Con la publicación del Public Certification Report, el Marine Stewardship Council dejó documentado el recorrido técnico que llevó a certificar la pesquería de langostino argentino en aguas de jurisdicción nacional. El informe —de más de 300 páginas— no solo confirma el resultado final, sino que expone con detalle qué se evaluó, cómo se puntuó y qué aspectos deberán seguir mejorándose durante la vigencia del certificado.
La evaluación se realizó bajo el estándar MSC Fisheries Standard v2.01 y se estructuró sobre tres principios centrales. El primero analizó el estado del stock, su dinámica poblacional y la coherencia entre capturas, esfuerzo pesquero y niveles biológicos de referencia. El segundo se enfocó en el impacto ambiental de la pesquería, incluyendo fauna acompañante, hábitats y funcionamiento del ecosistema. El tercero examinó la gestión y gobernanza, es decir, el marco normativo, los procesos de decisión y los mecanismos de control y cumplimiento.
El informe concluye que ningún indicador cayó por debajo del umbral mínimo exigido, condición indispensable para que una pesquería pueda ser certificada por primera vez bajo el esquema MSC.
Entre los puntos que jugaron a favor de la certificación, el equipo evaluador destacó la existencia de un programa de observadores a bordo, el uso obligatorio de sistemas de monitoreo satelital en la flota certificada y la disponibilidad de información científica generada de forma sistemática por el INIDEP, que permite abrir y cerrar áreas de pesca en función de indicadores biológicos.
También se valoró la coherencia del marco regulatorio federal, que establece reglas claras para la operatoria de la flota tangonera y define responsabilidades entre autoridades, sector científico y operadores privados. En términos de volumen, el informe señala que la unidad certificada concentra más del 65% de los desembarques nacionales de langostino, lo que le otorga representatividad sobre el stock evaluado.
La certificación no fue un cheque en blanco. El MSC identificó seis indicadores de desempeño que no alcanzaron el nivel óptimo y quedaron sujetos a condiciones de mejora durante el período de vigencia del certificado. Entre ellos, el informe menciona la necesidad de reforzar la evaluación periódica de los puntos biológicos de referencia, mejorar la información sobre fauna acompañante y avanzar en estrategias de manejo más explícitas para especies secundarias.
En el plano ambiental, se señala que aún existen vacíos de información en algunos grupos bentónicos y que los datos sobre interacciones indirectas con aves marinas y mamíferos son acotados en el tiempo, lo que obliga a fortalecer el monitoreo.
El informe también detalla un proceso de evaluación extenso y escalonado. Incluyó revisión documental, visitas técnicas, entrevistas con actores del sector, instancias de revisión por pares y un período de consulta pública internacional. Según el documento, no se registraron objeciones formales durante la etapa final, lo que permitió avanzar con la decisión definitiva de certificación.
Además, el MSC dejó abierta la posibilidad de que otras empresas elegibles se sumen al esquema, siempre que firmen acuerdos de compartición del certificado y cumplan con las condiciones establecidas.
El Public Certification Report del Marine Stewardship Council confirma que la certificación del langostino argentino en aguas nacionales no nació de una decisión aislada ni de un trámite administrativo, sino de años de trabajo silencioso y sostenido. Detrás del sello hay campañas científicas, horas de observación a bordo, discusiones técnicas, controles, ajustes normativos y una cadena de personas e instituciones que, con aciertos y tensiones, fueron empujando la pesquería hacia un estándar más exigente y verificable.
El informe reconoce ese esfuerzo colectivo y, al mismo tiempo, recuerda que nada de lo logrado es automático ni permanente. La certificación no es un premio para exhibir, sino un compromiso que exige seguir trabajando juntos. Ese esfuerzo colectivo no solo ordena la gestión hacia adentro, sino que potencia el posicionamiento del langostino argentino en los mercados internacionales más exigentes, donde la sustentabilidad dejó de ser un valor agregado para convertirse en una condición de acceso.






