El aceite de pescado atraviesa una etapa de abastecimiento más restringido en el mercado global de omega-3. La disponibilidad de aceite crudo grado humano cayó alrededor de 90% en 2026, afectada por menores capturas de anchoveta peruana —Engraulis ringens—, bajo rendimiento graso, restricciones de calidad industrial y suspensiones de pesca por presencia de juveniles. El impacto alcanza a suplementos, productos farmacéuticos, alimentos funcionales, acuicultura y nutrición animal.
El informe sectorial The Fish Oil Supply Disruption, elaborado por Aker BioMarine y enviado a nuestra redacción, describe un cambio en la cadena global de EPA y DHA; el mercado enfrenta una discusión centrada en la disponibilidad efectiva de materia prima. El documento ubica a Perú como actor central, ya que su pesquería de anchoveta aporta cerca del 50% del aceite crudo de pescado utilizado por refinadores y concentradores que abastecen al mercado de nutrición humana.
La primera temporada de 2026 concentró el ajuste en cuatro indicadores. La cuota pasó de 3 millones de toneladas en 2025 a 1,9 millones de toneladas, una baja de 37%. La utilización de cuota fue de 25%, con desembarques por 470.000 toneladas en el acumulado informado. El contenido graso cayó cerca de 50%, con un promedio de 2%. Además, alrededor de 20% del crudo cumplió un menor rendimiento como consecuencia de la temperatura del océano en la calidad de la grasa en la biomasa de anchoveta peruana.
Con ese resultado, el aceite crudo grado humano 18/12 disponible pasó de unas 85.000 toneladas a cerca de 10.000 toneladas. La diferencia representa una contracción de 90% en la oferta comercialmente utilizable por los sectores de suplementos y farmacéutica. La suspensión de operaciones entre abril y junio de 2026 por alta presencia de juveniles agregó otra restricción al abastecimiento de corto plazo.
El factor climático refuerza la presión sobre el sistema. El Niño modifica temperatura, corrientes y distribución del recurso en el Pacífico Sur. En la anchoveta peruana, ese cambio puede desplazar cardúmenes hacia aguas más profundas, reducir accesibilidad para la flota y afectar el rendimiento industrial del aceite. El antecedente reciente muestra traslado a precios; desde una base cercana a USD 1.700 por tonelada en 2013, el ciclo 2023-2024 llevó el aceite crudo de pescado hacia USD 8.500 por tonelada.
El seguimiento de países productores confirma una oferta más ajustada. De acuerdo con datos citados de IFFO, la Organización Internacional de Harina y Aceite de Pescado, la oferta acumulada de aceite de pescado a comienzos de junio de 2026 en Perú, Chile, Islandia, Islas Feroe, Reino Unido, Dinamarca y Noruega se ubicaba 31% por debajo del acumulado de 2025.
La acuicultura aparece como uno de los principales destinos del aceite de pescado. El informe estima que consume cerca del 80% de la producción global, unas 960.000 toneladas sobre una oferta total aproximada de 1,2 millones de toneladas. Esa demanda tiene relación directa con alimentos balanceados para especies de alto valor, especialmente salmónidos.
El crecimiento acuícola agrega presión de mediano plazo. La cosecha de salmón del Atlántico creció 36% entre 2015 y 2025, hasta alcanzar 3,1 millones de toneladas. La proyección OCDE-FAO citada en el documento prevé un crecimiento adicional de 26% en salmónidos durante la próxima década. Durante más de dos décadas, la industria redujo la inclusión de aceite de pescado en dietas acuícolas en torno a 73% entre 2002 y 2025, hasta alcanzar un umbral técnico vinculado con salud, desempeño y calidad nutricional de los peces.
El EPA —ácido eicosapentaenoico— y el DHA —ácido docosahexaenoico— son ácidos grasos omega-3 de origen marino utilizados por el organismo humano en funciones cardiovasculares, cerebrales, oculares, inmunológicas y hormonales. El DHA tiene presencia elevada en retina y cerebro, mientras que el EPA se vincula con funciones metabólicas y cardiovasculares; por eso su disponibilidad industrial interesa a la nutrición humana, a la salud pública y a la cadena global de alimentos funcionales.
El modelo 2021-2031 citado por Aker BioMarine proyecta una oferta global de aceite de pescado relativamente estable, cercana a 1,2 millones de toneladas, con caídas temporales durante años El Niño. La demanda mantiene una trayectoria ascendente por acuicultura, suplementos dietarios, formulaciones farmacéuticas y alimentos para mascotas. Bajo ese escenario, el consumo global podría superar la oferta desde 2027.
Hacia 2031, el faltante potencial llegaría a 160.000 toneladas, cerca de 13% de la demanda total bajo el escenario base. Esa brecha tendría impacto sobre costos de abastecimiento, márgenes industriales, reformulaciones, continuidad de productos y precios finales en mercados de omega-3. El antecedente de El Niño 2023 ya mostró ese traslado; en canales minoristas monitoreados, productos líderes de aceite de pescado registraron aumentos de dos dígitos, con algunos casos superiores al 50% en moneda dura.
La menor disponibilidad de aceite de pescado puede trasladar mayor presión operativa y comercial hacia fuentes alternativas de omega-3, entre ellas el krill antártico, cuya pesquería opera bajo administración de la CCRVMA —Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, CCAMLR por sus siglas en inglés—, con controles específicos sobre captura, biomasa y trazabilidad.
El cambio climático ya incide sobre la vida cotidiana de especies de interés comercial en los océanos. Temperatura, corrientes, distribución de cardúmenes, profundidad de los recursos y rendimiento industrial integran una misma cadena productiva. Cuando esa cadena se altera, la consecuencia llega a costos, contratos, producción y consumo; menor oferta de aceite de pescado, más presión sobre el abastecimiento y precios más altos para el mercado mundial de omega-3.






