Con la temporada nacional de langostino próxima a comenzar, ad referéndum de los resultados de la campaña que se está realizando en aguas nacionales a bordo del BP Destiny, el sector atraviesa una instancia clave sin acuerdos cerrados y con múltiples interrogantes abiertos. En ese escenario, los relevos —históricamente relegados dentro de la actividad— comienzan a ganar visibilidad en una dinámica que podría redefinir su rol en la pesca.
Las negociaciones entre el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) y las cámaras empresarias —CAPeCA, CAPIP y CEPA— continúan sin arribar a un acuerdo sobre los valores de producción y las condiciones salariales de la flota congeladora tangonera. No hay apuro mientras las cámaras de frio continúan llenas de langostino de aguas provinciales y hoy, ganando espacio esa vertiente dentro de la política pesquera empresaria que no quiere salir a pescar por fuera de la ZVPJM.
A pesar de los encuentros recientes, las diferencias persisten y mantienen en suspenso el inicio efectivo de la temporada, que por ahora no tiene una definición concreta. No es casual.
En paralelo a la negociación económica, otro factor comienza a ganar peso dentro del sector: la discusión sobre la representatividad del sindicato.
Mientras desde el SOMU sostienen que continúan siendo la autoridad legítima hasta tanto exista una resolución judicial firme, (cosa que desde esta columna no se pronuncia a favor ni en contra), parte de los trabajadores y del empresariado cuestiona abiertamente esa condición en un escenario atravesado por mandatos vencidos y por un proceso electoral que sigue empantanado.
Allí emerge, con toda su gravedad, el papel de una Justicia exasperantemente lenta, desacompasada de la lógica temporal que impone la pesca y peligrosamente ajena a las consecuencias concretas de su demora. Lo que en los expedientes aparece como dilación, en el muelle se traduce en parálisis, incertidumbre, pérdida de productividad y deterioro económico para el sector trabajador.
Se trata de una ineficacia judicial que interfiere, condiciona y obstaculiza el normal desenvolvimiento de la actividad pesquera, justamente en un momento de extrema sensibilidad, cuando el recurso biológico, apenas sea confirmado por el INIDEP a través de la campaña en curso a bordo del BP Destiny, podría habilitar al CFP para dar inicio de una nueva zafra (“al norte”), por fuera de la ZVPJM.
Cada día de indefinición judicial se convierte en un factor material de bloqueo sobre una actividad que no puede esperar los tiempos muertos de un sistema que llega tarde, decide tarde y, en esa tardanza, también daña a todo el componente productivo, donde el hilo mas delgado, sin dudas, es el tripulante relevo.
Esta tensión introduce un elemento de incertidumbre adicional en la negociación, que excede lo estrictamente salarial. En este marco, algunos actores del sector empresario comenzaron a deslizar la posibilidad de avanzar con esquemas alternativos de contratación individual por empresa.
Entre ellos, el empresario Fernando Álvarez Castellano ha planteado en distintas oportunidades su intención de evaluar acuerdos individuales para poder operar su flota, en función de la falta de definiciones dentro del esquema tradicional de negociación.
Es en este punto donde los relevos empiezan a adquirir un nuevo significado dentro de la actividad; los eternos “pateadores de muelle” que muchas veces pasan las penurias de la intemperie o en el mejor de los casos, en pensiones de bajísima calidad, pululan sin la posibilidad de encontrar un trabajo digno que alimente a sus familias.
Durante la última temporada, estos trabajadores eventuales fueron uno de los sectores más afectados por la paralización de la flota y la reducción de la actividad, quedando en gran medida fuera del sistema productivo; eso no aparece en ninguna estadística, se corrobora caminando los muelles.
Sin embargo, el escenario actual abre una posibilidad distinta. La eventual implementación de acuerdos individuales —sumada a la disponibilidad de este tipo de mano de obra— los posiciona como una alternativa concreta para sostener la operatoria de la flota en caso de que no haya definiciones en la negociación colectiva.
Sin afirmarlo como un hecho, dentro del sector comienza a instalarse la idea de que los relevos podrían pasar de un rol secundario a uno mucho más visible en la dinámica de la próxima temporada.
La posibilidad de que los relevos ganen protagonismo no solo responde a una cuestión operativa, sino que también expone situaciones más profundas dentro de la actividad, el alcance de la representación sindical, las formas de contratación y el equilibrio entre trabajadores y empresas.
En un contexto aún abierto, donde las definiciones no terminan de concretarse ante el avance implacable del tiempo, la temporada de langostino podría no solo marcar el ritmo de la producción, sino también poner en evidencia un cambio en la lógica tradicional del sector.






