SPI Astilleros reconoció formalmente las nuevas competencias alcanzadas por 26 trabajadores de distintas áreas y les otorgó una categoría laboral acorde con los conocimientos acreditados. La decisión representa un avance profesional para el personal y amplía la disponibilidad de mano de obra calificada para afrontar trabajos de construcción, reparación y mantenimiento naval.
La entrega de certificados se realizó en el Aula Magna de la Facultad Regional Mar del Plata de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). El acto cerró la octava edición del proceso de categorización laboral que el astillero desarrolla junto con el Sindicato Argentino de Obreros Navales y Servicios de la Industria Naval de la República Argentina (SAONSINRA) desde 2012.
La categorización constituye algo más que una constancia académica. Cada trabajador debió atravesar instancias de evaluación y acreditación de las capacidades adquiridas durante su desempeño. El resultado incorpora esas competencias a su trayectoria laboral y habilita el acceso a una posición superior dentro de la estructura profesional del astillero.
El alcance concreto está en esa correspondencia: mayor conocimiento, mayor responsabilidad y una categoría que reconoce la evolución del oficio. Para una industria intensiva en experiencia técnica, la certificación permite ordenar perfiles, identificar capacidades disponibles y conformar equipos capaces de intervenir en proyectos navales cada vez más complejos.

Del encuentro participaron la presidenta de SPI Astilleros, Sandra Cipolla; el vicedecano de la UTN Mar del Plata, Alejandro Vaccari; y el secretario general del SAONSINRA, Juan Speroni. También asistieron familiares, representantes sindicales y miembros de la comunidad universitaria.
Ocho ediciones y catorce años de continuidad
El programa comenzó en 2012 y se desarrolla cada dos años mediante la participación de la empresa, el sindicato, el cuerpo de delegados y la UTN. En catorce años completó ocho ediciones, una continuidad poco habitual dentro de los mecanismos internos de capacitación y promoción laboral de la industria.
El antecedente inmediato permite dimensionar su alcance. En la séptima edición, realizada en 2024, más de 40 trabajadores de las sedes de Mar del Plata y Campana finalizaron el proceso. Sumada la convocatoria actual, las dos últimas ediciones acumulan al menos 66 certificaciones laborales, aunque esa cifra expresa acreditaciones y podría incluir personas participantes en más de una instancia.
El modelo se apoya en un manual de competencias laborales elaborado en 2014 entre SPI, la UTN y el sindicato. Ese instrumento permite evaluar los conocimientos incorporados en el trabajo cotidiano y vincularlos con los distintos niveles profesionales del personal naval.

Durante la edición anterior, la empresa había planteado la necesidad de actualizar ese manual para acompañar la evolución tecnológica de los procesos y redefinir los perfiles requeridos por la actividad. El desafío responde a una transformación concreta: los astilleros modernos demandan trabajadores capaces de desenvolverse con nuevos materiales, sistemas de propulsión, equipamiento electrónico y mayores exigencias de calidad y seguridad.
“Este proceso nació en paralelo al desarrollo de la empresa, con la convicción de que el crecimiento de SPI también debía estar acompañado por el crecimiento de las personas que forman parte de ella”, expresó Cipolla durante la ceremonia.
La presidente del astillero agradeció el acompañamiento de la UTN y del SAONSINRA y destacó la presencia de las familias. “Vemos a sus familias y eso nos enorgullece, porque cada dos años esta sala se llena”, afirmó.
Vaccari, por su parte, remarcó la continuidad del vínculo entre la Universidad y la empresa. La intervención de la UTN aporta respaldo académico a una evaluación originada en el ámbito productivo y conecta el conocimiento universitario con las capacidades desarrolladas dentro del taller naval.
Qué cambia con una nueva categoría
Una categorización laboral reconoce oficialmente que el trabajador está en condiciones de asumir tareas de mayor complejidad y responsabilidad. También vincula esa capacidad con la escala profesional aplicable a la actividad. Por esa razón, el proceso incide sobre la carrera laboral y supera el valor simbólico de la entrega de un certificado.
“No es un hecho menor una categorización, porque significa darle a los trabajadores más oportunidades de acceder a una categoría superior”, sostuvo Speroni.
El dirigente sindical consideró que la continuidad del programa expresa una política de desarrollo industrial basada en la cooperación entre empresa, trabajadores y universidad. “En la Argentina de hoy, no es un hecho que abunde y es el trabajo el que dignifica y permite consolidar sueños y posibilidades”, señaló.

La octava edición no representa la creación de 26 nuevos puestos de trabajo. Su consecuencia pasa por otro plano: 26 personas que ya integraban el astillero acreditaron nuevas capacidades y avanzaron dentro de su estructura laboral. Esa diferencia resulta central para interpretar el alcance de la noticia.
Para SPI, el proceso permite retener experiencia, promover personal formado dentro de la compañía y disponer de equipos con competencias verificadas. Para los trabajadores, abre una trayectoria de crecimiento basada en conocimientos demostrables. Para la industria naval, conserva y amplía un capital difícil de reemplazar: el dominio técnico acumulado por quienes construyen y reparan buques.
La necesidad adquiere mayor relevancia en una empresa que durante los últimos años construyó pesqueros como el Luigi, Anita, Santísima Trinidad, S. Tenorio y el J. Barreiro, ejecutó reparaciones sobre embarcaciones de distinto porte y amplió su participación en proyectos navales, portuarios y energéticos. Cada obra exige especialidades coordinadas, precisión operativa y personal capaz de responder a estándares crecientes.
La certificación de estos 26 trabajadores muestra así una consecuencia productiva verificable; el conocimiento adquirido en el astillero quedó reconocido dentro de la carrera laboral y pasó a integrar formalmente su capacidad técnica disponible. En una actividad donde la calidad final de un buque depende tanto de la ingeniería como de la ejecución, formar y conservar oficios especializados constituye una inversión directa sobre la capacidad industrial argentina.






