Cada marea comercial podría convertirse también en una oportunidad para generar información científica. Esa es la propuesta que impulsa la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a través de un nuevo manual técnico que promueve la incorporación del ADN ambiental (eDNA) a las actividades habituales de la flota pesquera como una herramienta complementaria para el monitoreo de los ecosistemas marinos y la gestión sostenible de las pesquerías.
El documento sostiene que los buques pesqueros representan una plataforma prácticamente inexplorada para la recolección sistemática de información ambiental. Su amplia cobertura geográfica, la frecuencia de sus operaciones y el conocimiento que los pescadores poseen sobre las zonas de pesca permitirían ampliar significativamente el monitoreo de la biodiversidad marina, especialmente en áreas donde las campañas científicas son menos frecuentes o presentan mayores dificultades logísticas.
La técnica propuesta se basa en el análisis del denominado ADN ambiental, es decir, el material genético que los organismos liberan naturalmente al agua a través de células, mucus, escamas, desechos biológicos u otros restos. Mediante el procesamiento de esas muestras es posible identificar qué especies estuvieron presentes en un determinado lugar sin necesidad de capturarlas ni observarlas directamente, ofreciendo una alternativa no invasiva que complementa los métodos tradicionales de investigación pesquera.
Según explica la publicación, el avance de las tecnologías de secuenciación genética y bioinformática ha convertido al ADN ambiental en una herramienta cada vez más accesible para evaluar la biodiversidad, detectar especies poco abundantes, monitorear especies vulnerables o invasoras, identificar áreas de reproducción y obtener una visión más completa del funcionamiento de los ecosistemas marinos.
Uno de los desarrollos destacados en el manual es el denominado metaprobe, un dispositivo diseñado para instalarse junto a distintos artes de pesca y que permite capturar ADN ambiental durante las operaciones habituales de la embarcación. Una vez recuperado, el material es analizado en laboratorio para identificar las especies presentes en el área donde operó el buque, sin requerir filtraciones de grandes volúmenes de agua ni modificar las tareas normales de pesca.
La FAO considera que la incorporación de estos dispositivos podría facilitar la obtención de información biológica a gran escala y fortalecer los programas de monitoreo mediante la participación directa del sector pesquero. En ese sentido, el documento destaca que involucrar a pescadores y armadores en la recolección de muestras contribuiría a ampliar la cobertura espacial de los datos disponibles y reforzar los esquemas de ciencia participativa.
El organismo también advierte que la utilización del ADN ambiental no busca reemplazar las campañas de investigación ni los métodos convencionales de evaluación de recursos, sino complementarlos. La combinación de ambas herramientas permitiría reducir vacíos de información, mejorar el conocimiento sobre la distribución de las especies y fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia científica, particularmente en regiones donde el monitoreo presenta limitaciones operativas o presupuestarias.
La publicación, elaborada por la Comisión General de Pesca del Mediterráneo de la FAO, constituye una guía técnica para la aplicación de estas metodologías y refleja una tendencia que comienza a ganar espacio en distintos programas de investigación pesquera a nivel internacional: aprovechar la actividad cotidiana de la flota para generar información científica de manera continua, ampliando el conocimiento sobre los ecosistemas marinos sin incrementar el impacto sobre los recursos.

La idea no escapa a ser muy interesante pero, en el modelo argentino, prima facie, surgen algún interrogante, ¿quien financia y cual es el beneficio para la empresa y el personal embarcado?, se ven dos objeciones que son inevitables, en principio una mayor carga administrativa en la oficialidad del puente, que desde hace tiempo se transformó casi en una oficina administrativa flotante, y segundo, cualquier dispositivo agregado termina siendo un verdadero costo para la operatoria. . Lo ideal sería ver cual es la ventaja para las empresas, quizá una mejora en la CITC, podría ser un incentivo apropiado, de lo contrario, en estas latitudes, hasta parece absurdo e inviable.






