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    Perú frena la segunda temporada de anchoveta y agrava la escasez mundial de harina y aceite de pescado

    PescarePor Pescare17 de octubre de 202616 Minutos
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    La decisión de PRODUCE, respaldada por el IMARPE tras detectar un 79% de ejemplares juveniles, profundiza la incertidumbre sobre el abastecimiento mundial de harina y aceite de pescado. Los mercados ya anticipaban la escasez, mientras la industria peruana enfrenta una prolongada paralización y miles de trabajadores ven comprometidos sus ingresos.
    La industria anchovetera peruana enfrenta una prolongada paralización tras la decisión de PRODUCE de cancelar la segunda temporada de pesca en la zona norte-centro. La elevada presencia de juveniles obliga a preservar el recurso, mientras la menor oferta presiona los precios internacionales de harina y aceite de pescado.

    El mercado internacional conoció primero el precio y después la decisión. El 15 de octubre, la harina de pescado peruana de calidad super prime ya se ofrecía en Shanghái entre 24.000 y 25.000 yuanes por tonelada. Un día más tarde, el Ministerio de la Producción de Perú (PRODUCE) confirmó que la zona norte-centro de su litoral terminará 2026 sin una segunda temporada de pesca de anchoveta (Engraulis ringens). La resolución convirtió una expectativa comercial de escasez en una restricción concreta sobre el abastecimiento futuro.

    La secuencia es importante porque permite interpretar correctamente lo ocurrido. Los precios ya habían incorporado buena parte del riesgo antes del anuncio oficial. La novedad del 16 de octubre fue la confirmación que la principal región anchovetera peruana permanecerá sin una nueva campaña industrial durante el resto del año, con consecuencias sobre la producción de harina y aceite de pescado, la disponibilidad de mercadería y las próximas negociaciones de suministro.

    Perú ocupa una posición determinante en ese mercado. En un año promedio aporta alrededor del 20% de la producción mundial de ingredientes marinos, según IFFO, y lidera las exportaciones internacionales de harina de pescado. La evolución de su pesquería condiciona así decisiones comerciales que se toman a miles de kilómetros de sus puertos, especialmente en China, principal comprador del producto peruano.

    La medida responde a una situación biológica que obliga a diferenciar entre la cantidad de peces presentes en el mar y la porción que puede capturarse sin comprometer su renovación.

    Una biomasa de 5,12 millones de toneladas dominada por juveniles

    La evaluación del Instituto del Mar del Perú (IMARPE), realizada durante el Crucero Científico 2609-10 con información recopilada hasta el 7 de octubre, estimó una biomasa acústica de 5,12 millones de toneladas de anchoveta en la región norte-centro.

    El volumen resultó un 27,9% inferior al registrado durante el verano de 2026 y un 22,8% menor que el promedio de las evaluaciones de invierno-primavera correspondientes al período 1996-2025.

    Sin embargo, la principal limitación apareció en la estructura poblacional: el 79% de los ejemplares evaluados eran juveniles, equivalentes al 65% de la biomasa en peso.

    La población mantiene una presencia significativa, pero una proporción dominante todavía debe incorporarse al stock reproductor. Esa condición reduce las posibilidades de extracción inmediata y explica el criterio precautorio adoptado por las autoridades.

    El diagnóstico científico también identificó una actividad reproductiva inferior a sus patrones históricos, aunque persistían episodios de desove entre Chimbote y Pisco.

    A ello se agregan las condiciones oceanográficas cálidas anómalas, que modificaron la distribución de la anchoveta: los cardúmenes se concentraron en sectores costeros, mostraron desplazamientos hacia el sur y permanecieron a mayores profundidades que las habituales.

    Ese comportamiento tiene consecuencias operativas. Altera la disponibilidad del recurso para la flota y complica la selectividad de las capturas, especialmente cuando conviven juveniles y adultos en áreas relativamente restringidas.

    La anchoveta forma parte de la base alimentaria del ecosistema de la corriente de Humboldt. Su elevada productividad está vinculada al afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes, un mecanismo sensible a las alteraciones oceanográficas asociadas con El Niño. La protección de los juveniles busca conservar la capacidad reproductiva sobre la que deberán sostenerse las próximas temporadas.

    En este escenario, la biomasa estimada por IMARPE constituye una medición científica de abundancia, mientras que la cuota pesquera depende de las condiciones biológicas que permiten autorizar su explotación.

    El viceministro de Pesca y Acuicultura, Jesús Barrientos, fundamentó la decisión en la necesidad de preservar esa capacidad de renovación, de acuerdo con los resultados de la investigación científica.

    De una cuota de 1,9 millones de toneladas a una campaña prácticamente paralizada

    La gravedad económica del anuncio encuentra su antecedente inmediato en la primera temporada de 2026.

    PRODUCE había autorizado el comienzo de las operaciones el 9 de abril, mediante la Resolución Ministerial N.º 000085-2026-PRODUCE, con un Límite Máximo Total de Captura Permisible de 1.914.049 toneladas para la región norte-centro.

    La actividad quedó suspendida precautoriamente en junio ante las condiciones adversas del recurso. Posteriormente, la Resolución Ministerial N.º 00285-2026-PRODUCE dispuso la conclusión formal de la temporada.

    El resultado fue extraordinariamente bajo: solo se ejecutó el 24,61% de la cuota, equivalente a aproximadamente 471.000 toneladas de captura.

    La diferencia supera 1,44 millones de toneladas de cuota autorizada que quedaron sin utilizar. Se trata de capacidad extractiva prevista y finalmente frustrada, una distinción necesaria para evitar que ese volumen se interprete como biomasa perdida o como producción de harina efectivamente disponible.

    La decisión del 16 de octubre prolonga las consecuencias de aquella campaña. Después de una primera temporada con una utilización mínima de la cuota, la principal región productora queda sin una segunda oportunidad de extracción industrial durante 2026.

    El alcance geográfico también requiere precisión. La medida corresponde a la zona norte-centro, mientras que el sur peruano cuenta con un régimen independiente y una segunda temporada autorizada entre julio y diciembre, con una cuota máxima de 251.000 toneladas. Su escala es considerablemente menor y tiene una participación distinta en el abastecimiento nacional.

    La harina peruana aumentó 89% en un año y China negocia con existencias reducidas

    El mercado había comenzado a registrar el deterioro de la oferta mucho antes de conocerse la resolución.

    La serie de precios de materias primas del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestra que la harina de pescado peruana con 65% de proteína alcanzó en septiembre de 2026 una referencia de 2.950,79 dólares por tonelada CIF, frente a 1.559,30 dólares en septiembre de 2025. El aumento interanual fue del 89,2%.

    Esta referencia permite medir la evolución del mercado sobre una misma especificación y una misma metodología de cotización. Su importancia radica también en la fecha: corresponde a septiembre, varias semanas antes de que PRODUCE comunicara la cancelación de la segunda temporada.

    La escalada aparece confirmada desde otra perspectiva en el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), difundido en julio.

    Según ese relevamiento, la harina peruana super prime alcanzó en mayo los 2.500 dólares por tonelada FOB, frente a aproximadamente 1.400 dólares un año antes. La variación rondó el 79%.

    La FAO registró además un precio de 4.100 dólares por tonelada para el aceite de pescado destinado a alimentación animal, con un aumento interanual del 64%.

    Las cifras corresponden a distintas calidades, condiciones comerciales y momentos del año. Su lectura conjunta muestra el encarecimiento de los ingredientes marinos, pero exige mantener separados los precios FOB en origen, las referencias CIF y las cotizaciones portuarias de destino.

    En China, el seguimiento especializado de Mysteel permite observar el tramo más reciente del proceso.

    Ayer, 16 de octubre, los comerciantes del puerto de Shanghái ofrecían harina peruana super prime, con un contenido proteico mínimo del 68%, a 24.000-25.000 yuanes por tonelada. (U$S 3.700 por tonelada). La calidad japonesa, de al menos 67% de proteína, registraba referencias de 23.000-23.500 yuanes, mientras la calidad estándar de 65% se ubicaba entre 21.500 y 22.000 yuanes.

    Estas referencias corresponden a ofertas comerciales en el mercado chino, sujetas a negociación y a las características de la mercadería. Su diferencia con los indicadores internacionales responde, entre otros factores, a la calidad, la localización del producto y las condiciones de comercialización.

    La misma fuente confirmó que el rango de la harina super prime ya se encontraba en 24.000-25.000 yuanes el 15 de octubre, antes del anuncio peruano. Por lo tanto, la decisión oficial consolidó un escenario de escasez previamente reflejado en los precios; su efecto adicional deberá comprobarse en las operaciones posteriores.

    El comportamiento de los inventarios refuerza esa situación.

    Al jueves 15 de octubre (antes de ayer), las existencias de harina de pescado importada en los principales puertos chinos sumaban 120.500 toneladas, según Mysteel, con una reducción semanal del 4,97%.

    China representa el principal destino de la producción peruana. Durante 2025 adquirió 999.000 toneladas de harina de pescado procedente de Perú, equivalentes al 78% de sus exportaciones y aproximadamente a la mitad de las importaciones chinas de ese producto, de acuerdo con la FAO.

    Con un comprador de semejante magnitud, el ajuste de la oferta peruana repercute sobre una cadena comercial que depende de la regularidad de los embarques y de la reposición de inventarios.

    Existe, sin embargo, una particularidad: las cotizaciones elevadas conviven con operaciones condicionadas por la resistencia de algunos compradores a convalidar esos valores. El mercado chino también examina suministros alternativos, especialmente del sudeste asiático, aunque las diferencias de calidad impiden considerar todas las procedencias como sustitutos equivalentes.

    La producción mundial de ingredientes marinos se encamina a su menor nivel desde 2016

    Las dificultades peruanas ya estaban incorporadas a las proyecciones internacionales antes de conocerse la decisión.

    El 5 de octubre, IFFO – The Marine Ingredients Organisation anticipó que la producción mundial de harina de pescado podría situarse por debajo de 4,6 millones de toneladas durante 2026, el menor volumen desde 2016.

    Para el aceite de pescado proyectó aproximadamente 1,15 millones de toneladas, también el nivel más bajo desde aquel año.

    El informe aportó otro indicador relevante. Hasta agosto, la producción acumulada de harina de pescado en los países relevados por IFFO registraba una caída interanual del 45%, mientras la de aceite disminuía 26%.

    Esos porcentajes corresponden a la muestra de países y empresas utilizada por la organización, representativa de aproximadamente el 40% de la producción mundial de harina y el 50% de la de aceite. Constituyen una medición sectorial de amplia cobertura, aunque deben distinguirse de las estimaciones correspondientes al total mundial.

    El problema también alcanza a otros proveedores. Chile redujo su cuota de anchoveta para 2026 un 44%, hasta 625.000 toneladas, mientras el Atlántico Norte experimentó restricciones sobre algunas fuentes de materia prima.

    En ese contexto, la ausencia de una nueva campaña industrial en la región norte-centro peruana profundiza un desequilibrio que ya involucraba a varios productores.

    Para el aceite de pescado, la situación presenta una dificultad adicional. Su producción depende de las toneladas procesadas y del contenido graso de la materia prima. Las evaluaciones realizadas durante la campaña peruana habían advertido bajos contenidos de grasa, circunstancia que puede disminuir el rendimiento industrial incluso cuando existe pescado disponible.

    Menores capturas y menor rendimiento oleoso representan dos restricciones diferentes sobre el volumen potencial de aceite. Esa combinación interesa especialmente a los compradores que necesitan cumplir especificaciones nutricionales determinadas.

    El abastecimiento entra en las negociaciones de la acuicultura

    La consecuencia comercial más inmediata aparece en la reposición de mercadería y en los contratos futuros.

    La harina de pescado aporta proteínas de elevada digestibilidad y perfiles de aminoácidos utilizados en la formulación de alimentos para peces y crustáceos. El aceite suministra lípidos marinos y ácidos grasos omega-3, particularmente EPA y DHA, necesarios en determinadas dietas acuícolas.

    Su utilización varía según la especie, el estadio de cultivo y los objetivos nutricionales de cada fabricante.

    La restricción de los ingredientes marinos puede aumentar los costos de formulación y modificar las decisiones de compra, especialmente cuando las empresas necesitan asegurar calidades específicas, continuidad de entregas y volúmenes suficientes para sostener la producción.

    En contratos ya celebrados, el riesgo dependerá de los inventarios comprometidos, las fechas de embarque y las obligaciones acordadas entre las partes. Para las compras pendientes, los valores de reposición y la disponibilidad física adquieren mayor importancia.

    La búsqueda de proteínas vegetales, aceites alternativos y otras fuentes de nutrientes puede moderar parte de esas dificultades. Sin embargo, cualquier sustitución requiere compatibilidad nutricional y validación técnica. En particular, reemplazar aceite de pescado manteniendo determinados niveles de EPA y DHA plantea exigencias diferentes de las que intervienen al sustituir una fuente de proteína.

    El encarecimiento también alcanza segmentos de alimentación porcina y avícola, además de las industrias que emplean aceites marinos para productos nutricionales.

    Su traslado a los precios finales dependerá de la proporción de ingredientes marinos utilizada en cada formulación y de la capacidad de las empresas para absorber o renegociar costos.

    Por el momento, la información verificable permite identificar presión sobre las nuevas contrataciones y el abastecimiento futuro, pero resulta insuficiente para cuantificar incumplimientos contractuales, primas generalizadas o aumentos de precios posteriores al anuncio del 16 de octubre.

    Perú: inactividad y el riesgo de perder capacidad productiva

    La decisión también produce consecuencias inmediatas dentro del país. En las regiones anchoveteras, una campaña industrial mantiene actividad sobre las embarcaciones, el procesamiento en plantas, el transporte y numerosos servicios asociados. La prolongación de la paralización afecta los ingresos de los trabajadores y obliga a las empresas a sostener estructuras operativas durante meses de escasa actividad.

    La Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) manifestó su respeto por el fundamento científico de la medida, pero reclamó respuestas económicas para enfrentar una interrupción que podría extenderse hasta una próxima temporada de 2027.

    La dimensión laboral aparece cuantificada en un estudio elaborado por APOYO Consultoría por encargo de la SNP. Bajo un escenario de El Niño extremo, el trabajo estimó que la actividad podría registrar 78.000 empleos menos en 2026 y otros 44.000 en 2027, respecto de su escenario de referencia.

    Se trata de proyecciones de impacto bajo condiciones climáticas severas, cuya evolución dependerá del comportamiento efectivo de la actividad. La SNP estima que la cadena pesquera industrial genera habitualmente alrededor de 250.000 puestos directos e indirectos.

    El gremio solicitó medidas para preservar el empleo, facilitar financiamiento y sostener la cobertura sanitaria de los tripulantes.

    La reacción también alcanzó a los armadores de embarcaciones de madera. La Asociación Nacional de Armadores Pesqueros de la Ley 26920 (ANAP 26920) anunció una movilización para el 21 de octubre en Piura y otras regiones, con reclamos vinculados al acceso al crédito, las obligaciones tributarias y la continuidad de los servicios de salud para los trabajadores.

    Existe un antecedente regulatorio que merece distinguirse de esas demandas. Mediante la Resolución Ministerial N.º 00323-2026-PRODUCE, del 15 de septiembre, el Gobierno determinó que la primera temporada norte-centro de 2026 quedara excepcionalmente excluida del cálculo referido a la obligación de extraer el 80% del límite máximo de captura por embarcación.

    La disposición protege los derechos de participación futura de los armadores frente a un desempeño anormalmente bajo causado por condiciones oceanográficas acreditadas. Constituye una medida de resguardo de las cuotas individuales, aunque tiene un alcance diferente del financiamiento y la asistencia laboral que actualmente solicita el sector.

    El desafío institucional consiste en preservar la renovación de la anchoveta y, durante ese proceso, mantener las condiciones que permitan la continuidad de las empresas y sus trabajadores.

    El Niño mantiene abierta la incertidumbre sobre 2027

    La evolución climática prolonga ese escenario.

    El 16 de octubre, la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) publicó su Comunicado Oficial N.º 18-2026, en el que mantuvo la alerta por El Niño costero.

    El organismo prevé que el fenómeno presente, con mayor probabilidad, una magnitud extraordinaria hasta enero de 2027, seguida de condiciones todavía fuertes durante los primeros meses del otoño austral.

    La advertencia tiene importancia pesquera porque las temperaturas del agua y sus efectos sobre la distribución del recurso pueden condicionar nuevamente la accesibilidad, el estado reproductivo y el desarrollo de los juveniles.

    Las proyecciones climáticas describen un escenario de riesgo, mientras que las futuras autorizaciones de pesca seguirán dependiendo de las evaluaciones biológicas y oceanográficas que realice IMARPE.

    Así, el calendario comercial de 2027 permanece vinculado a la recuperación del recurso, cuya evolución determinará las posibilidades de reanudar la actividad extractiva.

    Argentina: una oportunidad comercial

    Las consecuencias también alcanzan a la industria pesquera argentina, particularmente a las empresas que elaboran harina y aceite a partir de la materia prima generada por el procesamiento de pescado.

    El 13 de octubre, tres días antes de la decisión de PRODUCE, PESCARE había documentado una mejora significativa en el desempeño exportador nacional.

    Con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reunidos para aquella investigación, las exportaciones argentinas de harina de pescado alcanzaron 18.514 toneladas y 25,57 millones de dólares entre enero y agosto de 2026.

    Frente al mismo período de 2025, el volumen creció 40,1% y la facturación aumentó 73,7%. El valor FOB promedio pasó de 1.114 a 1.381 dólares por tonelada, una mejora cercana al 24%.

    La evolución confirma que el mercado argentino ya venía recibiendo una señal favorable del comercio internacional antes de la resolución peruana.

    Las diferencias entre esos valores y las cotizaciones de harina peruana responden a las características de los productos, sus especificaciones de calidad y las condiciones de venta. Por ello, las referencias chinas de harina super prime deben analizarse separadamente del promedio exportador argentino.

    El interés estratégico para el país reside en la posibilidad de incrementar el valor obtenido de la misma materia prima pesquera mediante el aprovechamiento industrial de sus subproductos. Pero sobre todo, el impacto que tendrá en el costo nutricional de especies de cultivo que compiten con las principales especies argentinas, Merluza-Tilapia y Langostino Salvaje austral-Camarón de cultivo.

    Según IFFO, durante 2024 el 34% de la harina de pescado mundial y el 54% del aceite de pescado se produjeron a partir de subproductos del procesamiento de especies destinadas originalmente al consumo humano.

    En Argentina, cabezas, espinazos, vísceras y recortes procedentes de la industria pesquera pueden transformarse en ingredientes marinos comercializables cuando existen condiciones adecuadas de conservación, recuperación y elaboración.

    La menor disponibilidad internacional fortalece el interés económico por esos procesos. Su aprovechamiento permite agregar valor a la actividad de las plantas y ampliar las posibilidades de comercialización.

    La recuperación del recurso definirá el próximo ciclo comercial

    El anuncio de PRODUCE establece un límite que la industria deberá incorporar a sus decisiones durante los próximos meses.

    Perú concluye 2026 con una primera temporada norte-centro que apenas utilizó una cuarta parte de la cuota autorizada y con una segunda campaña que no llegará a realizarse. China enfrenta inventarios reducidos y valores de reposición elevados, mientras la acuicultura mundial debe asegurar ingredientes cuyas posibilidades de sustitución responden a exigencias nutricionales específicas.

    La importancia económica de la anchoveta encuentra su explicación en esa relación entre el mar peruano y las industrias que dependen de sus productos. Una alteración en su disponibilidad se transmite a los mercados internacionales mediante menores volúmenes de producción y mayores costos de abastecimiento.

    Para Perú, además, la interrupción impone una dificultad inmediata: sostener la actividad industrial y el empleo durante el período necesario para que el recurso alcance condiciones favorables de explotación.

    La próxima temporada dependerá de la generación de anchovetas que hoy permanece mayoritariamente en estado juvenil. Su evolución biológica determinará cuándo podrá recuperarse la producción y cuánto abastecimiento adicional estará en condiciones de ofrecer Perú al mercado mundial.

    Hasta entonces, la industria deberá negociar sobre una oferta restringida, mientras la conservación del recurso define las posibilidades comerciales de los próximos años.

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