Las imágenes captadas desde casi 400.000 kilómetros de la Tierra por la cápsula Orión, en el marco de la misión Artemis II, volvieron a poner en foco la presión de las flotas extranjeras sobre los recursos del Atlántico Sur en aguas linderas a la ZEEA, una problemática que Argentina viene denunciando desde hace años.
Lo que el comandante Reid Wiseman registró durante su travesía alrededor de la Luna no fue un fenómeno natural. A las 21.27 (hora argentina), una extensa mancha de luz artificial apareció sobre el océano. No era una ciudad costera ni una plataforma petrolera. Era la “ciudad flotante” integrada por cientos de buques pesqueros concentrados en la denominada milla 201, el límite externo de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA).
La escena no es nueva para quienes siguen de cerca la actividad pesquera. Desde hace años, vuelos de patrullaje de la Prefectura Naval Argentina y tareas de vigilancia en el mar coordinadas con la Armada Argentina vienen documentando esta concentración de luces en alta mar, producto de la operatoria de los buques poteros que capturan calamar.
Sin embargo, la diferencia ahora es de escala. Lo que antes podía observarse desde aeronaves a pocos miles de metros de altura, hoy queda expuesto desde una distancia inédita: el fenómeno es visible desde el espacio profundo. Esa nueva perspectiva no solo impacta por lo visual, sino que dimensiona con precisión la magnitud real de la actividad. Tres sectores muy bien definidos, aguas afuera de la ZEEA a la altura de Península de Valdés, otra al través de Comodoro Rivadavia y ahora también un núcleo muy concentrado al oeste de Islas Malvinas a la altura de Punta Quilla, Santa Cruz.
Los datos oficiales confirman lo que muestran las imágenes. Según el sistema Guardacostas de la Prefectura Naval Argentina, durante el último año se monitorearon 776 buques de aguas distantes operando en la zona. De ese total, 418 corresponden a bandera china, consolidando a ese país como el principal actor en la región.
El resto de la flota se reparte entre Taiwán, Corea del Sur y España, aunque en los últimos años se sumó un fenómeno creciente; el uso de banderas de conveniencia. Bajo esta modalidad, armadores operan con pabellones de terceros países para diluir responsabilidades y dificultar los controles además de un esquema impositivo más laxo.
En ese esquema, Vanuatu emerge como un caso representativo. Con 28 buques identificados, ya se ubica como la quinta flota extranjera en la zona, pese a que muchos de esos barcos responden a capitales de origen asiático.
El grueso de esta flota está compuesto por buques poteros, cuya operatoria nocturna genera una intensa iluminación para atraer al calamar. Esa misma luminosidad, visible incluso desde el espacio, es la que configura la imagen de una “metrópoli flotante”.
Pero detrás del impacto visual, el fenómeno encierra una señal de alerta. La concentración masiva de esfuerzo pesquero en el límite de la ZEEA representa una presión directa sobre la biomasa, particularmente sobre el calamar Illex argentinus, uno de los recursos clave para la Argentina.
Aunque la mayor parte de la actividad se desarrolla fuera de la jurisdicción nacional, los episodios de incursión ilegal dentro de la ZEEA siguen registrándose. En ese marco, la Prefectura Naval Argentina avanzó recientemente con sanciones económicas de magnitud.
Tres buques fueron detectados realizando tareas de pesca dentro del Mar Argentino y recibieron multas millonarias. Una de ellas superó los 1.262 millones de pesos, en base a pruebas electrónicas que acreditaron la infracción.
La imagen de la “ciudad en el agua” captada desde el espacio no hace más que amplificar una realidad conocida en el sector. La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) sigue siendo uno de los principales desafíos para la sostenibilidad de los recursos marinos.
Hoy, esa presión ya no solo se detecta en radares, sistemas satelitales o vuelos de patrullaje. También puede verse desde cientos de miles de kilómetros de distancia.
Una postal tan impactante como elocuente…






