El B/P Luca Mario atraviesa el tramo más doloroso de una emergencia marítima que comenzó durante una maniobra de pesca y derivó en la desaparición de Juan Carlos Gutiérrez, tripulante de 46 años, con 24 años de trabajo sobre esa misma cubierta. El caso ingresará ahora en la etapa formal de sumarios y declaraciones ante la autoridad competente, después de una semana de búsqueda en aguas del Atlántico Sur sin resultados positivos.
La secuencia operativa comenzó cerca de las 17 horas del lunes 30 de junio, durante el inicio de la virada del equipo de pesca. De acuerdo con información reunida por este medio, cuando el aparejo se encontraba aproximadamente a 200 metros de los portones, cedió por la banda de estribor. Esa anomalía obligó a continuar la maniobra de alzado de red por la banda de babor.
Gutiérrez operaba en estribor. Ante la modificación de la maniobra, se desplazó para asistir a sus compañeros sobre la banda contraria. En ese contexto subió a la red ya en cubierta. Un cabo de sujeción de la relinga se cortó y, por efecto de la inercia y del propio peso del arte de pesca, la red volvió hacia el agua por la rampa. En ese movimiento, una de sus botas quedó enganchada entre las mallas.
Tres compañeros intentaron sostenerlo. La fuerza del paño, el peso del aparejo y la tracción generada por la caída de la red hicieron imposible retenerlo a bordo. Desde ese momento se activaron los protocolos de hombre al agua, con roles definidos desde el puente y desde cubierta, conforme a las prácticas internacionales de emergencia marítima.
El capitán del Luca Mario dio aviso a la autoridad marítima y la Prefectura Naval Argentina dispuso un operativo SAR de búsqueda y rescate. La emergencia movilizó al propio Luca Mario y a buques que operaban en la zona, entre ellos el Ponte de Rande, unidad gemela de la misma firma armadora; el Anabella M, el Beagle I y el Api V, que se sumó desde el primer momento a los patrones de búsqueda sobre el área.
La Prefectura también destacó medios aéreos. El avión de reconocimiento PA-25 efectuó rastrillajes sobre la zona de búsqueda, en un operativo coordinado con unidades de superficie. A pesar del trabajo por aire y por mar, no se hallaron rastros, elementos personales ni evidencias que permitieran ubicar a Gutiérrez.
La búsqueda oficial finalizó el sábado a las 18.30 horas, por disposición de la jefatura SAR de la autoridad marítima. El cierre administrativo de esa etapa no detuvo de inmediato el esfuerzo de las tripulaciones. Los capitanes y dotaciones del Luca Mario y del Ponte de Rande mantuvieron la búsqueda, en un gesto humano frente a un desenlace que el paso de los días vuelve cada vez más doloroso.

Después de una semana de rastrillajes sobre una extensa superficie del Atlántico Sur, la ausencia de indicios coloca el caso en una nueva etapa operativa y administrativa.
La dimensión del esfuerzo realizado queda expresada en un dato concreto, se relevaron más de 16.000 km² de área marítima, de los cuales el propio Luca Mario cubrió, al momento de esta nota, más de 10.000 km². Mientras que en millas naúticas, se recorrieron cerca de 2500 equivalentes a 4630 kilómetros.

Esa magnitud refleja la persistencia de la búsqueda de Juan Carlos Gutiérrez, sostenida por la tripulación, por buques que operaban en la zona y por los medios dispuestos por la autoridad marítima.
Concluida la fase oficial del operativo SAR, el buque quedará en condiciones de poner proa a puerto por decisión de la autoridad marítima, donde comenzarán las actuaciones correspondientes, los sumarios y las declaraciones que disponga Prefectura.
La investigación deberá reconstruir la maniobra, verificar los registros, tomar testimonios, relevar comunicaciones y determinar técnicamente las circunstancias del accidente. Ese proceso corresponde a la autoridad marítima. En una emergencia de esta naturaleza, la evaluación responsable exige hechos, tiempos, protocolos y constancias, antes que conclusiones anticipadas formuladas fuera del expediente.
Este medio cuenta con información fehaciente sobre los minutos previos al accidente. Por esa razón, corresponde subrayar la necesidad de preservar la prudencia pública frente a un hecho de enorme gravedad humana y profesional. La situación involucra a una familia atravesada por el dolor, a una tripulación afectada por la pérdida de un compañero y a una empresa que deberá ponerse a disposición de las actuaciones formales, como corresponde en todo evento marítimo de estas características.
El Luca Mario es una unidad de referencia dentro de la flota congeladora argentina y de la operatoria pesquera en el Atlántico Sur. Su capitán cuenta con más de 30 años de experiencia en tareas de pesca en el Mar Argentino y conoce el buque, la operatoria y el caladero desde hace años. La tripulación también tiene una trayectoria extensa a bordo: varios marineros acumulan más de 27 años de trabajo en la empresa y en esa misma unidad.
Gutiérrez había ingresado al Grupo Solimeno a los 22 años y tenía 46 al momento del accidente. Su vida laboral estuvo atravesada por esa cubierta. Durante 24 años formó parte de una actividad que combina oficio, disciplina, conocimiento del buque y exposición permanente a condiciones de trabajo de alta exigencia.
Una cubierta de pesca en el Atlántico Sur no admite simplificaciones. En una virada normal, cada movimiento está asociado al peso del aparejo, a la tracción de los cabos, al desplazamiento del paño, al rol de los guinches, al estado de mar y a la coordinación entre puente y cubierta. En una virada anómala, esas variables cambian en segundos.
Allí trabajan hombres que durante años convierten maniobras de enorme complejidad en rutina. La experiencia mecaniza movimientos, acelera decisiones y permite resolver situaciones que para cualquier persona ajena al mar resultarían imposibles de ejecutar. Caminar la cubierta de un buque en movimiento, con rolido, cabeceo y desplazamientos en un tercer eje (Z), exige una adaptación física y mental que sólo se entiende desde adentro.
Los tripulantes parecen moverse con naturalidad sobre una superficie que nunca está quieta. Esa apariencia no vuelve simple la tarea. La pesca de altura conserva un nivel de riesgo que ningún observador externo debería subestimar, menos aún frente a un hecho que terminó con un trabajador desaparecido y una tripulación marcada por el intento inmediato de rescate.
Por eso la discusión pública exige cautela, respeto y apego a las actuaciones oficiales. Toda consideración sectorial, institucional o gremial debería partir de una premisa básica: esperar los sumarios, las declaraciones y la evaluación técnica de la autoridad marítima. Sólo ese camino permite honrar la verdad de los hechos, cuidar a la familia de Gutiérrez y respetar a quienes participaron de la emergencia desde el primer minuto.
Lo verificable, hasta ahora, es que hubo una virada anómala, una caída al mar, activación de protocolos, aviso a Prefectura, despliegue SAR, participación de buques de la zona, rastrillaje aéreo con PA-25 y continuidad de búsqueda aun extendidos los plazos razonables para preservar la vida humana en el mar. Lo demás deberá surgir de las actuaciones.
Juan Carlos Gutiérrez permanece desaparecido. El mar no devolvió señales. La causa entra ahora en el terreno de la investigación formal, pero la primera respuesta ya quedó marcada por un dato concreto: capitán, tripulación, buques cercanos y autoridad marítima desplegaron todos los medios disponibles para intentar hallarlo.






