La Prefectura Naval Argentina volvió a habilitar, en las últimas horas, el esquema de ingreso controlado a la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA) para un conjunto de buques pesqueros extranjeros que pidieron resguardo frente a un temporal que ya atravesó el área. La intervención quedó circunscripta al trámite de autorización y al despliegue de monitoreo, los buques no hicieron uso del permiso para ingresar, de modo que el episodio permaneció como una solicitud formal de amparo meteorológico; no obstante, las suspicacias que se desprenden de estas reiteradas necesidades, máximo cuando la flota potera nacional lleva en menos de 50 días de esfuerzo pesquero, 95.000 toneladas de calamar capturado y descargado, mientras que fuera de la ZEEA las capturas diarias no alcanzan a la mitad. Este fenómeno, abre curiosidad por parte de quienes ven diferencias sustanciales de stock, que a priori, tienen que ver con la administración del recurso nacional y el control de su ciclo evolutivo y pesca.
El dispositivo se encuadra en el “Procedimiento de actuación ante solicitud de la flota pesquera extranjera para ingresar a la Zona Económica Exclusiva Argentina en busca de resguardo por condiciones meteorológicas desfavorables”, articulado con el régimen pesquero vigente y los deberes del Estado ribereño bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar). La lógica operativa es conocida: cuando se anticipan condiciones severas, se evalúa el pedido y se disponen restricciones estrictas, con trazabilidad continua de la derrota y verificación de conducta a bordo.
En esta oportunidad, el pedido se vinculó a un preaviso de temporal difundido por el Servicio Meteorológico Nacional, con vientos intensos, ráfagas y mar gruesa proyectada para el borde exterior de las 200 millas. En función de ese pronóstico, la autoridad marítima dispuso las condiciones técnicas habituales: prohibición absoluta de tareas extractivas, preservación y sujeción visible de artes de pesca en cubierta, y reglas precisas sobre señales operativas.
El control se apoya en requerimientos de identificación y comunicaciones. Se exige sostener en funcionamiento permanente el AIS (Sistema de Identificación Automática) y mantener enlaces radiales con estaciones costeras, con reportes horarios preestablecidos de posición, además de la supervisión mediante el Sistema Guardacostas y su red de monitoreo a lo largo del litoral marítimo. En términos prácticos, el protocolo busca que cada milla navegada durante el eventual resguardo quede registrada y sea verificable.
La reiteración de estos pedidos reabre, sin embargo, una tensión estructural que el Atlántico Sur conoce de memoria: el deber de asistencia ante contingencias en la mar convive con la exigencia de control efectivo en un espacio donde opera, de modo persistente, una flota extranjera que permanece lindera a la jurisdicción argentina. En el sector, armadores y actores locales describen un escenario de competencia por precios, volúmenes y especies, junto a señalamientos recurrentes sobre asimetrías regulatorias en el borde de las 200 millas.
A ese cuadro se suma un componente sensible que en los últimos días volvió a circular en el ambiente marítimo: el arrastrero Paya Da Cativa habría hallado un cuerpo en aguas linderas a la ZEEA, presuntamente de un tripulante asiático, sin que —según lo que trascendió en el sector— existiera un reporte previo de desaparición por parte de los buques que operan en esa zona. El episodio, aún rodeado de interrogantes, expone un punto crítico que atraviesa los compromisos internacionales, la protección de la vida humana en el mar y la trazabilidad de incidentes en áreas de intensa concentración de flota.
Con el temporal ya disipado, el hecho administrativo queda asentado en un dato puntual; hubo solicitud de refugio y activación del protocolo, sin concreción del ingreso. El trasfondo, en cambio, permanece vigente, el margen externo de la ZEEA seguirá exigiendo un equilibrio fino entre asistencia, control y vigilancia, en una región donde la presión operativa y la competencia transfronteriza forman parte de la rutina.






