Después de permanecer nueve años encallado frente a los muelles pesqueros de Puerto Rawson, el BP Sagrado Corazón volvió a emerger. La embarcación, hundida desde el 20 de agosto de 2016, fue adrizada y trasladada hacia la orilla en las últimas horas, marcando el cierre de una larga etapa de abandono y gestiones inconclusas y desidia gubernamental.
El operativo, que mantuvo en vilo a la comunidad portuaria durante años, avanzó de manera decisiva en las últimas jornadas. Con la marea baja y a escasos metros del puente del Elsa, en la desembocadura del río Chubut, el histórico buque pesquero fue finalmente movilizado desde el fondo fangoso hacia una posición segura, donde aguarda su extracción definitiva del agua.
La maniobra estuvo a cargo de la empresa Chubut Patagonia Sur, que logró completar el reflotamiento en apenas 40 días de trabajo intensivo. El plazo sorprende incluso a los técnicos involucrados, ya que la estructura del barco presentaba un alto nivel de deterioro tras años de exposición al ambiente y al oleaje. En el operativo participaron buzos profesionales, ingenieros navales y operarios especializados, quienes trabajaron en condiciones complejas dentro de un canal estrecho y con fuertes variaciones de marea.
La recuperación del Sagrado Corazón se concretó luego de un extenso proceso judicial impulsado por el Gobierno provincial. La administración del gobernador Ignacio Torres había encomendado a la Secretaría de Pesca realizar todas las presentaciones necesarias para destrabar el caso, que acumulaba medidas cautelares y expedientes sin resolución desde 2016. Finalmente, en julio de este año, la Prefectura Naval Argentina otorgó la autorización definitiva para intervenir sobre la embarcación y proceder a su extracción.
La habilitación apuntó a eliminar un riesgo creciente: el buque representaba un obstáculo para la navegación en la desembocadura del río, complicaba las tareas de dragado y era considerado un factor de riesgo ambiental. La autorización destacó la necesidad de impedir que la embarcación continuara siendo “un obstáculo y/o peligro para la navegación, así como un riesgo inminente y potencial para la preservación del ambiente”.
Con el buque finalmente retirado del lecho en el que permaneció durante casi una década, el puerto de Rawson recupera un sector estratégico para la operatoria cotidiana de su flota y avanza hacia la plena normalización del canal de acceso. El resultado evidencia que, cuando existe una decisión política firme y explícita desde la máxima conducción provincial, problemas históricamente postergados encuentran resolución efectiva.
No deja de ser significativo que, a lo largo de estos años, diversas gestiones y autoridades hayan dejado sin atender una situación que comprometía tanto la seguridad de la navegación como la funcionalidad portuaria. Ahora resta completar la puesta a seco y las tareas finales de remoción, que permitirán cerrar definitivamente una problemática que se prolongó durante casi diez años, marcando la desidia en la resolución legal y la burocracia administrativa, así como el desinterés político en resolver este tema.






