptaron medidas menores, especialistas advierten que la pesquería del calamar gigante continúa operando sin límites de captura efectivos en aguas internacionales.
Tras deliberaciones en Panamá, los 17 miembros de la Organización Regional de Ordenamiento Pesquero del Pacífico Sur (OROP-PS) concluyeron su encuentro anual sin adoptar medidas estructurales para ordenar la pesca del calamar gigante (Dosidicus gigas), una de las pesquerías más importantes del planeta.
El resultado generó críticas desde distintos sectores vinculados a la actividad. Alfonso Miranda Eyzaguirre, presidente del Comité para el Manejo Sustentable del Calamar Gigante del Pacífico Sur (CALAMASUR), sostuvo que la organización regional “tiene ahora un año para corregir su negligencia” en el manejo de este recurso.
Recordó que la OROP-PS fue creada con el mandato de asegurar la conservación y el manejo sostenible de especies clave en aguas internacionales del Pacífico sur, entre ellas el jurel y el calamar gigante. Sin embargo, según señaló, la diferencia en el tratamiento de ambas pesquerías resulta evidente.
Mientras el jurel ha sido objeto durante más de una década de evaluaciones científicas periódicas, programas de investigación y reglas claras de manejo, el calamar gigante continúa explotándose sin límites de captura efectivos ni recomendaciones científicas formales que orienten su sostenibilidad.
“Con el jurel la organización demostró que puede generar conocimiento sólido y aplicar medidas cuando existe voluntad política. Con el calamar gigante, esa voluntad simplemente no ha existido”, afirmó.
La preocupación aumenta si se considera el crecimiento de esta pesquería en las últimas décadas. A comienzos de los años 2000, las capturas globales de calamar gigante apenas superaban las 100 mil toneladas anuales. Actualmente, los desembarques superan los 1,3 millones de toneladas, ubicando a esta pesquería entre las diez más grandes del mundo.
Según datos presentados en el debate, cerca del 50 % de la captura mundial de esta especie se realiza en aguas internacionales del Pacífico sur.
Uno de los principales cuestionamientos apunta a la falta de aplicación del enfoque precautorio, un principio ampliamente incorporado en la gobernanza pesquera internacional.
Este criterio establece que, ante escenarios de incertidumbre científica sobre el estado de un recurso, deben adoptarse límites preventivos para evitar su sobreexplotación o colapso. Sin embargo, especialistas sostienen que en el Pacífico sur la mayor pesquería de calamar del planeta continúa operando sin restricciones significativas.
Durante la reunión en Panamá, Perú y Ecuador presentaron propuestas orientadas a introducir medidas precautorias, entre ellas la posibilidad de establecer límites de captura y crear zonas de exclusión pesquera en áreas cercanas a las aguas de Perú, Ecuador y Chile.
Ninguna de esas iniciativas logró prosperar en la Comisión.
En lugar de avanzar con límites de captura u otras herramientas de manejo más estrictas, la OROP-PS aprobó una reducción del 15 % en el número de embarcaciones registradas para pescar calamar gigante y fijó un plazo máximo de un año para definir medidas de mayor alcance.
Para distintos actores del sector, la medida resulta insuficiente para modificar el nivel real de esfuerzo pesquero.
Elsa Vega, presidenta de la Sociedad Nacional de Pesca Artesanal del Perú (SONAPESCAL), explicó que entre 2020 y 2025 el promedio de buques activos de bandera china que operaron en esta pesquería fue de aproximadamente 510 embarcaciones.
“Reducir en un 15 % la flota registrada implica pasar de 671 barcos a 570. Suena bien desde el punto de vista político, pero en términos reales no reduce los riesgos para la sostenibilidad del recurso”, advirtió.
Desde CALAMASUR señalaron que la decisión adoptada por la OROP-PS, en la práctica, posterga nuevamente las definiciones estructurales sobre el manejo de la pesquería.
Aunque la Comisión fijó un plazo de un año para avanzar en nuevas medidas, expertos advierten que el desarrollo de la evidencia científica necesaria para establecer reglas de manejo podría demandar al menos tres años adicionales.
En ese contexto, crece la preocupación sobre la posibilidad de mantener durante más tiempo una de las mayores pesquerías de calamar del mundo operando sin límites de captura efectivos.
Para miles de pescadores artesanales de la región, la situación comienza a generar un creciente malestar.
“A China y al mundo les decimos que a los pescadores artesanales se nos está acabando la paciencia”, concluyó Elsa Vega.






