Aisa Group es un grupo empresario familiar de origen canadiense/europeo, liderado por el empresario español Juan José Retamero, con inversiones estratégicas en Argentina, y sede en siete países del mundo, destacando en minería (Mina Gualcamayo en San Juan), energía solar, desarrollo inmobiliario y pesca.

La controlante de Cabo Vírgenes acelera una estrategia de largo plazo, con más barcos, más procesamiento y una integración exportadora que conecta pesca, logística y diversificación empresarial.
La compra de Cabo Vírgenes y la incorporación reciente de tres embarcaciones exponen una estrategia que venía madurando desde minería y energía hacia la producción primaria extractiva, manufacturera y exportadora; es decir toda la línea desde captura a venta en mercados internacionales.
El desembarco de AISA Group en la pesca argentina, a través de Cabo Vírgenes S.A., se parece a una maniobra largamente preparada y a una decisión de expansión. La operación encaja en una política de expansión y diversificación de matriz productiva en la Argentina, con foco en sectores de base y fuerte capacidad de generación de divisas.
El dato que ordena el movimiento es la secuencia. Antes de tomar control directo de la estructura pesquera, el grupo ya había tejido vínculos con la cadena del langostino en la Patagonia. Primero construyó inserción comercial y conocimiento operativo; después avanzó sobre activos. Esa cronología le da espesor empresarial a la compra, una integración pensada, diagramada, planificada y llevada a la realidad.
La pesca, en ese marco, aparece como continuidad de una lógica ya visible en otros frentes. Desde su desarrollo en minería y energía, AISA Group fue construyendo una plataforma de negocios orientada a actividades con base territorial, escala industrial y salida internacional. La producción primaria exportadora y pesquera completa esa arquitectura, suma captura, procesamiento, logística y mercado externo en una misma ecuación.
Lo que tomó era una estructura de escala. Cabo Vírgenes ya operaba con una plataforma integrada en Chubut, con base en Rawson, plantas de procesado, flota y una red exportadora consolidada, con el langostino como producto central. Ahí está una de las claves del movimiento, entrar sobre una empresa con know-how, volumen y posicionamiento construidos.
La dimensión real de la operación se vuelve más clara cuando se mira la flota. El cambio de manos alcanzó una estructura amplia, con fresqueros costeros, fresqueros de altura, tangoneros congeladores y un potero, además de plantas y capacidad de reprocesamiento. Eso define una entrada de escala, una apuesta con capacidad de disputar mercado desde el primer día.
En la trayectoria operativa de Cabo Vírgenes aparecen buques que marcaron distintas etapas de crecimiento. Entre ellos, los fresqueros Cabo Vírgenes y Nueva Esperanza en los comienzos; los tangoneros congeladores Mar de Oro y Anita Álvarez; el fresquero Luca Santino; el potero Orión 2; y otras unidades como El Malo I, Sofía B y Natale. Más adelante se sumaron también el BP Perla Negra, Espartano y Atón, consolidando una flota más robusta y diversificada.
Dentro de esa estructura, el BP Espartano ocupa un lugar simbólico y operativo relevante. Su perfil resume bien el tipo de activo que explica el atractivo de la compañía; capacidad de trabajo, versatilidad y adaptación a distintos escenarios de captura. No se trata sólo de cantidad de barcos, sino de calidad operativa de la flota.
Pero el punto que hoy reordena el mapa competitivo es la incorporación reciente de tres embarcaciones bajo la nueva etapa de control. La suma de los fresqueros de altura Cristo Redentor e Iglú I, junto con el buque factoría congelador Mar Esmeralda, empuja a Cabo Vírgenes a una fase distinta; más capacidad de captura, más continuidad de abastecimiento y mayor músculo para procesar; pero sobre todo mayor respaldo de permisos de pesca para la renovación futura de la flota, donde la incorporación actual aparece como un trampolín para nuevas construcciones.

Ese refuerzo merece una lectura operativa. En una plaza como Rawson y Puerto Madryn, donde el ritmo de abastecimiento define parte de la eficiencia industrial, agregar buques significa agregar poder de operación. Significa más margen para sostener flujo de materia prima, ordenar mejor la planta, capturar ventanas de mercado y responder con mayor consistencia a la demanda exportadora.
Ahí está el cambio de escala. Durante un primer tramo, la conversación giró en torno al impacto empresarial de la compra. Con la flota ampliándose, la discusión se desplaza; ya no alcanza con mirar quién compró, hay que mirar qué capacidad concreta empieza a construir. Y en ese terreno, la combinación de estructura heredada más nuevas incorporaciones muestra una señal nítida.
La secuencia, vista en conjunto, es contundente; inserción previa en la cadena, adquisición de una pesquera integrada y refuerzo de flota en una etapa temprana del nuevo control. Esa progresión revela una estrategia de largo aliento y coloca a AISA Group en un lugar distinto dentro del negocio, como operador con ambición de volumen, integración y permanencia dentro del grupo liderado por la familia Retamero, en su faceta expansiva y diversificadora que ya tiene sede en 7 países del mundo y exportaciones a otros 50 países, consolidándose como otro grande de la pesca argentina.






