Puerto Deseado transita una coyuntura portuaria de notoria retracci贸n. La operatoria cotidiana muestra un puerto funcional, pero con niveles de actividad por debajo de lo habitual, producto de un cuadro que combina el fin de la temporada de langostino en aguas nacionales con la demora en la consolidaci贸n de la pesquer铆a de calamar. El resultado es directo: menos buques, menos maniobras, menos turnos, y una ca铆da sensible en la demanda de mano de obra vinculada al muelle, la estiba y los servicios anexos.
En ese escenario, la reciente presencia de buques centolleros introdujo un hecho concreto en medio de la expectativa. Cuatro embarcaciones 鈥Dukat, Talism谩n, Tango I y Tango II鈥 activaron durante los primeros d铆as del a帽o un flujo de operaciones que, aunque limitado en el tiempo, gener贸 un impacto inmediato en el frente portuario. El alistamiento previo a la salida operativa requiri贸 movimientos log铆sticos, cargas y aprovisionamiento, y con ello volvi贸 a ponerse en marcha la maquinaria laboral del puerto.
Las tareas implicaron embarque de insumos, combustible y provisiones y demandaron personal de muelle, estibadores, operadores y cuadrillas de apoyo. A la par, reactivaron el circuito terrestre asociado, camiones, proveedores y servicios locales, que dependen de la frecuencia de recaladas para sostener su facturaci贸n. El efecto fue el de una reanimaci贸n puntual pero tangible, jornadas con trabajo real que alimentan las expectativas de los primeros ingresos de buques poteros, reci茅n para fin de mes.
El contraste con los d铆as previos es elocuente. En el 谩mbito portuario se percibe una merma pronunciada en la continuidad de tareas, con personal sujeto a convocatorias irregulares y una cadena de servicios que funciona en modo de subsistencia. La falta de movimiento pesquero no solo reduce el empleo directo; tambi茅n erosiona la din谩mica econ贸mica que tradicionalmente gravita alrededor de cada marea, abastecimiento, log铆stica, mantenimiento, transporte y servicios.
La operatoria centollera aport贸, adem谩s, un dato relevante desde lo productivo. Estas unidades arribaron tras una performance favorable en la zona sur y se preparan ahora para operar en la zona central, donde las condiciones de captura suelen ser m谩s exigentes por el comportamiento m谩s esquivo del recurso. Esa transici贸n obliga a un alistamiento meticuloso, que se traduce en necesidades concretas dentro del puerto y, por extensi贸n, en demanda laboral.
Mientras tanto, el factor determinante sigue siendo el calamar. La flota potera a煤n no imprime el volumen que hist贸ricamente dinamiza el muelle en esta etapa del a帽o, las actividades se ubican al sur del paralelo 49掳S y, en Puerto Deseado, la espera se prolonga. En el sector se se帽ala, adem谩s, que Argenova, que utiliza este puerto como base para parte de su operatoria con poteros y alg煤n buque congelador, no ha registrado en los 煤ltimos d铆as una salida sostenida de unidades a pesca, prolongando la sensaci贸n de par谩lisis.
Lo sucedido con los centolleros dej贸 una conclusi贸n clara, en el presente estado de poca actividad, el armado de estos cuatro buques fue suficiente para modificar la rutina, reactivar turnos y generar circulaci贸n econ贸mica. No alcanz贸 para revertir el cuadro general, pero s铆 para evidenciar, con crudeza, la dependencia del puerto respecto de la continuidad pesquera. En Puerto Deseado, hoy, cada buque cuenta. Y cuando los pesqueros no llegan, el puerto no solo se detiene, tambi茅n se enfr铆a el trabajo, la econom铆a y la previsibilidad de cientos de familias que viven del muelle. Todo el sector pesquero y, principalmente el de trabajos anexos a la actividad, sabe que el puerto es el 谩rbol motor que impulsa la mano de obra y el desarrollo de las familias que de 脡l dependen; hoy parados frente a la zafra de calamar genera expectativa y certeza que en un ambiente de trabajo, todo el mecanismo empieza a tomar otro impulso.






