La zafra 2026 fuera de la ZVPJM comenzó el 15 de abril con apenas un grupo reducido de buques en operaciones. Mientras una parte acotada del sector salió a pescar mediante acuerdos puntuales, la mayor parte de la flota tangonera continúa amarrada a la espera de un entendimiento entre las cámaras empresarias y el SOMU sobre los valores de producción.
La temporada de langostino 2026 fuera de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza comenzó el 15 de abril a las 0 horas, pero el inicio efectivo mostró desde el primer día un funcionamiento restringido. La postal dominante del arranque fue la de una actividad parcial, condicionada por la falta de acuerdo salarial y por una operatoria que, por ahora, alcanza a una porción reducida de la flota.
En los listados iniciales figuraban ocho buques de Conarpesa y siete de Argenova. Sin embargo, la única estructura empresaria con presencia efectiva en el caladero es, hasta el momento, una parte de la flota de la primera de esas compañías, con nueve barcos operativos. A ese esquema podrían sumarse en breve otras tres unidades bajo la modalidad de acuerdo privado entre partes, según anticipó el presidente de la firma, Fernando Álvarez Castellano, quien también adelantó que el mercado de la demanda internacional del langostino salvaje y natural argentino sabe que el precio de break even (equilibrio) es de U$S 6.000 la tonelada; » abajo de ese valor perdemos todos«, cerró con coherencia.
También quedó en operaciones el tangonero Mar Sur, de Pescargen, que volvió a ubicarse como referencia en un escenario atravesado por la negociación salarial. El antecedente inmediato refuerza ese carácter singular: el año pasado esa embarcación también había quedado como unidad operativa en medio del prolongado conflicto paritario que mantuvo a buena parte de la flota detenida hasta principios de agosto.
El punto central sigue estando en la mesa paritaria. El resto de la flota tangonera continuará amarrado hasta que las cámaras CAPECA, CAPIP y CEPA alcancen un convenio con el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos. La tercera reunión celebrada el mismo miércoles concluyó otra vez sin resultados y dejó intacto el cuadro de incertidumbre con el que comenzó la campaña.
En paralelo, el gremio intentó sostener una vía de acercamiento. En la nota difundida por el sindicato, el SOMU informó que acercó una nueva propuesta salarial con el objetivo de destrabar la negociación y dar continuidad a la operatoria mientras siguen las conversaciones. La organización planteó ajustar los valores de producción al 90% del dólar comprador vigente al momento de la descarga por tonelada e incorporar dos ítems fijos, en una búsqueda explícita por acercar posiciones con el sector empresario.
Dentro de ese marco, el sindicato dejó una definición política y operativa de peso. El secretario general del SOMU, Raúl Omar Durdos, sostuvo: “No hay ningún impedimento para salir a pescar”, una frase que buscó fijar un criterio claro en medio del conflicto y sostener la actividad mientras continúa la discusión por los valores de producción. Desde el propio gremio, además, transmitieron que las partes “estarían algo más cerca para lograr un acuerdo, pero por ahora no termina de encuadrarse en los esquemas de la negociación”, sostuvo con manifiesta buena voluntad para resolver la situacion antes del 9 de mayo, último día que le fue otorgado a la cúpula del SOMU los atributos de representación por parte de las autoridades de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo.
El núcleo de la diferencia permanece concentrado en la liquidación de la producción. El sindicato acepta el ajuste del 22% sobre los valores de producción de langostino a bordo, pero mantiene su reclamo para modificar el porcentaje del tipo de cambio que se utiliza en esa liquidación. El SOMU impulsa que la referencia pase del 78% al 90%, con el argumento de equiparar ese esquema con las condiciones que ya rigen para los oficiales. Allí se ubica hoy el principal eje de fricción.
Las cámaras empresarias mantienen una posición más rígida. Sostienen que la propuesta original sigue siendo el único camino posible para un acuerdo y ligan cualquier mejora a una recuperación del precio internacional del langostino, una variable que, aseguran, ya fue contemplada en las tablas evolutivas presentadas ante la autoridad laboral. Esa diferencia de enfoque mantiene abierto el conflicto y condiciona de manera directa el ritmo real de la temporada.
La apertura formal de la zafra convive así con una normalidad incompleta. Un grupo reducido de buques opera bajo esquemas particulares, mientras el volumen principal de la flota permanece inmovilizado y sujeto al desenlace de una negociación que define costos, ingresos y condiciones de trabajo para toda la campaña. La temporada empezó en el calendario, pero su verdadera escala productiva sigue atada a la resolución de la paritaria.
En ese contexto, la nueva propuesta del SOMU buscó introducir un elemento de flexibilidad para sostener la actividad sin clausurar la negociación. Esa movida le dio al sindicato una presencia más marcada en el centro de la escena y reordenó el foco de la discusión: la atención ya no pasa sólo por la magnitud del ajuste, sino por la fórmula concreta con la que se liquidará la producción a bordo y por la posibilidad de sostener la operatoria mientras ese punto se resuelve.
El arranque parcial de la temporada dejó, así, una señal precisa. La flota que salió a pescar expresa una salida acotada y transitoria; la dimensión real de la temporada seguirá dependiendo del acuerdo que puedan alcanzar el gremio y las cámaras del congelado a bordo en los próximos días. Asimismo, se supo que el sector fresquero, continúa en tibias negociaciones a la espera de lo que se firma por parte de la flota congeladora, aunque avanzaron sobre la posibilidad de un acuerdo similar al del año pasado. Hasta entonces, la zafra de langostino 2026 avanzará con un volumen limitado, bajo presión salarial y con una negociación que conserva el control sobre el ritmo del sector congelador.






