La Prefectura Naval Argentina dispuso dar por concluido el operativo de búsqueda y rescate del maquinista desaparecido tras el hundimiento del pesquero “Heleno A” en aguas del Golfo San Matías. La decisión fue comunicada a la familia una vez agotadas las ventanas operativas y el horizonte de hallazgo con vida que rige en procedimientos de salvamento, en un escenario condicionado por profundidad, meteorología y tiempos transcurridos. La causa quedó bajo la órbita de la Fiscalía Federal de Viedma, mientras se consolida la reconstrucción técnica y judicial del siniestro.
Desde la perspectiva operativa, el dispositivo desplegado se encuadró en la lógica de un SAR (Search and Rescue) con prioridad absoluta en la localización del tripulante con vida. El eje rector de la intervención fue sostener la búsqueda activa durante el período en que los estándares de respuesta admiten una probabilidad razonable de supervivencia, combinando rastrillajes, exploración instrumental y coordinación de medios conforme a procedimientos utilizados internacionalmente en emergencias marítimas.
De acuerdo con lo informado a la familia, la localización del casco se habría confirmado mediante tecnología de detección, con registro de la embarcación hundida cercana a los 100 metros de profundidad. En términos técnicos, ese dato condiciona cualquier hipótesis de intervención directa, por la combinación de profundidad, seguridad de la maniobra y persistencia de condiciones de mar. La identificación del pecio aportó precisión sobre el escenario, pero no modificó el elemento crítico del SAR: el factor tiempo como determinante de supervivencia.
En ese marco, la finalización del operativo debe leerse como el cierre de una fase de rescate, cuando la evolución temporal vuelve “holgada” —en términos operativos— la posibilidad de hallar con vida al desaparecido. Bajo protocolos de salvamento aplicados globalmente, el pasaje de una búsqueda con expectativa de rescate a una instancia posterior constituye también un acto final de esfuerzo: formaliza que se emplearon los medios razonables disponibles dentro de las ventanas factibles, y evita sostener maniobras que ya no ofrecen un resultado compatible con el objetivo primario del SAR.
La comunicación pública del desenlace fue aportada por Karina Cimbaro, esposa de Roberto Carvajal, quien relató que se le notificó el cierre de los rastrillajes y la remisión del expediente al fuero federal. “Nos avisaron que se daban por finalizados los rastrillajes porque ya pasaron muchos días y no hay posibilidad de hallar a mi esposo con vida. Lo dejaron de buscar y el caso pasó a la Fiscalía Federal de Viedma”, expresó. En la misma línea, pidió que se mantengan los máximos esfuerzos para ubicar el cuerpo cuando las condiciones lo permitan. “El barco saben dónde está… y nos dijeron que la marca está a 100 metros de profundidad… debieran hacer todos los esfuerzos por encontrar el cuerpo”, sostuvo, aunque ahora todo quedó bajo la órbita de la justicia.
En lo estrictamente investigativo, el expediente pasa a concentrarse en la determinación de causalidad del naufragio. Las declaraciones de los cuatro sobrevivientes ante el Juzgado Federal de Viedma se proyectan como insumo central para reconstruir la secuencia de hechos, junto con los elementos técnicos vinculados a navegación, comunicaciones, meteorología, decisiones de mando y eventuales fallas de equipo. La participación de una embarcación acompañante, Marina Z, que habría rescatado a cuatro tripulantes, se integra como parte del cuadro operacional previo y posterior a la emergencia.
Roberto Carvajal, domiciliado en Puerto Madryn, tenía 75 años y —según el testimonio familiar— una trayectoria extensa en la actividad. Había embarcado en una navegación de traslado desde San Antonio Oeste hacia Quequén cuyo destino final era operar en variado costero de la provincia de Buenos Aires desde Gral.Lavalle. La familia remarcó que la continuidad laboral respondió a necesidades económicas, aun estando jubilado y con 75 años. Lamentable, por cierto.
En paralelo, el relato familiar también expuso aspectos extratécnicos que impactan en el abordaje humano del caso: demoras en la notificación inicial, horas de incertidumbre y falta de contacto de representantes empresariales tras el siniestro. La dimensión social del hecho —una familia atravesada por la pérdida y una comunidad marítima en duelo— convive con la dimensión operativa y judicial, que ahora se concentra en pericias y responsabilidades.
Con el cierre del SAR, la intervención estatal ingresa en un tramo distinto. El final del operativo de búsqueda, bajo protocolos internacionales, funciona como un certificado operativo de esfuerzos agotados: marca que se sostuvieron acciones orientadas al rescate con vida hasta que el tiempo y las condiciones hicieron inviable esa expectativa, y deja al caso bajo el carril de investigación federal para esclarecer cómo y por qué se produjo el hundimiento.






