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    Islas Malvinas reabre discusión sobre Régimen de Cuotas de Pesca. Podría alterar equilibrios del negocio pesquero gallego

    PescarePor Pescare16 de marzo de 20268 Minutos
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    El régimen ITQ-B de Cuotas Individuales y Transferibles de Pesca reabre una discusión sensible sobre control societario, arraigo local y márgenes operativos en la pesca de Malvinas.
    Imagen gentileza Penguin-News
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    El Gobierno de las Islas Malvinas abrió una deliberación de fondo sobre uno de los pilares más delicados del régimen de cuotas ITQ-B; la residencia efectiva de quienes conducen y controlan las compañías alcanzadas por ese esquema. La discusión, presentada como una revisión técnica, expone una inquietud política y empresarial de mayor espesor: quién ejerce, en los hechos, el comando del recurso y desde dónde se toman las decisiones.

    El jueves 12 de marzo del corriente, ante el Comité de Pesca, se puso sobre la mesa un documento de debate que invita a revisar si la definición actual de “residencia habitual” de directores y accionistas de empresas con cuotas ITQ-B requiere una precisión adicional o incluso una reforma normativa. La sola apertura de ese expediente introduce una señal de alerta para estructuras societarias que dependen de esquemas de dirección más flexibles, entre ellas aquellas vinculadas a capitales externos o a joint ventures con fuerte despliegue operativo fuera del archipiélago.

    La directora ejecutiva, Andrea Clausen, admitió que la guía vigente presenta dificultades en su aplicación concreta. Según expresó, el criterio existe y resulta razonablemente comprensible, aunque su cumplimiento práctico muestra zonas grises que obligan a un examen más minucioso. En ese marco, dejó planteada una posibilidad que elevó la temperatura del debate, si la orientación actual deja de alcanzar, el siguiente paso podría ser legislar.

    La cuestión remite al diseño original del sistema ITQ-B. Cuando fue implantado, el acento político estuvo puesto en asegurar que la titularidad y el control de las cuotas conservaran un anclaje local. Esa arquitectura respondió a una preocupación persistente en las islas respecto de la propiedad ausente en sectores estratégicos. Por esa razón, las empresas alcanzadas por ese régimen deben contar con directores y accionistas que posean estatus de residente de las Islas Malvinas y, además, residan habitualmente allí.

    Hasta ahora, esa residencia habitual suele interpretarse como una permanencia de al menos 183 días al año en el territorio, aunque la autoridad de Recursos Naturales conserva cierto margen de discrecionalidad para contemplar situaciones específicas. En el pasado, ese criterio admitió excepciones asociadas a razones médicas, humanitarias o a interrupciones en los traslados que impedían regresar a las islas.

    El tema volvió a emerger con fuerza a partir de un planteo formulado en 2025 por un director de una firma ITQ-B, quien sostuvo que los viajes de negocios también deberían ser considerados una circunstancia atenuante al momento de evaluar el cumplimiento del umbral anual. Ese punto introduce una dimensión especialmente sensible: la actividad pesquera moderna exige circulación internacional, presencia en múltiples jurisdicciones y decisiones corporativas que muchas veces desbordan el perímetro geográfico insular.

    El documento sometido al comité invita justamente a ordenar ese terreno. Pregunta cómo debe entenderse el requisito de residencia, qué tipos de ausencia podrían reputarse aceptables y si la noción de “residente habitual” necesita una guía complementaria o una redefinición por vía legislativa. Detrás de esa formulación administrativa se adivina una pregunta más profunda: si el esquema actual todavía alcanza para preservar el control local sin asfixiar la dinámica empresarial que hoy sostiene al sector.

    Durante la reunión, varios integrantes del comité aportaron miradas que ampliaron el espectro de posibles exenciones. Aparecieron, entre otras, las vinculadas con educación y capacitación, junto con la idea de medir la residencia en una ventana temporal más extensa —por ejemplo, cinco años— para reflejar con mayor fidelidad el centro de vida real de una persona, en lugar de encapsular esa evaluación en un único ejercicio anual.

    Desde la industria pesquera, el mensaje pareció inclinarse hacia una solución interpretativa antes que hacia un endurecimiento legal. Allí persiste la convicción de que una guía más desarrollada ofrecería un margen razonable para contemplar situaciones legítimas, mientras que una ley demasiado cerrada podría derivar en rigideces difíciles de administrar frente a casos concretos. La preocupación del sector pasa por evitar un corsé normativo en una actividad donde la operatoria, la inversión y la gestión requieren movilidad y presencia internacional.

    En la discusión también intervino el legislador Roger Spink, quien remarcó que la industria pesquera debe permanecer en manos de personas que viven y trabajan en las islas. Su planteo retomó el espíritu original del ITQ-B: garantizar que el control y el beneficio del recurso conserven base local. Bajo esa lógica, una flexibilización excesiva del requisito de residencia podría vaciar de contenido el sentido político del régimen y aproximarlo a un esquema en el que la cuota, o el control efectivo de ella, termine orbitando fuera del territorio.

    Del otro lado, voces de la actividad hicieron valer una transformación estructural del sector desde la creación de estas reglas. Señalaron que hoy las compañías locales tienen participaciones mayoritarias, administran de manera activa la operación pesquera y, al mismo tiempo, se han expandido hacia otras geografías y negocios. En ese contexto, sostienen que determinados cuadros clave pueden necesitar pasar tiempo fuera de las islas por razones operativas plenamente justificadas. Allí se instala el núcleo de la cuestión; la defensa del arraigo local frente a modelos empresariales que ya funcionan en una escala transnacional y muchas veces dependiente en su mayoría de España. (Algo bastante similar al cuadro de toma de decisiones de empresas que operan bajo bandera argentina pero cuyos capitales son extranjeros -españoles y chinos-).

    Para la flota gallega que opera mediante joint ventures en el área, el debate merece una lectura cuidadosa. Cualquier redefinición del estándar de residencia podría modificar equilibrios societarios, condicionar esquemas de administración y obligar a revisar la ingeniería de control de empresas vinculadas a capitales mixtos. Aun cuando el proceso recién transita una etapa preliminar, la señal política ya circula con nitidez, en Malvinas, la residencia dejó de ser un dato administrativo y volvió a convertirse en una herramienta de poder.

    El comité recibirá comentarios iniciales hasta el 3 de abril, con la posibilidad de avanzar luego hacia una consulta más amplia en caso de que se impulsen cambios sobre el marco regulatorio. Por ahora, el expediente permanece en fase de análisis. Pero en torno de esa definición técnica ya se perfila una discusión más vasta, capaz de reordenar intereses, exponer dependencias y abrir interrogantes sobre el futuro de un negocio donde el domicilio formal y el control real rara vez son asuntos menores.

    ¿Que es el Régimen ITQ-A y B?

    El ITQ-B es un régimen de cuotas individuales transferibles de pesca en Islas Malvinas desarrollado por su gobierno, pero con una diferencia clave, la cuota queda atada a requisitos estrictos de control local, elegibilidad societaria y participación económica real en las islas.

    En términos simples, no alcanza con tener una cuota. Para acceder al ITQ-B, la empresa debe estar inscripta en los registros oficiales correspondientes, y la explotación de esa cuota debe realizarse mediante una estructura empresaria aceptable para la autoridad pesquera. El esquema fue otorgado por 25 años desde el 1 de enero de 2023.

    La lógica del régimen es clara: evitar que la cuota quede en manos de sociedades locales meramente formales mientras el control verdadero, la operatoria y la renta se manejan desde afuera. Por eso el sistema exige control efectivo, involucramiento activo y una relación económica genuina entre la empresa local y la explotación pesquera.

    Además, cuando la pesca se realiza mediante contratos de charter, el gobierno revisa esos acuerdos y puede rechazarlos si entiende que la compañía local simplemente está cediendo su cuota a un tercero. En otras palabras, el ITQ-B no es solo una cuota: es una cuota con tutela regulatoria reforzada sobre quién controla, quién opera y quién captura el valor económico de la pesca.

    La síntesis más precisa sería esta: el ITQ-B es un sistema de cuotas transferibles diseñado para asegurar que el negocio pesquero conserve sustancia societaria y control económico dentro de las Islas Malvinas.

    ¿Cual es la diferencia con el antiguo régimen ITQ-A?

    La diferencia esencial es que ITQ-A era una cuota transferible con lógica patrimonial, mientras que ITQ-B mantiene esa base pero le suma requisitos mucho más estrictos de control local, elegibilidad societaria y participación económica real en las islas.

    El ITQ-B no eliminó el activo anterior; lo reconvirtió. Desde el 1 de enero de 2023 fue otorgado por 25 años y en una cantidad equivalente al ITQ-A entregado por cada empresa en la transición. Pero esa nueva cuota quedó sujeta a una estructura regulatoria mucho más exigente.

    El punto más sensible está en quién controla la sociedad que explota el Catch Entitlement. Bajo ITQ-B, la empresa operadora debe estar al menos en un 51% bajo una sociedad elegible o una intermediate company aprobada, que además debe estar radicada en Islas Malvinas, tener allí su sede principal y reflejar una participación real de sus socios. Ese filtro especial no era exigido en ITQ-A.

    En términos del sector, ITQ-A era una cuota transferible; ITQ-B es una cuota transferible bajo vigilancia reforzada sobre control, decisión y captura de valor económico. Por eso el régimen genera tensión en joint ventures con socios externos: la autoridad busca evitar que la empresa local quede como una mera estructura formal.

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