La negociación paritaria en la flota congeladora continúa sin definiciones concretas, en un escenario atravesado por la crisis institucional del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), que hoy condiciona directamente la posibilidad de cerrar un acuerdo.
“Desde febrero que no se mueve el expediente”, señalaron con preocupación un grupo de trabajadores, en referencia a la causa en la que la Justicia aún no resuelve el tema de la prórroga de mandatos, mientras continúa pendiente el pronunciamiento de la Junta Electoral.
Según explican, esa falta de definición mantiene paralizado el proceso e impide encauzar una salida institucional clara, como la convocatoria a elecciones. “No aparece la Junta Electoral y la Justicia no resuelve el tema de la prórroga”, indicaron ya con preocupación en vísperas de una eventual apertura de la temporada de capturas de langostino 2026 por fuera de la ZVPJM.
En ese contexto, la discusión paritaria queda atrapada en un escenario de incertidumbre. “Estamos en instancias de paritarias y sin el SOMU, ¿Quién representa a los marineros? ¿Quién cierra la negociación paritaria?”, plantearon trabajadores, poniendo en evidencia el vacío que genera la falta de definiciones por parte de la Justicia que hoy, ya comienza a ser funcional a intereses de una parte de la negociación.
Desde el sindicato sostienen que mantienen la representatividad gremial hasta tanto exista una resolución judicial en contrario. Este punto agrega un elemento de discusión al proceso, ya que mientras el SOMU continúa participando de las reuniones, distintos sectores cuestionan su capacidad formal para avanzar en acuerdos.
La situación es aún más delicada si se tiene en cuenta que, según sostienen los trabajadores, el sindicato ya habría agotado sus plazos formales. “En el estado en que está el sindicato no puede entrar en paritaria ni firmar nada. Ya se les terminó todo: mandato, gestión y prórroga”, advirtieron.
Pese a ello, las reuniones con las cámaras continúan. Sin embargo, desde el sector interpretan que esos encuentros tienen más que ver con una señal hacia la Justicia que con una negociación efectiva. “Quieren reunirse y negociar para que los jueces vean que de hecho aún tienen representatividad”, señalaron.
Al mismo tiempo, crece la incertidumbre sobre el rumbo institucional del gremio. “No entendemos la jugada del SOMU. Podrían poner fecha de elecciones y se ahorrarían problemas”, expresaron off the record desde una cámara, cuestionando la falta de avances hacia una normalización.
Así, con las paritarias todavía abiertas y sin una resolución concreta, el conflicto ha dejado de gravitar únicamente sobre la discusión salarial para desplazarse, con creciente espesor, hacia el plano institucional. La falta de definiciones judiciales y las dudas en torno de la conducción sindical mantienen en suspenso no solo la posibilidad de un acuerdo, sino también la consistencia misma de la representación de los trabajadores en un momento decisivo para la actividad, otra vez atravesado por un escenario que vuelve a condicionar el inicio de la temporada de langostino en aguas nacionales, por fuera de la zona de veda, en este 2026.
En ese marco, el cuadro se vuelve todavía más sensible porque el tiempo institucional corre con una lentitud que contrasta con la urgencia material del trabajador, que no puede postergar indefinidamente sus necesidades. Esa dilación, leída en el contexto general, empieza a abrir suspicacias; la prolongación de la incertidumbre podría terminar creando un escenario especialmente conveniente para quienes, desde la producción, aspiran a reordenar la negociación en términos más favorables a sus intereses, con la expectativa de volver a llevar los valores por debajo de los registrados el año pasado.






