A horas de la fecha prevista para el inicio de la temporada de langostino en aguas nacionales por fuera de la ZVPJM, el conflicto paritario sigue sin resolución y mantiene a la actividad en un punto de máxima tensión. La discusión ya no gira solo sobre salarios: define si la flota congeladora tangonera sale a pescar o vuelve a quedar atrapada en un arranque condicionado por la falta de acuerdo.
Por el momento, el cuadro formal sigue abierto. La Dirección Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera todavía no habilitó el despacho a pesca objetivo langostino, por lo que cualquier captura continúa encuadrada como incidental de merluza dentro de los parámetros vigentes. Sobre ese plano regulatorio se monta el conflicto central, las cámaras empresarias sostienen desde febrero una propuesta de ajuste sobre los valores de producción que el SOMU aún no convalidó, y esa falta de entendimiento vuelve a empujar a la pesquería hacia un escenario de incertidumbre operativa.
La secuencia remite, inevitablemente, al antecedente inmediato. El año pasado, la apertura formal no alcanzó para poner en marcha la temporada y buena parte de la flota permaneció sin operar durante meses. Ese antecedente pesa sobre cada reunión y sobre cada cuarto intermedio, porque el tiempo biológico, el calendario comercial y la necesidad laboral avanzan más rápido que la negociación.
En el sector empresario, la posición fue expuesta con claridad: sin acuerdo suscripto, no habría salida ordenada de la flota bajo el esquema general discutido en la mesa. Del lado sindical, la resistencia pasa por el impacto que tendría cualquier recorte sobre el salario a la producción. Así, la disputa se concentra en un punto delicado: cuánto ajuste admite una actividad en crisis sin perforar el ingreso de la marinería ni romper el umbral de viabilidad de las empresas.
A ese cuadro se suma un frente externo que agrava el problema. La volatilidad internacional, la presión sobre los costos logísticos y el precio del combustible mantienen inestable la estructura económica del negocio. Aunque el barril mostró una corrección respecto de picos recientes, el gasoil todavía no reflejó esa baja y el mercado sigue atado a señales globales frágiles, en un contexto en el que cada dólar de costo altera la ecuación de una flota que ya viene operando con márgenes estrechos.
Pero el dato que empezó a modificar el clima del conflicto llegó en las primeras horas de la mañana de hoy. Según pudo saber la redacción de PESCARE a través de una fuente del sector con acceso preciso al movimiento operativo, la apertura oficial de la temporada de pesca de langostino fuera de la ZVPJM 2026 quedará habilitada mañana, 15 de abril de 2026, y al cierre de ayer ya había 16 buques congeladores al despacho para iniciar operaciones al norte del paralelo 41°S. Entre ellos sobresalen ocho unidades de Conarpesa, (el BP Don Juan Alvarez despachado y en rada Puerto Madryn esperando la notificación de apertura formal), siete de Argenova y el Mar Sur.
El dato altera el equilibrio de la negociación; la presión sobre el SOMU entra así en horas decisivas, entre la posibilidad de firmar bajo un esquema de recorte sobre la producción, avanzar hacia una definición de cese de actividades, o quedar desplazado por convenios particulares entre empresas y personal embarcado que, en los hechos, aseguren el inicio operativo de la flota congeladora tangonera.
La temporada, así, quedó al borde de comenzar. Falta la firma, falta la resolución política del conflicto y falta la definición final del gremio. Lo que ya no falta es flota lista para zarpar.
Actualización
Con el avance de la mañana, el escenario comenzó a ordenarse con mayor nitidez y permitió distinguir, ya sin zonas grises, la arquitectura real con la que cada empresa decidió encarar el inicio operativo. En ese relevamiento, este medio pudo establecer que las compañías que avanzaron con Acuerdos Particulares lo hicieron bajo esquemas claramente diferenciados.
En el caso de Argenova, el entendimiento suscripto preserva íntegramente la paritaria 2025-2026, lo que en términos concretos implica que su personal embarcado zarpará bajo las mismas condiciones económicas y laborales vigentes en la temporada anterior, sin alteraciones respecto de los parámetros ya conocidos por la tripulación.
Distinta es la situación en Conarpesa. Según pudo confirmar este medio en la mañana de hoy, a partir del testimonio directo de un alto directivo de la compañía, el modelo de acuerdo que en las últimas horas comenzó a circular en redes sociales es auténtico, se encuentra validado por la empresa y corresponde, efectivamente, al instrumento firmado por su tripulación.


La misma fuente aportó, además, un dato de fuerte impacto estructural para la lectura del conflicto, en la convocatoria privada de contratación impulsada por la firma se registraron alrededor de 2.500 postulaciones, un volumen que expone con crudeza y magnitud la dimensión de la demanda laboral existente en el sector y revela hasta qué punto la necesidad concreta de embarque y empleo empezó a imponerse sobre la capacidad de disciplinamiento de la protesta sindical.
En ese contexto, y con un número creciente de buques a la espera de una notificación para zarpar, el margen de maniobra de la actual conducción del SOMU ingresa en una fase de visible deterioro, sometida ahora a una presión operativa, empresaria y laboral que erosiona su centralidad en la definición inmediata del conflicto.






