La temporada nacional de langostino (Pleoticus muelleri) comenzó dentro de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza (ZVPJM) con una señal clara en la distribución inicial de la flota, el esfuerzo pesquero se concentró mayoritariamente sobre las subáreas 4 y 5, habilitadas el 29 de mayo, frente al sector norte de la zona autorizada y con Puerto Madryn como puerto operativo más próximo.
La elección no aparece desligada de los resultados previos de la prospección. En esas subáreas, delimitadas entre los paralelos 42° y 43°S y los meridianos 60° y 62°W, los registros iniciales mostraron una composición dominada por langostino de mayor talla, con predominio de L1 y L2, además de una baja incidencia de captura incidental de merluza.
Ese dato explica por qué buena parte de los buques tangoneros congeladores optó por iniciar la zafra en el norte. La flota fue hacia el sector que ofrecía mejores señales comerciales, mayor previsibilidad operativa y un producto más alineado con los valores de exportación. Sin embargo, el inicio recién comienza y la pregunta sectorial pasa ahora por la capacidad de esas concentraciones para sostenerse en el tiempo con toda la flota operando sobre el recurso.

Por el lado del empleo, Puerto Madryn aparece como el puerto más favorecido por su cercanía al caladero (180 millas naúticas). Desde el fin de semana comenzó a recuperar el ritmo intenso que caracteriza cada inicio de zafra, con una estructura operativa preparada para absorber grandes volúmenes de langostino y abastecer al principal complejo manufacturero e industrial procesador y exportador del país.
Al sur, la apertura incluyó las subáreas 15 y 16, ubicadas entre los paralelos 46° y 47°S y los meridianos 62° y 64°W, frente al área marítima vinculada operativamente con Caleta Paula, Puerto Deseado y Comodoro Rivadavia. Allí, la prospección mostró una composición de tallas menos favorable para el mercado, con mayor presencia de L3-2, menor participación relativa de L1 y señales biológicas que demandan seguimiento estricto.
La situación de la subárea 15 merece atención particular. La autoridad pesquera dispuso una fiscalización especial sobre los indicadores biológicos por la aparición de registros puntuales con mayor presencia de juveniles y relación de captura incidental de merluza sobre langostino. Si esa tendencia se mantiene durante los próximos días de pesca comercial, el cierre precautorio de esa subárea quedará dentro de las alternativas de la administración sujeta a previo informe del INIDEP.
El mapa inicial deja así dos realidades dentro de una misma apertura. En el norte, la flota encontró mejores tallas, menor riesgo biológico y un producto de mayor valor comercial. En el sur, la actividad comenzó bajo una observación más ajustada, con rindes menos atractivos y una advertencia administrativa que puede condicionar la continuidad de la operatoria.
El dato favorable es que la temporada comenzó en fecha temprana y dentro del calendario esperado. Luego de un ciclo anterior condicionado por demoras y conflictos laborales, la apertura en aguas nacionales permite ordenar antes la logística de descarga, el abastecimiento de plantas, los compromisos comerciales y la planificación exportadora. Para una pesquería que depende de ventanas biológicas, costos de operación elevados y mercados exigentes, comenzar en tiempo y forma tiene valor económico concreto.
La duda, de todos modos, está puesta en la persistencia del recurso. La concentración inicial sobre las subáreas 4 y 5 puede mejorar los primeros resultados de captura, pero también acelera la presión operativa sobre los sectores que mostraron mejores condiciones. El punto que empieza a observar la industria es si la disponibilidad detectada en prospección alcanzará para sostener varias semanas de actividad con una flota amplia trabajando sobre los mismos polígonos.
Ese interrogante se conecta con otro debate que vuelve a ganar volumen dentro de la pesquería, la posibilidad de ampliar el porcentaje autorizado para producir colas de langostino a bordo. Al pedido formulado por Conarpesa S.A. ante el Consejo Federal Pesquero se sumó el acompañamiento de varias empresas que ven en esa modificación una herramienta para adecuar la oferta argentina a la demanda internacional. Ergo, una mayor posibilidad de procesar langostino a bordo, directamente incide con el volumen de captura total de cada marea.
La discusión aparece en el mismo momento en que la temporada empieza a mostrar sus primeras señales. Si la zafra logra sostener buenos niveles de abundancia en las subáreas de mejor rendimiento, la presión comercial por orientar parte de la producción hacia colas puede crecer. Si el recurso se dispersa o pierde consistencia, la prioridad volverá a concentrarse en eficiencia de captura, costos operativos y preservación de márgenes.
En ese punto, el debate regulatorio y el comportamiento biológico del langostino se cruzan con la estrategia exportadora. La Argentina necesita defender mercados, mejorar valor por tonelada y sostener empleo industrial en sus puertos. La administración pesquera deberá encontrar un balance entre flexibilidad comercial, control del recurso y protección de la cadena laboral que se estructura alrededor de cada marea.
La temporada comenzó con una ventaja concreta: la flota ya está operando en aguas nacionales y el recurso apareció con señales favorables en el norte de la ZVPJM. El desafío que se abre desde ahora será comprobar si esas concentraciones tienen volumen suficiente para sostener la zafra y si el marco normativo logra acompañar las exigencias del mercado sin desordenar el sistema productivo que sostiene al langostino argentino.






