Cada 20 de noviembre, Argentina honra un concepto que no admite negociaciones: la soberanía. Desde el extremo norte del país hasta la Base Marambio en la Antártida, miles de hombres y mujeres sostienen a diario la defensa del territorio, de los recursos y de la libertad que nos hace Nación.
La conmemoración tiene raíces profundas. El 20 de noviembre de 1845, en un recodo del río Paraná, algo más de un millar de argentinos se plantó ante la flota anglo-francesa, la más poderosa del mundo por entonces. En un país fracturado políticamente y bajo la amenaza de que potencias extranjeras avanzaran sobre sus ríos y su comercio, la resistencia parecía imposible. Sin embargo, en Vuelta de Obligado se dio una de esas gestas que definen la identidad de un pueblo.
En las barrancas de San Pedro, cadenas gruesas cruzadas de costa a costa y baterías de cañones improvisadas marcaron la escena. Las tropas de la Confederación resistieron durante más de siete horas, superadas en número y en tecnología, pero no en convicción.
Buscaban impedir que las potencias europeas colonizaran, impusieran condiciones comerciales y avanzaran sobre los recursos del país. Aunque el enfrentamiento fue desigual, la estrategia argentina logró contener el objetivo enemigo: ocupar las costas y dominar el territorio.
Con el tiempo, aquel acto de resistencia terminó abriendo paso a un tratado de paz que reconoció el derecho soberano de la Argentina sobre sus ríos interiores. No fue solo una victoria militar; fue una afirmación política y un mensaje al mundo sobre la independencia de un país joven, decidido a defenderse.
La importancia histórica de la batalla fue reconocida oficialmente en 1974, con la sanción de la Ley Nro. 20.770 que declaró el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional. Décadas después, el Decreto 1584/2010 incorporó esta fecha al calendario de feriados nacionales, consolidando su valor en la memoria colectiva.
La soberanía, sin embargo, no es un hecho del pasado. Es una tarea presente. Implica ejercer la independencia política, económica y cultural; administrar los recursos naturales, cuidar las fronteras, proteger las aguas, los cielos y los espacios productivos que sostienen a la Nación.
Hoy, la Vuelta de Obligado nos recuerda que la defensa de esos principios no solo corresponde a las fuerzas armadas, sino a todos los argentinos: estudiantes, trabajadores, científicos, pescadores, productores, empresarios, diplomáticos y ciudadanos de cada rincón del país.

“El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla”, Gral.Don José de San Martín.
A 180 años de aquella jornada, la esencia permanece. El territorio argentino –desde la Puna hasta la Patagonia, desde las islas del Atlántico Sur hasta la Antártida– es el fundamento de nuestra identidad. Su integridad y sus recursos son la base de un proyecto común que solo se sostiene con unidad, respeto institucional y compromiso democrático.
La soberanía es memoria, pero también futuro. Un futuro que requiere diálogo, desarrollo, justicia social y una visión de país capaz de proyectarse al mundo sin perder su esencia.
Este 20 de noviembre no es únicamente una conmemoración histórica. Es una invitación a reflexionar sobre el valor de la independencia, a reconocer el coraje de quienes defendieron la Patria y a renovar el compromiso de construir una Argentina soberana, solidaria y próspera.
Porque la Patria se hizo con coraje y heroísmo. Y su futuro depende, como entonces, de la determinación de su pueblo.






