Enero de 2026 dejó una marca operativa excepcional en Puerto Quequén, con 1.216.779 toneladas movilizadas en el mes y un desempeño que consolida el mejor arranque anual de su historia reciente. El dato no es meramente volumétrico. Expresa una combinación frecuente de continuidad de flujo, previsibilidad de embarques y capacidad de respuesta logística en una ventana temporal que suele estar presionada por picos de cosecha fina principalmente trigo, rotación de bodegas y disponibilidad de transporte terrestre hacia las áreas productivas de la región.
Entre el 1 y el 31 de enero se atendieron 39 buques, con eslora máxima de 229 metros y un promedio superior a 31.000 toneladas por nave, una relación carga buque que sugiere embarques a bodega completa y una planificación de estiba alineada con eficiencia de tiempos de permanencia. En términos de economía portuaria, ese promedio suele asociarse a mejoras en productividad de muelle, reducción de ociosidades, menor exposición a sobrecostos por demoras y mejor aprovechamiento de los recursos críticos de la cadena, desde elevación y cintas hasta coordinación de cupos y ventanas de camión.
La lectura estratégica del mes aparece en la inserción comercial. La matriz de destinos evidenció diversificación geográfica y presencia sostenida en plazas demandantes. Arabia Saudita lideró con más de 390.000 toneladas, equivalente a 32 por ciento del total. Detrás se ubicaron Bangladesh, Vietnam, Brasil, Tailandia, Irán, Chile y China, entre otros, configurando un mapa que amortigua riesgos de concentración y sostiene la continuidad comercial del complejo exportador regional. La amplitud de destinos funciona además como indicador indirecto de compatibilidad documental, estándares de calidad y capacidad de abastecimiento estable, exigencias que suelen endurecerse cuando el comprador es de gran escala o de provisión regular.
En la composición de cargas predominó con claridad el complejo cerealero, que volvió a actuar como vector principal del movimiento. La cebada forrajera encabezó los despachos con más de 481.000 toneladas, seguida por trigo por encima de 403.000 toneladas y maíz cercano a 140.000 toneladas. A esos volúmenes se sumaron embarques de cebada cervecera, pellets de girasol y aceite de girasol, conformando un mix típico de exportación agrícola con fuerte demanda de almacenamiento, acondicionamiento y exactitud en pesajes y documentación.
En paralelo, se registraron importaciones de fertilizantes, entre ellos DAP (fosfato diamónico) y MAP (fosfato monoamónico), ambos fertilizantes con alto contenido de fósforo utilizado como iniciadores de preemergencia en siembras siendo insumos decisivos para sostener la productividad agrícola y un recordatorio de que la competitividad exportadora también depende de asegurar abastecimiento interno oportuno, con logística de retorno y programación eficiente de arribos.
El récord de enero no debería interpretarse como una anomalía estadística o excepción sino como un signo de madurez operativa cuando confluyen coordinación, disciplina de programación y controles consistentes. En un contexto de competencia interportuaria, la eficiencia medida en toneladas por buque y la capacidad de sostener rotación sin fricciones se traducen en ventajas concretas, menor costo logístico por tonelada, mayor confiabilidad comercial y un posicionamiento más sólido de Argentina como proveedor regular en un puerto de aguas profundas cuya mayor participación tiene que ver con la salida de productos de la agricultura del sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Si el primer mes del año fijó el estándar, el desafío hacia adelante será sostenerlo con la misma consistencia, cuidando el entorno operativo, la seguridad de las maniobras y la trazabilidad documental que hoy demandan los circuitos internacionales más exigentes, pero sobre todo, lo que muestra de fondo, es la importancia que tienen los puertos como ventana de egreso y conectividad con el mundo del comercio mundial.






