La pesca industrial de Chile cumplió una década desde la obtención de sus primeras certificaciones internacionales de sostenibilidad, con un balance que ubica actualmente al 97% del volumen desembarcado por las flotas y plantas asociadas a la Sociedad Nacional de Pesca (Sonapesca) dentro de programas de certificación pesquera.
El dato fue presentado durante la conmemoración de los “10 años de pesquerías industriales certificadas en sustentabilidad”, realizada en Coquimbo, donde representantes del sector público, científico y empresarial analizaron los avances logrados y los desafíos pendientes para profundizar el desarrollo de una actividad pesquera sostenible.
El proceso comenzó a tomar forma en 2015, cuando Sonapesca y sus gremios asociados impulsaron una declaración orientada a incorporar estándares internacionales de pesca responsable. Un año después, en 2016, se concretaron las primeras certificaciones de pesquerías industriales chilenas bajo el estándar del Marine Stewardship Council (MSC).
Actualmente, cerca de un millón de toneladas se encuentran certificadas bajo MSC, mientras que, considerando conjuntamente los programas MSC y MarinTrust, el 97% de los desembarques correspondientes a flotas y plantas de empresas y gremios asociados a Sonapesca cuenta con algún esquema de sostenibilidad. En total, son 14 las pesquerías industriales comprendidas dentro de estos programas.
Las evaluaciones del MSC contemplan tres aspectos centrales: el estado de las poblaciones explotadas, el impacto de la actividad pesquera sobre el ecosistema y la existencia de un sistema de gestión eficaz, respaldado por normativa, instituciones y mecanismos de administración y control.

El subsecretario de Pesca y Acuicultura de Chile, Osvaldo Urrutia, destacó que los resultados alcanzados responden a un proceso sostenido y al trabajo conjunto entre organismos públicos, científicos, trabajadores y empresas. También remarcó que varias pesquerías ya atravesaron procesos de recertificación.
Este punto resulta central, ya que la certificación no tiene carácter permanente.
Las pesquerías deben superar revisiones anuales y, cada cinco años, acreditar nuevamente el cumplimiento de los estándares exigidos, lo que obliga a sostener mejoras en la gestión y en las prácticas operativas una vez certificadas.
Desde el MSC, su director para América Latina, Cristian Vallejos, ubicó a Chile entre los principales actores regionales en materia de certificación pesquera y destacó que el proceso fue acompañado por cambios y mejoras desarrollados incluso antes de la obtención de los primeros sellos.
Entre los avances mencionados durante el encuentro aparecen modificaciones en las artes de pesca utilizadas por el sector crustacero, la incorporación de mejores prácticas a bordo y programas para recuperar y reciclar redes fuera de uso.
A diez años del inicio de las certificaciones, el sector también planteó nuevos objetivos. Entre ellos figuran el desarrollo de “puertos azules” vinculados a una actividad sustentable y al consumo humano, el fortalecimiento de la investigación científica en Coquimbo y la generación de mayor capacidad tecnológica para anticipar y evaluar fenómenos oceanográficos como El Niño.

Entre las pesquerías industriales chilenas que cuentan con certificación MSC se encuentran el camarón nailon, certificado desde 2016; los langostinos amarillo y colorado, con distintas unidades pesqueras certificadas desde 2016 y 2017; el krill antártico, desde 2018; el jurel y la merluza del sur, desde 2019; y la merluza común, que se incorporó al esquema durante 2026.
El recorrido refleja una expansión progresiva de los estándares internacionales dentro de la pesca industrial chilena y, al mismo tiempo, plantea el desafío de mantener las certificaciones mediante evaluaciones periódicas, respaldo científico y mejoras continuas en la explotación de los recursos.






