En el mar, la casualidad suele narrarse como destino. Y cuando un buque vuelve a apuntar su proa al puerto antes de completar siquiera el gesto inaugural de una marea, la superstición deja de ser adorno para convertirse —al menos por un rato— en explicación. Eso ocurrió con el Stella Maris I, que intentó abrir su segunda marea de 2026 y terminó escribiendo, en horas, una secuencia de interrupciones tan técnica como humana.
El capítulo comenzó con una salida normal y expectativas altas. El lunes 10 de febrero, a las 17:10, el fresquero dejó muelle en Mar del Plata con el rumbo clásico de la temporada: merluza como objetivo y, como casi siempre en esta época, calamar como oportunidad. Todo transcurría con una navegación serena hasta que, apenas cuatro horas después y a la altura de Necochea, en el paralelo 38°40´S, apareció el primer golpe: un inconveniente en el guinche principal. A bordo se activó el protocolo técnico y, tras las comunicaciones con ingeniería, llegó la recomendación inevitable: volver.

El retorno no fue inmediato en términos operativos. Ya en rada exterior, cerca de las 00:30 del 11 de febrero, el buque debió esperar el alba para ingresar. Recién a las 09:30 quedó definitivamente amarrado, mientras se confirmaba el desperfecto y se derivaba la reparación a especialistas. La tecnología a nuevo no anula la fragilidad de un punto crítico: a veces, basta una pieza para frenar un sistema entero.
Con el problema resuelto, el Stella Maris I buscó recuperar el pulso perdido. Ese mismo miércoles 11 de febrero, a las 15:20, zarpó otra vez, ahora con decisión de operar al sur del 44°S, fuera de la ZVPJM, sin perder de vista el otro tablero del momento: el calamar que, hacia el Este, concentra por estos días a la flota potera. Todo indicaba que la marea, al fin, iba a empezar en serio.
Pero el mar no concedió tregua. Tras casi 30 horas de navegación, el jueves 12, ayer, a las 22:30 —en el paralelo 42°S, frente al extremo sur del Golfo San Matías— el derrotero volvió a quebrarse: otra vez proa a Mar del Plata.

Esta vez no fue mecánica, sino humanitaria. Un tripulante de 35 años presentó vómitos con sangre, y el capitán informó de inmediato la situación a la estación costera L2U de Prefectura Naval Argentina mediante GFH, quedando a disposición de la Autoridad Marítima.
La respuesta fue tan rápida como metódica, control estricto del paciente, reposo y preparación de la aeroevacuación. La operación se ejecutó bajo coordinación médica y las órdenes del Jefe de la Prefectura Naval Argentina delegación Mar del Plata, PM José Cristian Abel Viganó y equipo, en una noche tan movida como el día, conforme a las indicaciones del cuerpo médico local, mientras el buque navegaba —por instrucción— para acortar distancias y buscar condiciones seguras de maniobra. A las 07:40 ya se iniciaban procedimientos en el paralelo 39°50´S, al ESE de Bahía Blanca, con viento y mar fuerza 3 y ola de 1,20 metros: un margen operativo que permitió completar la extracción sin demoras críticas.
La aeroevacuación resultó -una vez mas- exitosa. En tierra, el helicóptero fue esperado en el aeropuerto local, Astor Piazzolla, para el traslado a un nosocomio, con el tripulante estable al cierre de la operación. Y a las 08:50, el buque —ya sin la urgencia encima— retomó rumbo a zona de pesca para intentar, por tercera vez, lo que parecía sencillo, iniciar la segunda marea operativa del año.
En la bitácora quedará una lección antigua, repetida en voz baja por generaciones de marineros y confirmada por los hechos, la mar exige redundancias, paciencia y disciplina, incluso —y quizá especialmente— en un “buque modelo”, modernizado a nuevo y con tecnología de primer nivel. Para su tripulación, esta marea interrumpida no será apenas un contratiempo: será memoria operacional, un recordatorio de que el verdadero estándar no se mide solo en acero y electrónica, sino en cómo se responde cuando todo se tuerce a la vez. «Cosas que pasan….» decía el célebre cantautor de Huanguelén, José Larralde.
¡Ahora sí.! buena marea y buenos vientos. Que Dios ilumine siempre el derrotero de cada navegante, más en un oficio de los más extremos y peligrosos que existen; y que el esfuerzo de toda empresa culmine como lo esperado, en forma exitosa y con la salud de toda la tripulación de vuelta a sus hogares.






