Ayer mismo, dábamos cuenta del despreciable valor a la vida humana en el mar, hoy en su máxima expresión informamos un hecho lamentable como tantos otros de los que suceden por fuera de la Zona Económica Exclusiva Argentina en aguas internacionales, donde realmente las escenas más descabelladas ocurren con habitualidad.
En una situación preocupante, el buque pesquero de bandera española recuperó un cadáver en alta mar mientras realizaba maniobras de pesca fuera de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA).
El buque pesquero congelador Piscator tiene bandera española, inscripto en el Registro General de la Flota Pesquera de España, con IMO 8801163 e señal de llamada EHUT. Tiene 72,20 m de eslora, 2500 HP de potencia; casco de acero y puerto base Vigo (Pontevedra, Galicia). Figura en el censo por modalidad como “arrastreros congeladores – aguas internacionales y terceros países”. La empresa armadora es Pesqueras de Bon (Bueu, Galicia, España).
La notificación llegó por la vía formal de coordinación internacional de Búsqueda y Salvamento (SAR): la Agencia Nacional SAR Argentina (ACSM). dependiente de la Armada Argentina, recibió un aviso del MRCC Madrid (SASEMAR), informando que el BP Piscator había levantado del agua un cuerpo sin identificación, de presunto origen asiático, y que no pertenecía a su tripulación. Dándose traslado al Centro de Control de Tráfico Marítimo de la Prefectura Naval Argentina, lugar donde se concentran todos los eventos ocurridos en la plataforma argentina y centro de coordinación por excelencia del patrullaje y vigilancia de los espacios argentinos en el mar.
El MRCC Madrid es el “Maritime Rescue Coordination Centre” (Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo) con sede en Madrid, es decir, la sala/autoridad operativa que centraliza y coordina emergencias marítimas (SAR: Search and Rescue) bajo responsabilidad de España, y articula alertas con otros centros SAR del mundo cuando hay buques españoles involucrados o cuando el evento requiere coordinación internacional.
En la práctica, cuando un buque (como el Piscator) reporta un hallazgo o una emergencia, el aviso puede entrar al sistema español a través de Salvamento Marítimo (SASEMAR). Desde allí, el MRCC Madrid coordina comunicaciones, solicitudes de asistencia, y notificaciones formales a otros Estados/centros (en su caso, a la Agencia Nacional SAR Argentina) según el área y el tipo de evento. Por tratarse de aguas internacionales, rige el estado de bandera del buque.
Según la información a la que accedió este medio, el cadáver fue conservado en un saco mortuorio dentro de la bodega frigorífica del buque. La estimación operativa indica un tiempo aproximado de una semana en el agua, con un nivel de conservación compatible con temperaturas bajas en el Atlántico Sur.
La consulta por parte de la PNA fue elevada al Ministerio Público Fiscal Federal con asiento en Comodoro Rivadavia, la fiscal Natalia Sandoval indicó que no correspondía intervención judicial argentina por tratarse de un hallazgo ocurrido en aguas internacionales por un buque extranjero. Se dispuso dar aviso a la Embajada de España por el abanderamiento del navío. El buque prevé el traslado y desembarco del cadáver en el puerto de Montevideo alrededor del 28 de marzo próximo, en tanto continuará operaciones de pesca como tenía previsto, habiendo zarpado desde Puerto Argentino Islas Malvinas el 21 de diciembre a las 11 horas.
Hechos confirmados por la comunicación SAR: existe un cadáver sin identificar recuperado en alta mar, ajeno a la tripulación del barco, preservado en frío a bordo, y bajo coordinación del MRCC Madrid.
Lo que aún no está acreditado públicamente: identidad, nacionalidad, causa y fecha exacta de muerte, punto preciso del hallazgo, y si hubo o no indicios asociados (indumentaria, elementos personales, marcas de arrastre, etc.). Sin autopsia y sin identificación formal, todo dato sobre origen “indonesio” debe tratarse como hipótesis operativa, no como certeza.
Que un pesquero levante un cuerpo en operaciones no es “un hecho de índole pesquera más”. Es un síntoma de un problema estructural, la zona externa y adyacente a la ZEEA —conocida como “milla 201”— concentra una de las mayores actividades pesqueras del planeta sobre calamar y especies asociadas, con controles fragmentados, trazabilidad discutible y ausencia de una organización regional de ordenamiento pesquero específica para el calamar en el Atlántico Sudoccidental, según múltiples informes.
En ese escenario, un cadáver sin identificar aparece como la evidencia más cruda de lo que ya denuncian reportes internacionales: además del impacto ambiental, la pesca distante en zonas grises puede arrastrar prácticas INDNR (ilegal, no declarada y no reglamentada) y riesgos de derechos humanos, con tripulaciones precarizadas y mecanismos de control insuficientes, escasos o inexistentes.
Argentina, como Estado ribereño, ejerce derechos de soberanía sobre los recursos dentro de su ZEE conforme al derecho del mar, pero fuera de esa línea comienzan las aguas internacionales, donde rigen libertades de altamar y la regulación depende de acuerdos multilaterales, Estados de pabellón y medidas de Estado rector del puerto.
El problema es que la “milla 201” funciona, en los hechos, como un borde operativo, flotas procesadoras industriales pueden capturar intensivamente cuando los recursos migran fuera de la ZEEA, con consecuencias directas sobre stocks, ecosistemas y economías regionales. Informes recientes señalan aumentos significativos del esfuerzo pesquero en el área entre 2019 y 2024, con protagonismo de flotas de larga distancia.
Circuito Diplomático
El esquema que se desprende del caso es el estándar en este tipo de eventos, coordinación SAR por MRCC del Estado involucrado (en este caso, desde Madrid, España), notificación a la agencia SAR Argentina dependiente de la Armada de la República Argentina y esta corre despacho a la autoridad marítima argentina, la Prefectura Naval Argentina, quien tramita la consulta judicial pertinente por posible competencia y, en paralelo, canal diplomático por el Estado de bandera. El Salvamento Marítimo (SASEMAR) es el organismo español de referencia en estas coordinaciones, con centros MRCC operativos. Que el cuerpo termine desembarcando en Montevideo suma otro capítulo mas a Montevideo.
Preguntas sin respuestas
¿se preservó cadena de custodia básica del hallazgo (registro fotográfico, geolocalización, hora, testigos de guardia, bitácora)?
¿el cadáver apareció “a la deriva” o vinculado a un objeto/embarcación? ¿Hubo indicios de arrastre o contacto con aparejos en plena alzada de la red?
Si el buque estaba en operaciones de pesca, ¿qué sistemas de monitoreo transmitían (AIS/VMS) y qué datos estarán disponibles para reconstrucción del punto exacto?
Confirmado el origen asiático, ¿podría tratarse de un tripulante de la flota potera extranjera, un abandono, un siniestro no reportado, o una situación de violencia laboral?.
Los reportes sobre la pesquería de altamar en la zona ya advierten riesgos de derechos humanos desde hace mucho tiempo ante el silencio de autoridades internacionales y Estados que financian esta practica de pescar a distancia, ejerciendo además, mediante la presencia en la zona, algún derecho a futuro con proyecciones geopolíticas y estratégicas de magnitud.
El Atlántico Sur se volvió un tablero global de proteína barata. Con ese incentivo, la capacidad de ocultamiento crece, flotas que operan al límite, transbordos, tripulaciones multinacionales, empresas pantalla, banderas de conveniencia, Estados que financian y el cuerpo humano sin ningún tipo de derecho. En ese ecosistema, un cadáver sin nombre no es sólo una tragedia individual, es la señal de alarma de una economía que puede funcionar sin que nadie responda plenamente por sus externalidades sin un marco legal que discipline y controle.
PESCARE confirma una primicia de alcance mundial, un buque pesquero español levantó en altamar un cadáver sin identificar durante operaciones de pesca, y el caso quedó, por decisión jurisdiccional, fuera de investigación penal argentina. La pregunta, ineludible por cierto es sí en la milla 201 no hay un marco de control acorde a la escala real de la actividad, ¿cuántas historias —ambientales y humanas— quedan debajo de la superficie?






