En la cuarta jornada del juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, el capitán de fragata Hugo Miguel Correa prestó su declaración indagatoria ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, convirtiéndose en el último de los imputados en declarar en esta etapa del proceso. Tras su exposición, el debate judicial dará paso a la etapa de declaraciones testimoniales.
Durante su presentación, Correa rechazó las acusaciones formuladas en su contra y sostuvo que su rol dentro de la Fuerza de Submarinos era estrictamente técnico y de asesoramiento dentro del Estado Mayor, sin capacidad de impartir órdenes directas a las unidades ni de intervenir en decisiones de comando sobre la zarpada de los submarinos.
El oficial explicó que se desempeñaba como jefe del Departamento de Operaciones del Comando de la Fuerza de Submarinos y que su función consistía principalmente en traducir en órdenes operativas las directivas previamente acordadas entre los distintos niveles de la cadena de mando naval.
En ese sentido señaló que la orden de operaciones que involucraba al ARA San Juan no surgió de una decisión individual suya sino de un proceso previo de reuniones y coordinación entre comandantes. Según detalló, en esos encuentros cada comandante expone la capacidad operativa de su unidad y define si puede o no participar en determinada misión, por lo que “no es cierto que yo le imponga tareas al submarino”.
En su exposición también explicó cómo se elaboró la orden de operaciones que contemplaba la participación del submarino en distintos ejercicios navales y en una patrulla de vigilancia de los espacios marítimos en cercanías de la milla 201. Según relató, varias de las modificaciones introducidas en la planificación surgieron de sugerencias del propio comandante del submarino, Pedro Fernández, a partir de la experiencia recogida en la patrulla que tuvo lugar en el mes de julio.
Entre esos cambios mencionó la modificación del objetivo material primario de la patrulla, que pasó de centrarse en buques pesqueros sin AIS a enfocarse en buques logísticos que abastecían a la flota pesquera en alta mar. También se ajustó el área de operaciones en función de los desplazamientos habituales de los pesqueros y se amplió el intervalo del mensaje de seguridad INTERCOM de 36 a 48 horas para otorgar mayor libertad operativa al submarino.
Durante la audiencia sostuvo que esas decisiones no estaban vinculadas con fallas técnicas del buque sino con criterios operativos orientados a optimizar la misión y minimizar riesgos durante la vigilancia marítima. En ese sentido explicó que acercarse a un buque logístico detenido resultaba más seguro que maniobrar entre pesqueros en plena faena con redes de arrastre.
Correa también respondió a los cuestionamientos vinculados con su participación en la elaboración del plan anual de la Fuerza de Submarinos y con el seguimiento de observaciones administrativas dentro del comando. Afirmó que esas tareas tenían carácter organizativo y que no implicaban control directo sobre el estado material de los submarinos, señalando que la evaluación del estado operativo de una unidad se determina exclusivamente mediante el ICEM (Índice de Calificación del Estado del Material), elaborado por el propio comandante del buque y su plana mayor.
“Ese es el único documento que da el estado de alistamiento”, explicó, al señalar que el comandante del submarino es quien tiene la atribución de evaluar la capacidad operativa de la unidad y decidir si el buque está en condiciones de navegar.
Uno de los tramos más extensos de su declaración estuvo dedicado a reconstruir las comunicaciones mantenidas con el submarino durante la noche del 14 de noviembre de 2017, cuando el teniente de navío Fernando Villarreal —entonces jefe de operaciones a bordo— lo llamó a su teléfono celular para informar sobre el ingreso de agua en el sector de baterías y el principio de incendio que había sido controlado.
Correa relató que la primera llamada se produjo cerca de las 23.45 y que en esa conversación el oficial le informó que el submarino se encontraba en superficie, navegando en medio de un temporal y que la situación estaba bajo control. Según explicó, durante la conversación buscó comprender con precisión la información transmitida y obtener datos sobre la posición del buque, el estado de la tripulación y la ubicación de otras unidades de la flota.
Tras finalizar la comunicación, indicó que transmitió inmediatamente la información al oficial de guardia y al jefe del Estado Mayor de la Fuerza de Submarinos.
Horas después, alrededor de las 7 de la mañana del 15 de noviembre, recibió una nueva comunicación desde el submarino. En esa oportunidad, Villarreal consultó si habían sido recibidos los mensajes enviados por la unidad y le informó que el buque navegaba rumbo a Mar del Plata, con una velocidad aproximada de cinco nudos, con la intención de dirigirse a plano profundo para que la tripulación pudiera descansar e inspeccionar el sector donde se había producido el incidente.
Según explicó, esa inspección formaba parte de los procedimientos habituales después de un evento técnico y sostuvo que el comandante nunca pondría en riesgo a la tripulación durante ese tipo de verificaciones.
Durante el intercambio con las partes también respondió preguntas sobre el sistema de comunicaciones navales y aclaró que los mensajes provenientes de submarinos siempre se transmiten con prioridad máxima por doctrina, lo que explica que algunos de esos mensajes fueran clasificados como “flash”.
En el cierre de su declaración, Correa sostuvo que durante la planificación de la misión y en los informes previos no detectó ningún indicio que indicara que el submarino no estuviera en condiciones de operar. Según afirmó, la evaluación técnica correspondía exclusivamente al comandante del buque y a su dotación, quienes habían informado que la unidad estaba habilitada para navegar.
Con la indagatoria de Correa concluyó la etapa de declaraciones de los cuatro imputados en el juicio por el hundimiento del ARA San Juan. A partir de las próximas audiencias el tribunal comenzará a recibir a los testigos convocados por las partes, dando inicio a la fase testimonial del proceso.
Antecedentes. Comisión Bicameral del Senado de la Nación 26 de Junio de 2018
La noche del 14 de noviembre, cerca de las 22, el submarino transmitió por alta frecuencia que navegaba con normalidad. Era el último mensaje de rutina. El plan preveía que, de mantenerse esas condiciones, la unidad profundizara hasta los 40 metros y retomara contacto dentro de un plazo máximo de 48 horas. Ese esquema quedó quebrado pocos minutos después.
A las 23:42, una llamada por sistema satelital alteró por completo el sentido de la jornada. El jefe de Operaciones del submarino, Fernando Vicente Villareal, se comunicó con el jefe de Operaciones del Comando de la Fuerza de Submarinos, Hugo Miguel Correa, para informar que la nave avanzaba en superficie tras haber sufrido un principio de incendio en el tanque de baterías número 3, presuntamente originado por ingreso de agua de mar a través del sistema de ventilación. El episodio estaba controlado, aunque la causa seguía siendo una apreciación y no una verificación técnica concluida.
El submarino navegaba entonces con rumbo 080, alejándose de la costa, una derrota que le permitía ganar profundidad mar adentro en medio de un temporal severo. Lo hacía a cinco nudos, con propulsión dividida, la escotilla del puente cerrada y sin personal apostado en la vela, mientras enfrentaba un estado de mar 6, con olas de entre cuatro y seis metros, posiblemente mayores. La nave seguía en superficie, cerrada y estanca, bajo una combinación de fatiga, avería y mal tiempo.
En ese contexto, el comandante del submarino, Fernández, consultó por la posición de los buques de la flota. La respuesta recibida indicó que se encontraban en el golfo San Jorge, a unas 200 o 250 millas de distancia. El dato equivalía a un apoyo potencial que, aun en condiciones exigentes, podía traducirse en unas 20 o 24 horas de navegación, o en algo más de medio día mediante una maniobra coordinada de acercamiento mutuo. La posibilidad de auxilio naval existía en términos materiales, pero no fue activada como una prioridad operativa.
La secuencia siguió avanzando hacia una zona cada vez más delicada. A las 00:28 del 15 de noviembre, Villareal volvió a comunicarse con Correa para actualizar la posición por GPS y anticipar el contacto con el comandante de la Fuerza de Submarinos. Treinta minutos más tarde, a las 00:58, el comandante de la fuerza, Claudio Javier Villamide, habló directamente con el comandante del San Juan. Allí recibió la novedad decisiva: el submarino seguía en superficie, había sufrido un cortocircuito en las baterías de proa con principio de incendio y el ingreso de agua de mar aparecía como causa probable de la avería.
Según esa reconstrucción, Villamide ordenó cancelar la patrulla y regresar a Mar del Plata. El comandante del submarino respondió que ejecutaría ese regreso una vez retomada la inmersión, ya que en ese momento navegaba en superficie, alejándose de la costa, con circuito dividido y en plena carga de aire. Ese detalle tenía un peso determinante: el aire comprimido constituía un recurso vital para la nave, indispensable para maniobras esenciales como el soplado de tanques de lastre y el eventual retorno a superficie.
La escena descripta por esas comunicaciones era severa: mar gruesa, dotación agotada, oficial de guardia y vigía replegados al interior por las condiciones de cubierta, y la intención de pasar a plano profundo para inspeccionar el tanque de baterías, aislar lo necesario y eventualmente reconectar el sistema afectado. En esa conversación, además, el comandante de la Fuerza recomendó no efectuar la reconexión. La evaluación técnica del daño seguía abierta, pero la nave ya cargaba sobre sí un conjunto de variables críticas.
El marco normativo citado en la investigación describía con precisión los roles de emergencia frente a incendios a bordo y establecía la resolución de ese tipo de episodios en superficie. Sin embargo, también dejaba expuesta una zona gris: no existía una directiva concreta para un principio de incendio en baterías y para la eventual reconexión del sistema, de modo que el curso de acción quedaba librado al criterio del comandante, de los especialistas embarcados y de la superioridad en tierra. Los expertos convocados consideraron que, sin una evaluación precisa de la magnitud del daño, correspondía mantener el circuito dividido y sostener la navegación en superficie.
En ese punto, el comandante del submarino volvió a preguntar por la ubicación de la flota. La insistencia confería a la consulta un significado singular. La repetición de esa pregunta revelaba una preocupación concreta por el sostén externo disponible mientras la unidad procuraba continuar por sus propios medios. Pese a ello, la orden transmitida se concentró en abandonar la patrulla, pedir el cambio de AVISS y definir la derrota de regreso a Mar del Plata. La instrucción de regresar en superficie, aun con el antecedente del principio de incendio, no apareció formulada de manera expresa.
Más tarde, un mensaje por el sistema Tonina dejó asentado que había ingresado agua de mar por ventilación al tanque de baterías número 3, provocando cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barras de baterías; también consignó que las baterías de proa estaban fuera de servicio y que el submarino navegaba en inmersión, con circuito dividido y sin novedades de personal. Ese mensaje quedó registrado en el expediente. La reconstrucción remarca, sin embargo, que el procedimiento de verificación de esos daños era complejo y demandaba maniobras internas difíciles, especialmente con la nave en movimiento.
A las 07:19, Villareal volvió a llamar para confirmar la recepción del SITREP y del pedido de cambio de AVISS. En esa comunicación informó que el submarino ya se encontraba en inmersión, en plano de periscopio, con rumbo a Mar del Plata, a cinco nudos y con propulsión dividida. También transmitió que la tripulación estaba cansada, que bajarían a plano profundo para descansar y que luego inspeccionarían el tanque de baterías. De allí se desprende un elemento central: hasta ese momento la inspección completa del sector afectado aún no se había realizado.
La síntesis cronológica que surge del material es precisa. A las 22:00 del 14 de noviembre, el submarino estaba en plano de periscopio. Desde las 23:42 permanecía en superficie, ventilando y cargando aire tras haber enfrentado un siniestro. Entre las 00:58 y las 06:00 del 15 de noviembre no pudo establecerse con exactitud el momento en que abandonó la superficie. Luego siguieron los mensajes de las 06:40, 07:09 y 07:19, este último ya con referencia expresa a la fatiga del personal, al descenso a plano profundo y a la inspección pendiente del sector dañado.
La investigación también detectó una divergencia con el informe de expertos remitido por el Ministerio de Defensa sobre la posición y profundidad de la nave a las 06:00. Mientras aquel documento ubicaba al submarino en plano 40, las comunicaciones analizadas en esta reconstrucción sostienen que a esa hora el San Juan emitió un SITREP informando que se encontraba en inmersión con circuito dividido, y que a las 07:19 todavía se aludía a una próxima bajada a plano 40. La secuencia de mensajes empuja, por lo tanto, a revisar con extremo rigor la cronología operativa de esas horas.
Después de ese tramo final, las comunicaciones posteriores ya no obtuvieron confirmación de recepción por parte del submarino. A las 08:36 quedó registrado el último intento de enlace de datos por sistema Iridium. Dos horas más tarde, a las 10:51, se produjo el evento acústico anómalo informado por la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Para entonces, la madrugada decisiva ya había dejado planteado un gran interrogante :¿qué pasó con el submarino ARA San Juan.
Fuente de este resumen





