La Secretaría de Pesca de Chubut dispuso la veda de extracción de moluscos bivalvos y gasterópodos en la zona norte del golfo San Jorge, luego de que los análisis del Laboratorio de Salud Ambiental provincial detectaran concentraciones de toxina paralizante de moluscos (TPM) superiores a 400 unidades ratón, un nivel que determina su falta de aptitud para el consumo humano.
La medida, formalizada el 16 de octubre mediante la Circular N.º 001/26 SP, comprende los sectores costeros de Caleta Córdova, Kilómetro 3, Rada Tilly y Playa Belvedere. Los resultados que motivaron la restricción corresponden a muestras obtenidas en las dos últimas estaciones.
La prohibición alcanza a mejillones, cholgas, almejas y otras especies de moluscos bivalvos, además de caracoles marinos. Su aplicación responde a criterios de salud pública y afecta específicamente la extracción de estos recursos. La disposición no comprende la pesca de peces ni de langostino.
El fenómeno, conocido como marea roja, está asociado con floraciones de microalgas capaces de producir biotoxinas que se acumulan en organismos filtradores. Su peligrosidad radica en que los moluscos contaminados pueden conservar su apariencia, olor y sabor habituales, mientras que la cocción o el agregado de vinagre y limón resultan insuficientes para eliminar las toxinas.
Las autoridades recomendaron abstenerse de recolectar y consumir ejemplares procedentes de las zonas vedadas y evitar su adquisición fuera de los circuitos comerciales habilitados.
La continuidad de la restricción quedará sujeta a los resultados de nuevos muestreos y a las evaluaciones sanitarias correspondientes.
Investigan una posible relación con la mortalidad de ballenas
En paralelo, otro episodio sanitario concentra la atención científica sobre el litoral chubutense. La aparición reciente de ballenas francas australes (Eubalaena australis) muertas en Península Valdés abrió una investigación sobre las causas de los decesos y la posible intervención de biotoxinas marinas.
La Secretaría de Ambiente de Chubut informó el 15 de octubre que especialistas de la Red de Fauna Costera y del Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, coordinado por Marcela Uhart, realizan necropsias y análisis biológicos. El operativo contempla además muestreos de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José.
Los investigadores distinguen dos situaciones sanitarias. En ballenatos examinados durante los meses anteriores se detectó la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, asociada con cuadros de septicemia. Los ejemplares adultos encontrados recientemente presentan características diferentes, por lo que se estudia una posible intoxicación vinculada con la alimentación.
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) advirtió que las causas de esta nueva mortalidad permanecen bajo investigación y que su determinación requiere completar los análisis de laboratorio.
El antecedente científico de 2022
La hipótesis de intoxicación tiene un antecedente documentado. Durante la primavera de 2022, una floración algal nociva en el golfo Nuevo coincidió con la muerte de 30 ballenas francas australes.
Una investigación del CESIMAR-CONICET, difundida en mayo de 2026, documentó la transferencia de toxinas desde el fitoplancton hacia el zooplancton y otros componentes de la cadena alimentaria marina, incluidos mamíferos de gran tamaño. El estudio también identificó exposición a toxinas paralizantes en ballenas y lobos marinos.
Ese conocimiento científico respalda la investigación actual, aunque la presencia de toxinas en el golfo San Jorge y la mortalidad de ballenas en Península Valdés constituyen episodios geográficamente distintos, cuya eventual relación todavía debe establecerse.
Por ahora, Chubut enfrenta una restricción sanitaria efectiva sobre la extracción de moluscos y una investigación abierta sobre la mortalidad de cetáceos. Los próximos resultados de laboratorio van a determinar el alcance del fenómeno y orientar las decisiones de vigilancia y conservación del ecosistema marino costero.






