El temporal que atravesó el litoral marítimo argentino dejó una marca precisa sobre dos espacios de alto valor operativo, la costa oeste del Golfo San Matías y el sistema portuario del sur bonaerense, con especial alcance sobre la rada y los puertos de Bahía Blanca. Las ráfagas extremas y la sudestada alteraron infraestructura, forzaron evacuaciones preventivas y expusieron la vulnerabilidad de activos estratégicos frente a eventos meteorológicos de gran intensidad.
En la costa rionegrina, el episodio más significativo se registró en Punta Colorada, donde el consorcio Vaca Muerta Oil Sur desarrolla una de las obras energéticas más ambiciosas del país. Allí, vientos superiores a los 120 kilómetros por hora dañaron dos tanques de la red contra incendios que se encontraban en fase de montaje dentro del área de construcción. La contingencia obligó a una evacuación preventiva en la zona de la terminal, una decisión orientada a preservar la seguridad del personal mientras persistían las condiciones adversas.

De acuerdo con la información difundida por la empresa, el impacto se concentró sobre esos dos componentes y no alcanzó al resto de las instalaciones en obra, aunque sí abrió una instancia técnica de evaluación para determinar el alcance material del daño y reorganizar el cronograma de trabajos. La prioridad inmediata pasó a ser la reparación, la verificación de condiciones de seguridad y la reanudación de la construcción en el menor plazo posible.
El dato adquiere mayor relevancia por la naturaleza del proyecto. Liderado por YPF junto con otras petroleras, Vaca Muerta Oil Sur apunta a consolidar un sistema de exportación de crudo desde la costa de Río Negro, con proyección sobre futuras iniciativas vinculadas al gas natural licuado. El temporal, en ese marco, no solo afectó una obra en ejecución: alcanzó una pieza central de la arquitectura energética que busca ampliar la capacidad exportadora de la Argentina.
Más al norte, en el ámbito naval del sur bonaerense, la sudestada dejó otro episodio de fuerte carga simbólica y operativa. En la Base Naval Puerto Belgrano, el remolcador ARA Mataco terminó apoyado sobre el fondo tras perder flotabilidad en una zona de escasa profundidad. Las primeras evaluaciones vinculan el hundimiento con el ingreso de agua a bordo en medio del temporal marítimo que elevó el nivel del mar y generó marejada en toda la región, donde pudo generar un rumbo debajo de la línea de flotación.
La unidad permanecía amarrada desde hacía años en un sector no operativo. Su trayectoria dentro de la Armada ya había concluido, llevaba más de una década fuera de servicio, había sido encuadrada en la categoría de “Alistamiento VI” y su destino formal era el remate como chatarra, proceso que incluso había sido dispuesto durante 2024. El hundimiento, por lo tanto, no interrumpió operatorias portuarias ni afectó a otras embarcaciones, pero sí reveló el grado de deterioro acumulado sobre buques radiados que continúan expuestos a la intemperie, al desgaste estructural y a la inactividad operativa.
Personal técnico de la Armada Argentina inició tareas de evaluación para definir si corresponde avanzar con maniobras de reflotamiento o con una eventual remoción del casco. El episodio volvió visible un problema de gestión de activos fuera de servicio, estructuras envejecidas, inmovilizadas durante años, pueden convertirse en una carga material y operativa cuando el clima eleva su agresividad como en los últimos días.
Entre Punta Colorada y Puerto Belgrano, el temporal dejó así una secuencia que recorre buena parte del litoral marítimo argentino, una obra estratégica dañada en plena etapa de desarrollo y un buque fuera de servicio finalmente vencido por el mar.
Son hechos distintos, con escalas y consecuencias diferentes, aunque unidos por una misma señal de fondo. La meteorología extrema en todo el litoral marítimo del Atlántico Sur condiciona todo a su paso en esta época del año.
En tal sentido, también quedó atravesado por el mismo cuadro meteorológico. Casi una decena de tangoneros, entre ellos unidades de la flota de Conarpesa, el Mar Sur y los buques pesqueros de Luis Santander, Nddanddu y Marlene del Carmen, permanecen desde hace 96 horas al abrigo en el fondeadero natural de Bahía Cracker, sobre la costa sur, cerca de la boca del Golfo Nuevo y luego de zarpar con destino pesca desde Puerto Madryn donde, -por ejemplo-, el BP Alvarez Entrena III zarpó a la mañana del día 25 del corriente después de su primer marea y descargar 70 toneladas de excelente langostino en talla y estructura de la zona norte y por fuera de la ZVPJM.

Se trata de un reparo costero de buen fondo, utilizado muchas veces por buques de la Armada Argentina como fondeadero al reparo y resguardo frente a vientos del sudoeste al sudeste.
Mientras algunas unidades optaron por mantenerse a la capa, la flota que se encontraba en el puerto de Mar del Plata desde el martes pasado, primero demorada por la asamblea del SICONARA y paralelamente retenida por ráfagas de hasta 50 nudos, recién zarpó ayer por la mañana con destino zona de pesca en el Mar Argentino. Las condiciones todavía resultan exigentes y comprometidas para operaciones efectivas de pesca, aunque los pronósticos prevén una mejora recién hacia la madrugada de mañana jueves.






