El fallecimiento de Héctor Becerini deja una pérdida profunda en la comunidad portuaria de Mar del Plata. Artista plástico, maestro y director histórico del Museo del Hombre del Puerto “Cleto Ciocchini”, dedicó buena parte de su vida a preservar las experiencias de quienes hicieron del trabajo en el mar una historia familiar. Gracias a esa tarea, los recuerdos de generaciones de pescadores encontraron un lugar donde permanecer y seguir siendo escuchados.
Su legado tiene la dimensión concreta de un archivo y el valor humano de una memoria compartida. En las fotografías recuperadas y en los testimonios que ayudó a conservar quedaron nombres, oficios y experiencias que permiten comprender cómo se construyó la comunidad portuaria. Becerini hizo de esa búsqueda una responsabilidad cotidiana.
Nació el 4 de agosto de 1940 en Buenos Aires y se radicó definitivamente en Mar del Plata en 1962, según los antecedentes del reconocimiento municipal que recibió en 2021. Desde 1980 se dedicó de lleno a la pintura. Dos años después fundó, junto con Rubén Muñoz Abril, el taller La Buhardilla, en la antigua sede de la empresa francesa constructora del puerto. Su vocación artística crecía dentro de un edificio ligado al pasado que después contribuiría a preservar.
Había llegado al barrio para pintar. El encuentro con sus habitantes le abrió un compromiso que lo acompañaría durante décadas. Así lo recordó el 20 de agosto de 2009, cuando habló ante el Honorable Concejo Deliberante: encontró una comunidad donde lo saludaban, donde podía integrarse y sentirse parte. De esa pertenencia nació la necesidad de comprender su historia y transmitirla.
El origen del museo fue también el de una construcción colectiva. Una nota publicada por PESCARE en octubre de 2021 sitúa la primera iniciativa en 1985, por impulso de Aldo Marcone Benvenuto, entonces presidente de la Asociación de Fomento del Puerto. Becerini integró el grupo que trabajó para concretarla junto con Ángel Dell’Arciprete, Xavier Marcone y Rafael Vitiello, entre otros.
Las familias comenzaron a aportar fotografías y objetos que habían conservado en sus hogares. Aquellos materiales permitieron reunir fragmentos de una historia dispersa y darles un espacio común. En 1987, Becerini recibió el encargo de organizar y dirigir la institución.
El museo abrió sus puertas en noviembre de 1990, en Padre Dutto 383. En 2001 se trasladó al Centro Comercial del Puerto. Su nombre homenajea al pintor Cleto Ciocchini, cuya obra dejó un testimonio de los pescadores, sus labores y el paisaje portuario. Allí, el arte y la documentación histórica encontraron una forma de acompañarse para explicar la vida del barrio.
La magnitud de aquel esfuerzo quedó expresada en un recuerdo que Becerini compartió en 2021: “Arranqué con 14 fotos, ahora tengo más de 2000”. Detrás de esa cifra hubo años de búsqueda y vínculos con vecinos que confiaron al museo una parte de su pasado. Cada imagen incorporada ofrecía la posibilidad de reconocer a alguien, reconstruir una actividad o comprender la transformación de un lugar.
También quedaron las voces. En su intervención de 2009 ante los concejales, señaló que había reunido 160 testimonios grabados de antiguos pobladores. Eran personas que podían contar, desde su propia experiencia, cómo se había vivido y trabajado en el puerto. Escucharlas y conservar sus palabras permitió que ese conocimiento llegara a quienes nacieran después.
El patrimonio reunido incluye materiales sobre la construcción de la terminal marítima, documentos vinculados con la pesca y registros de la vida familiar. Entre sus fondos se encuentran el archivo del estudio naval de José Salerno y la colección del semanario El Puerto, publicado entre 1939 y 1949. Ese conjunto permite seguir la formación del entramado social y productivo de la comunidad.
Becerini explicó el sentido de esa tarea en palabras que PESCARE recogió en 2021: “Este es un Museo de Comunidad, creado a partir de la intervención de las personas que se sienten parte”. La definición expresaba el vínculo que sostuvo a la institución desde sus comienzos. Los vecinos aportaban sus recuerdos y encontraban, al recorrerla, una historia de la cual eran protagonistas.
Para la actividad pesquera, esa labor conserva una parte esencial de sus raíces. Los documentos y testimonios permiten conocer cómo se transmitieron los oficios, cómo se asentaron las familias y cómo fueron desarrollándose las instituciones del barrio. En ese patrimonio, las nuevas generaciones pueden reconocer la experiencia de quienes las precedieron.
El reconocimiento municipal llegó en 2021, cuando el Concejo Deliberante le otorgó la distinción al Compromiso Social, mediante la Ordenanza 25.248. Los fundamentos dejaron constancia de tres décadas de dirección con dedicación exclusiva y ad honorem. También destacaron el archivo oral y documental y la labor educativa desarrollada con el arquitecto y museólogo Osvaldo Destandau.
La distinción reconocía una entrega sostenida durante buena parte de su vida. Su tarea había dado a las escuelas y a los visitantes un espacio para acercarse a la historia portuaria a través de sus protagonistas.
Ante su fallecimiento, numerosas entidades hicieron llegar a esta redacción su profundo pesar y recordaron el esfuerzo de Becerini por preservar los testimonios de la historia de Mar del Plata, su puerto y su gente. Ese compromiso permanece en las obras y los documentos que integran el patrimonio del museo, donde generaciones de familias portuarias encuentran resguardada una parte de su propia vida.
Su ausencia deja el dolor de una presencia que faltará en la vida del museo. Permanece una obra que permitirá seguir encontrando rostros, nombres y relatos de quienes construyeron el puerto.
Becerini deja a esa comunidad la posibilidad de volver a escuchar a sus mayores. En las voces conservadas y en las imágenes rescatadas continúa una dedicación que atravesó décadas. Allí permanece la profundidad de su legado: haber reconocido el valor de aquellas vidas y haber trabajado para que su historia llegara a los demás a lo largo del tiempo.






