El gobierno de Chile dio un nuevo paso en la promoción del consumo interno de productos del mar tras la firma de un convenio entre la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SubPesca) y la Corporación para la Promoción del Consumo de Productos del Mar (ProPescado). El acuerdo busca desarrollar la primera política pública nacional orientada específicamente a fomentar el consumo de pescados y mariscos en el país.
La iniciativa apunta a elevar los niveles de ingesta de proteína marina hasta acercarlos a las recomendaciones establecidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en un contexto donde el bajo consumo de productos del mar es considerado un problema tanto sanitario como productivo.
El convenio contempla la conformación de una mesa técnica transversal integrada por representantes del sector pesquero y acuícola, profesionales de la salud, referentes gastronómicos, académicos y actores privados vinculados a la comercialización y promoción de estos alimentos.
El subsecretario de Pesca y Acuicultura de Chile, Osvaldo Urrutia, sostuvo que el acuerdo “representa un paso muy concreto para avanzar en una política pública moderna y colaborativa que permita acercar los productos del mar chilenos a la mesa de las familias del país”.
Según explicó el funcionario, el objetivo no solo es mejorar la alimentación y fortalecer la seguridad alimentaria, sino también potenciar el desarrollo económico de todos los actores vinculados al mar. En ese sentido, destacó la importancia de promover la trazabilidad, la sostenibilidad y el valor nutricional de los productos pesqueros y acuícolas.
Desde Propescado, su presidente Felipe Sandoval remarcó que la articulación entre el Estado, las empresas, las pymes y la sociedad civil resulta central para impulsar políticas públicas capaces de dinamizar la actividad y, al mismo tiempo, ampliar el acceso de la población a proteínas de calidad.
En la misma línea, el comerciante y director de Propescado, Bernardo Espinoza, afirmó que uno de los desafíos es lograr que la población “vuelva a reencantarse” con el consumo de pescado y mariscos, elevando el índice per cápita y generando beneficios directos sobre la salud.
El acuerdo también pone el foco en la educación alimentaria, la innovación y la difusión de prácticas vinculadas al consumo responsable. Entre los principales objetivos aparecen el fortalecimiento de la trazabilidad de los productos del mar, el incentivo al consumo de recursos de origen legal y sostenible, y la promoción de nuevas alternativas de agregado de valor para el sector.
La experiencia chilena vuelve a instalar un debate que desde hace años atraviesa a Argentina: la fuerte contradicción entre el peso exportador de la actividad pesquera y el bajo consumo interno de productos del mar.
La experiencia chilena vuelve a instalar un debate que desde hace años atraviesa a Argentina, y es la marcada distancia entre el peso exportador de su actividad pesquera y la baja presencia del pescado en la mesa cotidiana de los hogares. A comienzos de 2026, el consumo interno continúa en niveles históricamente reducidos, con un promedio cercano a los 5 kilos anuales por habitante, muy lejos del potencial productivo, sanitario y cultural de un país con extensa plataforma marítima y una industria pesquera de escala internacional.
En Chile, el consumo interno se ubica en torno de los 15 kilos anuales por habitante, aunque todavía permanece por debajo de las recomendaciones internacionales y del promedio global de consumo de productos acuáticos.
La explicación excede largamente la cuestión del precio, el problema también se inscribe en una transformación más profunda de los hábitos alimentarios. En los últimos años, la cocina doméstica fue alejándose de preparaciones que demandan conocimiento, tiempo y cierta familiaridad con el producto fresco. En ese desplazamiento, el pescado perdió espacio frente a alimentos de resolución más simple, formatos preelaborados y opciones listas para consumir.
Ese cambio cultural abre, al mismo tiempo, una oportunidad para el propio sector industrial procesador. El consumo de pescado y mariscos a nivel mundial ya comenzó a desplazarse hacia presentaciones con mayor grado de elaboración, más previsibles para el comprador y mejor ajustadas a la vida cotidiana contemporánea, marcada por hogares con menos tiempo disponible para cocinar, rutinas laborales más absorbentes y una demanda creciente de alimentos simples, seguros y de rápida resolución.
En Mar del Plata, de hecho, ya se encuentran en etapa de prueba alternativas en base a pescados y mariscos embandejados con aluminio, listas para horno o microondas y concebidas para llegar directamente a la mesa despues de 3-4 minutos de coccion o calentamiento.
Allí puede abrirse un nuevo capítulo para el mercado interno, acercar el pescado al consumidor ya no solo como materia prima fresca, sino como alimento práctico, seguro, trazable, nutritivo y de preparación sencilla. En esa convergencia entre industria, innovación y nuevos hábitos culinarios podría estar una de los puntos críticos para que la Argentina reduzca la distancia histórica entre lo que captura, procesa y exporta, y aquello que efectivamente incorpora a su propia alimentación cotidiana.
En la escena, comienza a aparecer la transformación de la materia prima, convirtiendo al sector pesquero primario y extractivo en una verdadera empresa alimenticia.
En ese contexto, la decisión de Chile de avanzar en una política pública específica, articulada entre el Estado y el sector privado, aparece como una referencia regional sobre cómo vincular producción, salud, agregado de valor y desarrollo territorial alrededor del consumo de alimentos de origen marino.


