El precio promedio FOB declarado del langostino argentino entero congelado a bordo llegó en 2025 a US$ 7.240 por tonelada y recuperó el nivel más alto de la serie reciente. Esto es dato oficial, aunque las primeras operaciones de la campaña 2026 no están aun contempladas en los informes del INDEC, extraoficialmente se supo que los primeros embarques estuvieron entorno a los US$ 6.500/US$ 7.450; aunque no sean valores representativos de toda la campaña ni comunes a una misma empresa.
La evolución del langostino argentino vuelve a colocar al sector frente a una pregunta económica de fondo, cuánto vale realmente el principal recurso exportador de la pesca nacional cuando sale del puerto, llega a los grandes mercados y se enfrenta a una estructura local de costos cada vez más exigente.
Los datos oficiales muestran una recuperación relevante. En 2025, las exportaciones argentinas de langostino alcanzaron 119.775 toneladas por US$ 867 millones, con un precio promedio de US$ 7.240 por tonelada. El registro marca una mejora frente a 2024, cuando el valor medio había sido de US$ 6.418 por tonelada, y devuelve al producto a una zona de precio más cercana a los mejores años recientes.
El dato importa porque el langostino expresa mucho más que una estadística comercial. En la Argentina, su cotización externa ordena buena parte de la ecuación pesquera: flota congeladora, plantas de reproceso, empleo industrial, logística portuaria, divisas y capacidad exportadora. Cada variación del precio internacional impacta sobre la rentabilidad de la marea, el margen de la industria y la posibilidad de sostener actividad en tierra.
La serie larga muestra una economía más compleja que la simple comparación anual. En 2010, el precio promedio de exportación del langostino argentino se ubicaba en torno de US$ 6.096 por tonelada. En 2025 llegó a US$ 7.240 por tonelada. La mejora nominal en quince años existe, aunque aparece moderada frente al incremento de costos internos, la presión fiscal, los gastos de operación marítima, el costo laboral, la energía, los insumos importados y el financiamiento comercial.
El producto tuvo picos de mejor desempeño en distintos momentos. En 2014 rondó los US$ 7.060 por tonelada; en 2018, los US$ 7.013; en 2021 llegó a US$ 7.234; y en 2025 volvió a superar ese nivel, con US$ 7.240. Entre esos máximos, el mercado atravesó años de menor valor relativo, como 2023 y 2024, cuando el promedio quedó en torno de US$ 6.457 y US$ 6.418 por tonelada.
La recuperación de 2025 se explica también por el cambio en el peso relativo de los productos. El langostino entero congelado exportó 57.885 toneladas por US$ 396 millones, con un promedio de US$ 6.848 por tonelada. En cambio, el producto excepto entero —donde se ubican colas y otros formatos con mayor valor unitario— alcanzó 61.890 toneladas por US$ 471 millones, con un promedio de US$ 7.607 por tonelada. Esa diferencia muestra que el valor final depende tanto del mercado de destino como del tipo de presentación exportada.

España sigue siendo el comprador estructural del langostino argentino. En 2025 adquirió 36.866 toneladas por US$ 257 millones, equivalentes al 30% del valor exportado por la especie, con un precio promedio de US$ 6.971 por tonelada. El mercado español conserva una posición central por escala, trayectoria comercial, demanda sostenida y capacidad de absorción del producto argentino dentro de la cadena europea de distribución.
China, en cambio, confirma un papel cada vez más gravitante. En 2025 compró 17.714 toneladas por US$ 122 millones, con un precio promedio de US$ 6.884 por tonelada. El diferencial frente a España fue estrecho, lo que revela una competencia más pareja por el recurso argentino y una demanda asiática con capacidad de incidir en la formación del precio internacional.
La comparación con 2024 permite observar mejor el cambio. Ese año, España había comprado 55.574 toneladas por US$ 328,4 millones, con un promedio de US$ 5.909 por tonelada. China, por su parte, había adquirido 20.272 toneladas por US$ 137,2 millones, con un promedio de US$ 6.767 por tonelada. En 2024, China pagó más en el promedio general; en 2025, ambos mercados quedaron casi alineados, con España levemente por encima.
La lectura sectorial es precisa: España aporta volumen, continuidad y anclaje comercial; China introduce presión competitiva sobre el precio y mayor sensibilidad sobre tallas, disponibilidad y oportunidad de compra. Para la Argentina, esa doble demanda puede mejorar el poder de negociación, pero también obliga a ordenar captura, clasificación, procesamiento, calidad sanitaria, cumplimiento documental y logística exportadora.
En el mercado mayorista chino, las referencias recientes también muestran firmeza. Publicaciones especializadas informaron en junio de 2026 que los precios del langostino argentino en China se mantenían sostenidos con el avance de la temporada offshore, mientras que Undercurrent News lanzó una medición semanal específica para el precio mayorista del Argentine red shrimp en ese mercado.
También aparece allí una lectura que el precio FOB declarado no alcanza a resolver por completo. Una parte relevante de la estructura exportadora pesquera argentina opera con capitales externos, casas matrices, traders o redes comerciales vinculadas en los mercados de destino; bajo ese esquema, el valor informado en origen puede diferir del valor internacional final del producto. La cuestión se inscribe en el campo de los precios de transferencia y obliga a mirar con mayor precisión cuánto de la renta generada por un recurso capturado en aguas argentinas queda efectivamente en el país, y cuánto se desplaza hacia estructuras comerciales externas donde los grupos económicos equilibran su rentabilidad global.
El punto central para la industria argentina está en la brecha entre precio externo y rentabilidad interna. Un valor promedio de US$ 7,24 por kilo FOB puede lucir sólido en la estadística, pero la ecuación final depende del rendimiento de captura, la distancia al caladero, el costo operativo del buque, la estructura tributaria, el tipo de cambio efectivo, los derechos de exportación, el costo financiero y la eficiencia del reproceso.
Por eso, la recuperación del precio abre una oportunidad, aunque también expone el límite de competitividad de la cadena. El langostino argentino conserva demanda internacional, reputación comercial y presencia en los dos grandes polos de compra. La cuestión pasa ahora por transformar ese valor en divisas efectivas, empleo sostenido, actividad portuaria e industria en tierra, dentro de una estructura nacional que todavía carga costos difíciles de absorber.
El recurso mantiene centralidad biológica y económica. España y China muestran que el mercado existe, que el producto argentino conserva atractivo y que el precio volvió a una zona más favorable. El desafío argentino está en capturar una mayor proporción de ese valor antes de que se pierda entre costos internos, presión operativa y menor capacidad de agregado industrial máxime, cuando el precio internacional declarado no guarda correlación positiva con la volatilidad de precios internacionales de los últimos tres lustros.






