El langostino argentino acaba de sumar un respaldo que cambia escala: la pesquería en aguas de jurisdicción nacional fue certificada por el programa del Marine Stewardship Council, referencia global por su exigencia técnica y su reconocimiento comercial. La confirmación del 6 de febrero de 2026 consolida al langostino como un producto de excelencia y competitivo en los mercados internacionales más demandantes, y le agrega un atributo clave en la economía real del seafood: confianza verificable, no declamada.
Detrás del sello hay una historia larga y, sobre todo, colectiva. El proceso se apoya en más de una década de mejoras y trabajo articulado, con un eje técnico central en el INIDEP y con el andamiaje institucional del Consejo Federal Pesquero y la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura. A ese núcleo se sumó el impulso privado y el acompañamiento de CeDePesca, con un mensaje que vale subrayar, el reconocimiento no “pertenece” a una sola ventanilla, sino a toda la cadena que sostiene la pesquería, tripulaciones, armadores, empresas, observadores, científicos y autoridades. Ese entramado —cuando funciona con reglas claras, controles eficaces y evidencia científica— es lo que vuelve posible que una certificación internacional pase de ser una aspiración a un resultado concreto.
En términos de impacto, la certificación MSC opera en dos planos. En el plano comercial, refuerza el acceso y el posicionamiento en canales donde la trazabilidad y la sustentabilidad dejaron de ser una ventaja para convertirse en condición de compra, cadenas minoristas, food service global y mercados que auditan riesgos reputacionales y ambientales. En el plano de gestión, fija un estándar que obliga a sostener y documentar mejoras, administración, información científica detallada, control y cumplimiento, transparencia de procesos y capacidad de respuesta ante desviaciones. En otras palabras, la certificación marca un punto de llegada, pero también un punto de partida: valida lo hecho, expone desafíos pendientes y eleva el umbral de exigencia para sostener la continuidad en el largo plazo.
En el marco del trazado de políticas pesqueras de largo alcance y reputación país. Lo ocurrido con el langostino es un recordatorio útil, las políticas pesqueras serias no se miden solo por el anuncio del día, sino por la constancia de años, y en ese sentido hay que destacar figuras como Ricardo Patterson, Carlos Cantú, Adrián Awstin, Lucrecia Bravo, Oscar Fortunato, Jorge Bridi, Julián Suárez, la «incansable» Gabriela Navarro, y el ex subsecretario de pesca Carlos D. Liberman quienes con fervor impusieron la necesidad de llevar a la pesquería hacia un marco sostenible, trazable y certificable que ya el actual Subsecretario de Acuicultura y Pesca de la Nación, Juan Antonio López Cazorla, cuando se inició el proceso, era consejero por la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, quien hoy con beneplácito recibió esta distinción siendo presidente del CFP —en una gestión actual que impulsa con decisión el respeto irrestricto a las leyes, reglamentaciones y normas por parte de la autoridad pesquera y de empresas privadas responsables—.

La certificación es, en esencia, el resultado acumulado de reglas, ciencia, control y conducta empresarial.
Cuando el Estado fija un rumbo con compromiso y continuidad, los resultados empiezan a modificar el marco institucional argentino ante el mundo, trazabilidad verificable, sustentabilidad medible y un compromiso explícito de ofrecer un producto sano, natural, salvaje y certificado, con protocolos alineados a mejores prácticas desde la captura hasta las góndolas de los principales circuitos internacionales.
Una nueva distinción en la actual gestión de Pesca de la Nación. Y aun cuando algún desliz que intente opacar la actividad por algún pseudo pescador descarrilado, -que muchas veces tiene más prensa que el trabajo silencioso, genuino y destacado de todos los participantes del sector-, lo que termina ordenando la reputación país es la suma sostenida de buenas prácticas en toda la cadena, el cuidado del recurso y el mar, y la capacidad de demostrarlo con evidencia, que cuando los argentinos se ponen a trabajar en serio, los logros llegan más temprano que tarde. Pruebas a la vista.






