La zafra del calamar Loligo en las Islas Malvinas permanece abierta, un alivio transitorio para la industria pesquera del archipiélago y para la flota gallega, que mantiene una histórica alianza con este recurso clave. La confirmación llegó de la mano del subdirector del Departamento de Recursos Naturales, Matt Jenkins, quien advirtió que, pese a la continuidad de la faena, la posibilidad de un cierre anticipado sigue latente.
Jenkins detalló que, en el marco del nuevo sistema de control pesquero, se emitirán informes de biomasa dos veces por semana —los martes y los viernes—, lo que permitirá un monitoreo constante del stock del calamar Loligo. Esta modalidad sustituye los antiguos avisos con días de anticipación y ofrece datos actualizados casi en tiempo real, aunque se contempla la publicación de informes extraordinarios en caso de “cambios drásticos” en la biomasa.
El anuncio trajo un respiro momentáneo en Galicia, donde la prensa de Vigo ya había anticipado que la flota española de calamar Loligo proseguiría su actividad en tanto los informes científicos no resultaran adversos. Sin embargo, la realidad se impone con severidad; el caladero ha sufrido una merma sustancial de biomasa, situándose peligrosamente por debajo de los umbrales críticos que garantizan su sostenibilidad. Pese a ello, la urgencia por sostener las licencias de pesca y los intereses económicos asociados se edifican como prioridad ineludible, relegando la preservación biológica a un plano secundario. Una vez más, la lógica del mercado se impone con dureza sobre los límites inapelables de la naturaleza.
La noticia contrasta con la incertidumbre reciente, alimentada por la brusca caída en las capturas: de un inicio con 29.735 toneladas registradas, el volumen descendió a 14.722 toneladas, lo que despertó el temor de un desenlace similar al de 2024, cuando la campaña se interrumpió antes de tiempo.
La industria pesquera, tanto en las Islas Malvinas como en España, sigue con atención la evolución de la zafra, ya que el calamar Loligo constituye uno de los pilares económicos más importantes del sector. La continuidad de la campaña no solo impacta en las exportaciones y el empleo, sino también en la estabilidad de un modelo de pesca que depende del delicado equilibrio de los recursos marinos.
Por ahora, la zafra sigue en curso para las 16 unidades pesqueras que poseen licencias para esa captura en esa porción del mar argentino. Pero cada martes y viernes, los informes científicos marcarán el pulso de la temporada y determinarán si la faena avanza o si, nuevamente, la pesquería del calamar Loligo deberá enfrentarse a un cierre prematuro.