Para un sector intensivo en combustible y con precios internacionales estables y mercado de consumo interno deprimido, la ecuación combina presión de costos, tasas altas y márgenes cada vez más delgados.
La OMI fija rumbo hacia un transporte marítimo sin emisiones.
Desde 2027, los buques deberán reducir su huella de carbono o compensarla económicamente. Resultado: fletes más caros.