El INIDEP puso en marcha una nueva campaña conjunta argentino-uruguaya para determinar áreas de desove y cría de merluza entre los 35°S y 39°S, en una etapa donde el organismo intensificó la frecuencia de sus investigaciones en el Mar Argentino y amplió el seguimiento sobre el estado de los principales recursos pesqueros.
La campaña conjunta argentino-uruguaya comenzó el pasado 20 de mayo a bordo del BIP Víctor Angelescu y se extenderá durante 23 días. El trabajo buscará analizar la distribución de ejemplares reproductores y organismos en actividad reproductiva, además de identificar zonas de post-puesta y reposo tanto en plataforma como en el talud continental.
La investigación se concentrará sobre el efectivo norte de merluza común (Merluccius hubbsi), uno de los recursos históricos más importantes de la pesca argentina y cuya evolución biológica continúa bajo permanente observación científica y administrativa; principalmente en el efectivo norte y ZCP.
Según informó el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, los estudios permitirán estimar variables clave como proporción de sexos, estructura de longitudes y edades, fecundidad, frecuencia de puesta y producción potencial de huevos. A partir de esos datos, los investigadores buscarán inferir el potencial reproductivo actual del recurso y detectar áreas sensibles vinculadas al desarrollo de juveniles.
La campaña también incluirá el relevamiento de huevos, larvas y juveniles de merluza, además de un monitoreo ambiental sobre el ecosistema de altura bonaerense. Para ello se medirán variables físicas como temperatura, salinidad, profundidad y corrientes marinas, junto con parámetros biológicos relacionados con la abundancia y composición del fitoplancton y zooplancton.
En ese recorrido, el esfuerzo pesquero también adquiere una dimensión institucional más amplia: a través del Derecho Único de Extracción, el aporte del sector privado vuelve al sistema como una forma concreta de reinversión, capaz de fortalecer áreas vinculadas al conocimiento biológico, la investigación científica y el seguimiento técnico de los recursos. Allí se articula una lógica virtuosa, positiva; la actividad extractiva contribuye a financiar herramientas que permiten comprender mejor el estado de las especies, ordenar el esfuerzo sobre bases más precisas y sostener una pesca cada vez más responsable, con el doble objetivo de preservar la sostenibilidad del caladero y alcanzar el mayor desarrollo posible de capturas dentro de criterios científicos, previsibles y duraderos.






