Desde hace más de un año y medio, Victoria Ybarra y su familia atraviesan una situación de extrema vulnerabilidad marcada por la falta de respuestas de la Obra Social del Personal Marítimo (OSPM), la desvinculación laboral de su esposo tras un accidente a bordo y la imposibilidad de acceder a trabajo en el sector marítimo pese a contar con la libreta al día y experiencia comprobable.
Victoria, de 26 años, es auxiliar de navegación y ha trabajado en buques fresqueros de langostino con puerto base en Rawson, así como en flotas merluceras y poteras en Puerto Madryn y Mar del Plata.
Junto a su pareja, Mauro Díaz de 49 años —afiliado al Sindicato de Obreros Marítimos Unidos(SOMU)— y sus dos hijos pequeños, sostiene hoy un reclamo que combina cuestiones de salud, laborales y sociales que nunca encontraron una respuesta integral por parte de las instituciones responsables.
El conflicto se inició en julio de 2024, cuando Mauro sufrió un grave accidente a bordo de un pesquero amarillo que integra la flota de Rawson, al quedar atrapado por una red y ser arrastrado al agua. Si bien logró salir por sus propios medios, el hecho derivó en severas lesiones en la rodilla. Una pésima decisión de no perjudicar a la embarcación en plena zafra, hizo que el sumario a PNA se informe como un accidente simple en cubierta, al margen, que el Capitán del buque, ante la gravedad del evento, decidió ampliar la declaración testimonial tiempo después informando la realidad de los hechos sucedidos, relata su mujer.
Previamente a la ampliación declaratoria, ya la ART interviniente desestimó el caso pocos días después, calificándolo como una “lesión persistente” y negando la cobertura, pese a los estudios que confirmaban rotura de ligamentos, meniscos y fisura de rótula, lo que impedía mantenerse parado y mucho menos trabajando sobre cubierta en un pesquero.
Mientras se sucedían certificados médicos y reclamos administrativos, la empresa armadora terminó su vínculo laboral, argumentando “falta de prueba del accidente”.
Paralelamente, se inició un proceso judicial contra la ART y la empresa armadora, que aún continúa su curso jurídico laboral. Recién meses más tarde, y tras múltiples gestiones, se logró concretar una intervención quirúrgica.
En ese contexto, Mauro comenzó a presentar un cuadro de salud más complejo y fue diagnosticado con una enfermedad oncológica. Si bien el diagnóstico se realizó a tiempo, la cobertura volvió a demorarse. Las autorizaciones para una cirugía clave fueron postergadas reiteradamente por la obra social del SOMU, obligándolo incluso a volver a navegar para no perder la afiliación.
Tras un segundo viaje, su estado de salud se agravó y debió ser hospitalizado de urgencia. A partir de allí, la familia inició un largo y costoso recorrido entre Rawson, La Plata y Buenos Aires, solventado en gran parte por donaciones, préstamos y ayuda solidaria de familiares y amigos, ante la ausencia de respuestas concretas de la obra social y del propio sindicato.
Durante meses, Victoria realizó reclamos ante la obra social. » Si bien en algunos momentos se anunciaron coberturas de alojamiento, comida y tratamientos, la mayoría de esos compromisos nunca se materializaron, pero esto no es una crítica, solo relato los hechos y mi necesidad de contar con trabajo digno para solventar los gastos de mi marido, muy enfermo y nuestros hijos«. Según relata, muchos gastos médicos, de traslado y de estadía fueron afrontados por la familia con recursos propios o aportes solidarios de compañeros de trabajo de Mauro.
La situación se volvió aún más compleja durante un reclamo presencial en la sede sindical, donde denunciaron malos tratos y episodios de violencia. Aun así, lograron que Mauro fuera finalmente operado en Buenos Aires, donde los médicos confirmaron la gravedad del cuadro y realizaron una intervención completa.
Mientras tanto, Victoria intentó sostener a su familia buscando trabajo en tierra y luego volver a embarcarse. Vendió pertenencias, realizó ventas informales y recurrió a changas para cubrir gastos básicos. Sin embargo, al intentar reinsertarse laboralmente en plena temporada, recibió respuestas negativas reiteradas.
Según explicó, algunas empresas le indicaron que no podían contratarla por “problemas con el sindicato”, mientras que desde el gremio negaron haber bajado línea alguna, eso queda claro. En los hechos, nunca volvió a embarcar. “Yo me guío por los hechos: no trabajé en toda la temporada”, señala.
Victoria también denunció situaciones de discriminación por su condición de mujer en un ámbito históricamente masculinizado. “Nos hacen sentir un estorbo. Dicen que una mujer trae mala suerte arriba de un barco. Yo tengo la libreta al día y quiero trabajar para sacar a mi familia adelante”, expresó.
Hoy, la urgencia ya no es solo sanitaria o laboral también es habitacional. Sin ingresos estables y con deudas acumuladas, la familia intenta reunir dinero para comprar madera y levantar una casilla donde poder vivir. No se trata de un proyecto a futuro, sino de una necesidad inmediata. El lugar donde están ya no puede sostenerlos y el riesgo de quedarse en la calle es concreto.
Victoria habla en voz baja, con un cansancio que se filtra en cada frase. No pide privilegios ni asistencia permanente. Pide trabajo. “Yo no quiero ser una carga para nadie. No quiero pedir más. Quiero navegar, trabajar de lo que sé hacer y darle a mis hijos una vida digna”, repite, con una mezcla de tristeza y desesperación ante el impedimento del deterioro permanente de salud de su marido.
Mientras espera una oportunidad que no llega, todos los días camina el muelle con una mochila al hombro, junta pescado para vender y vuelve a su casa sabiendo que eso no alcanza.

La colecta para conseguir materiales y construir una casilla es hoy el último recurso de una familia que siente que, pese a años de aportes y afiliación, quedó sola. “Nunca me gustó vivir de la gente. Pero tampoco quiero que mis hijos se queden sin techo”, dice. Su reclamo, aseguran, no es político ni mediático, es el pedido urgente de una trabajadora marítima que solo quiere volver a trabajar y dejar atrás una etapa marcada por el abandono, la precarización y el silencio institucional.
Historias de muelle, que pocas veces trascienden, como aquel incidente y tantos otros, que quedan marginados para que la rueda de la pesca en los barcos no pare de girar, con consecuencias, como esta, casi impredecible y dolorosa.
Contacto para quienes puedan colaborar o brindar ayuda:
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Alias: victoriay.uala
N.de R.: Decidimos poner en conocimiento esta nota porque entendemos que un medio de difusión también cumple una función de servicio. Con la certeza de que nuestras ediciones alcanzan a miles de lectores y visitantes, consideramos importante que este hecho trascienda, al menos, en resguardo del bienestar de una familia de pescadores.






