El 9 de octubre de 1963, cuando la pesca argentina ampliaba su capacidad industrial, quedó constituida la Cámara Argentina de Armadores de Buques Pesqueros de Altura. La entidad nació junto al crecimiento de una flota que necesitaba representación propia y que encontraría en el procesamiento en tierra una parte esencial de su desarrollo.
La escala de aquella actividad permite apreciar el camino recorrido. Según los datos expuestos en el Senado de la Nación en octubre de 1965, la flota pesquera de altura argentina contaba con 42 unidades en 1963 y había llegado a 47 al año siguiente. El debate parlamentario ya advertía que incorporar barcos exigía ampliar puertos y frigoríficos para recibir y elaborar sus capturas.
Ese era el escenario en el que comenzaba a actuar la Cámara. La investigación histórica de María Victoria Cañete y José Antonio Mateo vincula expresamente su creación con la expansión fresquera de los años sesenta, favorecida por el crédito naval y los incentivos para instalar plantas manufactureras con cámaras de congelado. El crecimiento de los barcos y el de la industria en tierra formaban parte de una misma transformación productiva, convertir un pez en alimento saludable y natural para los mercados de consumo de argentina y el mundo.
La defensa de un modelo pesquero
Durante la década siguiente, la CAABPA intervino en la discusión sobre quiénes explotarían los recursos y dónde se procesaría el pescado. El mismo estudio documenta sus cuestionamientos a la habilitación de buques extranjeros en 1972 y recupera un boletín de la entidad de 1974 que defendía la expansión de puertos y establecimientos de elaboración en la costa patagónica como fuente de empleo estable.
La investigación identifica a Norberto Otero como presidente de la Cámara en aquella etapa. La controversia comprendía el acceso a los caladeros y las condiciones de competencia entre flotas, con la integración fresquera y filetera como una de las posiciones centrales de la entidad.
Esa definición conserva una consecuencia concreta: el lugar donde se elabora la captura determina dónde se necesitan trabajadores e instalaciones. Para Mar del Plata y las demás localidades pesqueras, la discusión sobre los barcos alcanza también a las plantas y a los servicios que dependen de su abastecimiento.
Los archivos permiten recuperar otros nombres de esa construcción institucional. Un trabajo del historiador Guillermo Colombo, basado en la prensa de la época, registra en 1989 a Roberto Tovo como presidente, a Antonio Solimeno como vicepresidente y a José Moscuzza y Juan Carlos Marzoni como vocales. Eran años de discusión sobre el rumbo de la política pesquera, con posiciones diferentes incluso dentro del empresariado marplatense.
La merluza y los límites del crecimiento
En 1997, la conservación de la merluza ocupó un lugar determinante en la agenda institucional. La Resolución 357 de aquel año dispuso una representación para la Cámara en una comisión permanente de asesoramiento, junto con el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) y otras entidades empresarias, bajo la presidencia de la autoridad pesquera nacional. Su finalidad era incorporar la opinión del sector a las medidas de administración del recurso.
Días después, la Resolución 379/1997 dejó constancia de un acuerdo suscripto por la autoridad y las cámaras, incluida la de Armadores de Altura, para reducir un 20% el esfuerzo pesquero sobre la merluza. La norma contemplaba las consecuencias sobre el personal ocupado y las inversiones realizadas, y estableció una veda permanente en un área de reproducción y concentración de la especie.
Ese antecedente muestra una responsabilidad que atraviesa la trayectoria de la entidad: participar en decisiones de conservación que afectan la operación de las empresas. La disponibilidad del recurso sostiene la pesca futura; las restricciones necesarias para protegerlo tienen efectos inmediatos sobre barcos y trabajadores.
La negociación laboral constituye otra dimensión fundamental de esa representación. Las crónicas de 2005 identifican a José Ramacci en la presidencia y a Juan Darío Sócrate en la gerencia ejecutiva. Años más tarde, en los acuerdos de 2012, Sócrate figura ya al frente de la institución, suscribiendo junto a la Cámara de la Industria Pesquera Argentina (CAIPA) —otro baluarte histórico en la defensa y estructuración del entramado pesquero marplatense— las condiciones salariales y operativas para capitanes, pilotos y patrones de pesca en el marco del Convenio Colectivo de Trabajo 638/11.
Una trayectoria que llega al presente
Desde 2013, la presidencia está a cargo del Dr. Diego García Luchetti, acompañado actualmente por el Dr. Carlos Casella en la gerencia ejecutiva. Ambos tienen la responsabilidad de representar a los armadores en una actividad donde las decisiones biológicas, económicas y laborales se encuentran. El conocimiento profesional y la actuación conforme a derecho son exigencias de esa tarea; el consenso, una herramienta para traducir propuestas en acuerdos.
La interlocución abarca a otras cámaras y organizaciones sindicales, a los distintos niveles de la administración pesquera y a las autoridades portuarias y marítimas. En ese ámbito, la entidad sostiene un estilo de diálogo moderado y de defensa de los intereses de sus asociados, atendiendo las competencias de cada organismo.
La proyección regional adquirió una instancia precisa en noviembre de 2018, cuando la CAABPA se incorporó a ALPESCAS durante la reunión celebrada los días 19 y 20 en Guayaquil, Ecuador. García Luchetti integra el directorio de esa alianza, dedicada a la pesca sustentable y la seguridad alimentaria. A través de ella, la Cámara mantiene una vinculación de cooperación con la Coalición Internacional de Asociaciones Pesqueras (ICFA).
Al cumplir 63 años, la institución reafirma el modelo de buques fresqueros de altura y procesamiento en tierra, apoyado en el conocimiento científico y en la viabilidad económica de las empresas. Su agenda de inversión e innovación responde a esa continuidad: conservar los recursos y sostener la capacidad de producir con ellos.
La trayectoria reúne barcos y acuerdos, pero también el tiempo de quienes hicieron de la pesca su oficio. En cada marea hubo jornadas lejos de casa; en cada descarga, trabajo para otras manos. La Cámara lleva una fecha de constitución. La historia que representa lleva, además, la vida de las familias que encontraron en el puerto un lugar para construir su porvenir.
Desde esta redacción, enviamos un afectuoso abrazo a quienes integran la CAABPA y nuestras felicitaciones por sus 63 años de trayectoria. Hacemos extensivo este saludo a quienes los precedieron y a las familias que, a bordo y en tierra, hicieron de la pesca su trabajo y del puerto su lugar en el mundo.
Por DMC






