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    Malvinas cerró la pesca de calamar Loligo y congeló nuevas inversiones

    AntonellaPor Antonella28 de agosto de 202611 Minutos
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    La biomasa continuó deteriorándose después de una pausa de dos semanas y la pesca terminó tras apenas tres jornadas de reapertura. El cierre golpea a 16 arrastreros, frena proyectos navales y obliga a revisar el esfuerzo pesquero antes de 2027.

    La administración británica de facto en las Islas Malvinas cerró definitivamente la segunda temporada 2026 de calamar Loligo (Doryteuthis gahi) después de comprobar que la pausa de dos semanas aplicada en agosto no produjo la recuperación de biomasa necesaria para sostener la actividad comercial. La campaña apenas sobrevivió tres jornadas después de su reapertura y dejó expuesta una crisis que ya excede el resultado de una temporada: alcanza a la flota, compromete nuevas inversiones y obliga a revisar la capacidad efectiva de pesca desplegada sobre el recurso.

    La decisión fue adoptada a partir del análisis de las capturas obtenidas después del regreso de los buques al caladero y de los resultados de dos jornadas de pesca exploratoria. La temporada quedó clausurada a las 23:59 del miércoles 26 de agosto. El anuncio público fue difundido al día siguiente por el Departamento de Pesquerías de las Islas Malvinas.

    El comunicado oficial evitó publicar una nueva cifra puntual de biomasa. Sin embargo, la información transmitida a los armadores indicó que la disponibilidad de Loligo era menor que antes de la interrupción y que existía un riesgo elevado de que el stock remanente quedara por debajo de las 10.000 toneladas de biomasa de escape, referencia utilizada para proteger la fracción reproductiva.

    La medida dejó fuera de operación a 16 arrastreros congeladores, integrados en sociedades constituidas en las islas con participación de empresas pesqueras gallegas. Para esa flota, el resultado significa menos producción, costos operativos sin respaldo suficiente de captura y una alteración profunda de la planificación comercial, logística y financiera de la segunda mitad del año.

    Una temporada que comenzó con margen mínimo

    La segunda zafra había comenzado bajo una señal de advertencia. La prospección previa estimó una biomasa central de 17.508 toneladas, el tercer registro más bajo para una apertura de segunda temporada durante las últimas dos décadas.

    El límite inferior del cálculo se ubicó en 14.049 toneladas. La diferencia respecto del umbral de conservación era de apenas 4.049 toneladas, un margen reducido para absorber capturas, mortalidad natural y eventuales cambios en la distribución del recurso.

    La temporada fue habilitada porque la estimación inferior permanecía por encima del nivel de referencia. Esa apertura, sin embargo, dependía de una evolución favorable del stock y del ingreso de nuevos contingentes al área de pesca.

    Las primeras jornadas mostraron otro escenario. Las capturas disminuyeron rápidamente y el 12 de agosto la autoridad dispuso una pausa precautoria de aproximadamente dos semanas dentro del denominado Loligo Box.

    El objetivo consistía en retirar temporalmente el esfuerzo comercial, realizar arrastres dirigidos y determinar si nuevos ejemplares ingresaban al área. La administración y las empresas acordaron entonces que la interrupción constituía la alternativa más adecuada para reunir información sin comprometer el nivel de conservación.

    La actividad comercial volvió a habilitarse el lunes 24 de agosto. Entre ese día y el miércoles 26, los nuevos registros confirmaron que la biomasa continuaba deteriorándose. La expectativa de una recuperación durante la pausa quedó descartada y la administración dio por terminada la campaña.

    Malvinas frenó la pesca por la escasez de calamar Loligo y dejó a 16 buques españoles sin operar
    Hembras maduras y riesgo sobre la reproducción

    La información recogida a bordo incorporó un dato biológico determinante. Los observadores detectaron hembras maduras desplazándose hacia aguas menos profundas para desovar, un comportamiento que indica el inicio del retorno hacia las áreas reproductivas.

    El Loligo posee un ciclo de vida cercano a un año. Cada temporada depende principalmente de una nueva cohorte y su abundancia puede variar con rapidez por las condiciones oceanográficas, la mortalidad natural, la predación, los desplazamientos y el esfuerzo pesquero.

    La captura de ejemplares maduros durante su migración reproductiva podía reducir la biomasa que debía permanecer en el agua para completar el desove. La continuidad de la pesca habría incrementado el riesgo sobre el reclutamiento de las cohortes siguientes.

    Por esa razón, el cierre debe interpretarse como una decisión dirigida a preservar la biomasa reproductiva remanente, antes que como el simple final anticipado de una campaña comercial.

    La merluza aparece bajo investigación

    Una de las hipótesis evaluadas por la autoridad pesquera es la creciente presencia de merluza dentro del área de distribución del Loligo.

    El director de Recursos Naturales, James Wilson, señaló que la mayor abundancia de este predador podría estar vinculada con desplazamientos desde caladeros bajo jurisdicción argentina después del cierre de determinadas áreas de pesca. Se trata de una interpretación preliminar que todavía requiere respaldo científico.

    La merluza consume calamar y otros organismos del ecosistema demersal. Una concentración elevada dentro del Loligo Box podría aumentar la mortalidad natural del recurso, aunque hasta ahora no existe un estudio publicado que permita medir su incidencia concreta sobre la caída observada en 2026.

    La administración analiza colocar un buque dentro del área entre ambas temporadas para establecer cuándo comienza el ingreso de merluza y cómo evoluciona su distribución. También prevé elevar al Comité Asesor de Pesca una propuesta para aumentar el esfuerzo sobre las licencias A, dirigidas principalmente a esa especie.

    Durante 2026 ya fue modificado el acuerdo de captura incidental para permitir que la proporción de merluza pasara del 10% al 50%. Wilson advirtió, de todos modos, que reducir un predador puede producir consecuencias sobre otras relaciones del ecosistema y que cualquier modificación deberá apoyarse en información científica.

    La capacidad de pesca entra en discusión

    La explicación oficial incorporó un elemento que cambia la dimensión del problema. Aunque el número de buques se mantuvo relativamente estable, la capacidad real de extracción aumentó.

    Wilson mencionó unidades más grandes y potentes, cambios en las redes y una transformación de las horas efectivas de pesca. En consecuencia, la cantidad de barcos dejó de representar por sí sola una medida suficiente del esfuerzo desplegado sobre el recurso.

    La observación obliga a revisar potencia, dimensiones, capacidad de bodega, eficiencia de las artes, duración de los lances y tiempo operativo. Una flota integrada por 16 buques modernos puede ejercer una presión superior a la de igual cantidad de barcos pertenecientes a generaciones anteriores.

    La documentación oficial de gestión ya reconoce que una reiteración de cierres anticipados puede ser una señal de que el esfuerzo pesquero resulta excesivo frente a la disponibilidad efectiva del stock.

    La administración todavía no atribuyó la crisis a sobrepesca. Sin embargo, la capacidad extractiva ingresó formalmente dentro de los factores que deberán analizarse para definir las reglas de 2027.

    Cuatro segundas temporadas bajo presión

    El cierre completa una sucesión de cuatro años con dificultades en la segunda campaña de Loligo.

    En 2023, la temporada terminó antes de lo previsto por el descenso de la biomasa. En 2024, la campaña comercial directamente no abrió porque las evaluaciones dejaron el límite inferior por debajo del umbral de conservación.

    En 2025, la pesquería volvió a operar bajo cierres temporales y espaciales. La temporada concluyó anticipadamente con una biomasa central cercana a las 13.600 toneladas y un límite inferior ligeramente por debajo de las 10.000 toneladas.

    En 2026, la campaña abrió con un stock reducido, fue suspendida el 12 de agosto, volvió a habilitarse el 24 y terminó después de tres jornadas.

    El presidente interino del Loligo Producers Group, John Barton, sostuvo que la última segunda temporada que pudo desarrollarse con normalidad fue la de 2022. Para el sector, la reiteración dejó de ser una anomalía anual y comenzó a configurar un problema estructural sobre la cohorte invernal.

    El contraste con la primera temporada de 2026 refuerza esa lectura. Entre febrero y abril, la captura superó las 42.000 toneladas. La segunda cohorte mostró una disponibilidad sensiblemente menor y careció de incorporaciones suficientes para sostener la actividad.

    Por esa diferencia, los datos disponibles todavía resultan insuficientes para hablar de un colapso general de toda la población de Doryteuthis gahi. Lo que aparece comprometido de manera recurrente es el rendimiento de las segundas temporadas.

    El cierre golpea a flota gallega, tripulaciones y puertos

    Los 16 arrastreros afectados fueron construidos y organizados para desarrollar dos campañas anuales. Cada desplazamiento exige combustible, mantenimiento, seguros, provisiones, personal especializado y una estructura industrial preparada para recibir y comercializar el producto.

    Una temporada reducida a pocos días altera toda esa ecuación. Los buques pierden jornadas productivas, las empresas afrontan costos sin volumen suficiente y las tripulaciones ven recortados ingresos vinculados al nivel de captura.

    El impacto alcanza también a la cadena logística gallega. El Loligo desembarcado en puertos españoles alimenta depósitos frigoríficos, plantas de clasificación, transporte, comercialización y exportación. Una menor oferta reduce actividad en tierra y limita la capacidad de amortización de una flota renovada con unidades de alto costo.

    La propia industria remarcó que la pesquería representa mucho más que el resultado de determinadas compañías. El Loligo sostiene una parte significativa de la recaudación pesquera y de la economía montada por la administración británica en las islas.

    Tres proyectos navales quedaron congelados

    La incertidumbre ya comenzó a trasladarse hacia las decisiones de inversión. Fuentes de la industria gallega informaron que al menos tres proyectos de nuevos buques destinados a Malvinas quedaron en suspenso hasta conocer la evolución del recurso.

    Hasta ahora no fueron difundidos los nombres de las empresas, los astilleros involucrados ni los montos comprometidos. Tampoco se informó sobre contratos formalmente cancelados con lo cual tomamos esta información como un trascendido. La decisión consiste en aplazar nuevas inversiones frente a una pesquería que acumula cuatro segundas temporadas problemáticas.

    El freno alcanza a un modelo construido sobre derechos pesqueros de largo plazo, sociedades mixtas y renovación tecnológica. Los nuevos arrastreros demandan inversiones millonarias y requieren continuidad operativa para recuperar capital, atender financiamiento y sostener empleo.

    La interrupción de proyectos navales constituye así la primera consecuencia empresarial de largo alcance. La incertidumbre dejó de limitarse a la captura del año y comenzó a condicionar la estructura futura de la flota.

    Antecedentes de esta flota

    Antes de consolidar su presencia en el Atlántico Sur, la flota congeladora de gran altura con asiento en el puerto de Vigo desarrolló su capacidad industrial en dos regiones históricas, de las cuales fueron virtualmente expulsados hacia finales del siglo XX.

    En el Atlántico Norte (Gran Sol y Terranova), enfocado en la captura de bacalao, merluza y fletán negro, se consolidó la cuna de la navegación pesquera gallega de gran altura, donde el sector armador de Vigo desarrolló la tecnología de congelado a bordo y las técnicas de arrastre profundo. Sin embargo, la posterior declaración de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de 200 millas promovida por la Convención del Derecho del Mar permitió a países como Canadá asumir la soberanía sobre sus aguas, recortando drásticamente las licencias a flotas extranjeras e imponiendo cuotas de captura inviables para los buques gallegos.

    Por su parte, en África Occidental (Namibia, Angola y Mauritania), las aguas funcionaron durante las décadas de 1960 y 1970 como el principal centro de operaciones para el procesado de merluza y cefalópodos (calamar y pulpo), sirviendo de modelo operativo directo para la pesquería del Atlántico Sur. Este acceso colapsó a partir de los procesos de descolonización y cierres unilaterales; con la independencia de países como Namibia en 1990, las nuevas autoridades establecieron sus 200 millas de ZEE, cancelaron los permisos históricos e incluso llegaron a apresar buques en la zona. La pérdida simultánea de ambos caladeros tradicionales forzó la reubicación definitiva de la flota congeladora viguesa.

    Dos nuevas prospecciones en septiembre

    La administración proyecta realizar otras dos jornadas exploratorias después del cierre. La primera se desarrollaría alrededor del 13 de septiembre, aproximadamente a mitad del período comprendido entre la clausura y el final originalmente previsto. La segunda tendría lugar el 30 de septiembre, fecha en la que debía terminar la temporada.

    Las empresas fueron invitadas a ofrecer buques para esas operaciones. El objetivo será comprobar si ingresan nuevos contingentes, observar la evolución de la biomasa sin pesca comercial, medir la proporción de ejemplares maduros y reunir información sobre la presencia de merluza.

    Estas prospecciones tendrán carácter científico. La temporada comercial 2026 quedó terminada y los resultados serán utilizados para preparar las decisiones del próximo año.

    Una revisión inevitable antes de 2027

    El Departamento de Pesca anticipó que evaluará medidas capaces de aplicarse antes de las temporadas de 2027. La revisión abarcará el seguimiento científico, la distribución del esfuerzo, la interacción con la merluza y la capacidad efectiva de los buques.

    Aún falta conocer el informe final con la captura acumulada, la biomasa calculada al cierre, el intervalo estadístico, la evolución diaria de la captura por unidad de esfuerzo y la probabilidad estimada de caer por debajo de las 10.000 toneladas.

    Esos datos permitirán establecer cuánto se deterioró el stock durante la campaña y qué peso tuvo cada factor. Hasta entonces, las corrientes, la depredación y el esfuerzo pesquero permanecen como líneas de investigación, mientras el único resultado comprobado es contundente; la pausa no recuperó el recurso, la reapertura duró tres jornadas y la segunda temporada de Loligo terminó sin margen biológico para continuar. Preocupante para quienes dependen de ella.

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