Hablar de acuicultura suele llevar la mirada hacia los lagos y canales de la Patagonia, las costas de Ecuador, los centros tecnológicos de Dinamarca o los fiordos noruegos. Sin embargo, a 440 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a 40 de Mar del Plata, en pleno corazón productivo de la pampa húmeda, existe un desarrollo que obliga a ampliar ese mapa. En un frío día de invierno, Pescare llegó hasta el paraje La Ballenera, en el partido de General Alvarado, donde se encuentran las rutas 77 y 88, para recorrer desde adentro Aqua LVD, un establecimiento que integra recirculación intensiva de agua, bioseguridad de alto nivel y producción genética de especies de elevado valor comercial.
Detrás de los tanques, las tuberías, los filtros y los sistemas de control aparece una historia más profunda: décadas de experiencia aplicadas a cada decisión técnica, una ingeniería pensada hasta en sus detalles menos visibles y una disciplina cotidiana que puede medirse en la bioseguridad, sanidad, el comportamiento y la calidad de cada pez. Allí, en una región asociada históricamente con la agricultura y la ganadería, comenzó a tomar forma uno de los proyectos capaces de abrir una nueva escala para la acuicultura argentina.

«Hace seis años, en un día tan frío como el de hoy, acá no había absolutamente nada. Ese día pusimos la primera estaca.»
La frase del biólogo Luis Delfín Compagnucci no es una anécdota. Es el punto de partida de una historia que comenzó mucho antes de que existiera la minuciosa construcción, los tanques, las salas de incubación y sobre todo lo que no se ve, lo que está debajo del suelo; una planificación, diseño y transporte de miles de metros de tuberías, válvulas y distintos medidores para controlar, calidad de agua, temperatura, presión y recirculación con capacidad de extraer hasta 500.000 litros/hora, que hoy conforman Aqua LVD.
Biólogo con 45 años de experiencia práctica en acuicultura con más de cuatro décadas de actividad documentada, Compagnucci participó en investigaciones sobre nutrición y reproducción de peces, diseñó y dirigió establecimientos de producción intensiva, trabajó con genética y bioseguridad de salmónidos, coordinó programas de piscicultura para pescadores artesanales y formó productores y técnicos en distintas regiones del país.
Su recorrido profesional enlaza los primeros de graduado como biólogo en la Universidad Nacional de Córdoba, amplio conocimiento en piscicultura rural desarrollados en la Patagonia durante la década de 1980 con los actuales sistemas cerrados de recirculación, control sanitario y producción genética aplicados en Aqua LVD, quien fue el responsable de diseñar un proyecto que nació en 2018, cuando el propietario del predio, familia tradicional e histórica de la agricultura y ganadería local, le propuso convertir una parcela de la estancia, en un establecimiento acuícola diferente.
Antes de construir hubo que estudiar. Se realizaron análisis hidrogeológicos, estudios de suelo y evaluaciones físico-químicas del agua para determinar si el lugar reunía las condiciones necesarias para un sistema intensivo de producción. La respuesta fue contundente. El establecimiento se abastece de un acuífero de excelente calidad ubicado a unos 80 metros de profundidad, protegido naturalmente por capas de arcilla y roca granítica que impiden infiltraciones superficiales. «La calidad del agua es espectacular«, resume Compagnucci, convencido que ese recurso será la base del próximo gran paso del proyecto, la producción genética de huevos y alevinos para la acuicultura del mundo.
La recorrida por Aqua LVD estuvo guiada por el propio Compagnucci junto a Emanuel Ledesma, encargado del establecimiento y responsable del manejo diario de los cultivos. Mientras uno explica el fundamento técnico detrás de cada decisión, el otro muestra cómo ese diseño cobra vida todos los días. Se vé en cada uno de sus movimientos, la pasión, compromiso y responsabilidad al servicio de cada pez. La combinación entre la experiencia acumulada durante décadas y el trabajo cotidiano permite comprender rápidamente que el verdadero valor del establecimiento no reside únicamente en su infraestructura, sino también en las personas que la sostienen.
El predio ocupa apenas 1,35 hectáreas, completamente cercadas y con un único acceso habilitado. No es una casualidad. Aqua LVD cuenta con la certificación de SENASA como Predio Cuarentenario de Importación (PSI Nº 024), condición que exige un estricto cumplimiento de protocolos sanitarios para recibir material genético proveniente del exterior y mantener la habilitación mediante auditorías periódicas. «Nosotros hacemos las cosas como corresponden. Sabemos el valor que tienen las certificaciones cuando uno quiere salir al mundo«, afirma Compagnucci.
La visita comienza donde empieza la vida de cada pez.
Antes de ingresar a la sala de incubación hay que atravesar una «zona sucia», cambiar completamente la indumentaria y cumplir un protocolo de desinfección similar al de un quirófano. Recién entonces se accede a la denominada «zona limpia», donde ingresan las ovas embrionadas provenientes de Estados Unidos y Dinamarca. Durante esas operaciones únicamente puede permanecer el personal autorizado y todo el vínculo con el exterior queda interrumpido. Incluso los residuos orgánicos generados durante el proceso son congelados y retirados posteriormente siguiendo las exigencias de SENASA. Todo responde a un mismo objetivo, preservar el estatus sanitario del establecimiento modelo.
Es allí donde nacen los primeros alevinos.
Los primeros alevinos permanecen en tanques cónicos especialmente diseñados para esa etapa del cultivo, construidos en Mar del Plata con plástico reforzado con fibra de vidrio (PRFV), el mismo material utilizado en embarcaciones deportivas. Allí, el ingreso del agua genera una corriente continua que hace que los peces naden siempre en un mismo sentido. La explicación es simple: al reducir el esfuerzo durante el desplazamiento, destinan menos energía al nado y aprovechan mejor el alimento para crecer. Esa eficiencia se refleja en una conversión alimenticia que, en condiciones comerciales, se ubica entre 1,5 y 1,7 kilos de balanceado por cada kilo de trucha arcoiris producido de una calidad inigualable desde el punto de vista sanitario y estructural.
Dos equipos desarrollados en Japón producen nanoburbujas de oxígeno, una tecnología específica para acuicultura que mejora las condiciones durante las primeras etapas del desarrollo. En un mismo ciclo llegaron a incubar cerca de medio millón de ovas y obtener alrededor de 450.000 nacimientos. Los peces permanecen allí hasta alcanzar aproximadamente dos gramos de peso y solo abandonan el sector cuando los controles sanitarios confirman que pueden continuar el ciclo de producción.
Sin embargo, para Compagnucci el verdadero corazón de Aqua LVD no está en la incubación, Está en la calidad del agua.
Antes incluso de construir el establecimiento fue necesario encontrar una fuente capaz de garantizar estabilidad físico-química a largo plazo. Una vez extraída, cada gota inicia un recorrido permanente por un sistema cerrado de recirculación (RAS). El agua abandona los tanques y atraviesa tres compartimentos de biofiltración. En cada uno encuentra piedras de distinta granulometría: comienza por las de mayor tamaño y, a medida que avanza el recorrido, pasa por otras cada vez más pequeñas. En ese proceso se retienen los sólidos y las bacterias desnitrificantes eliminan los compuestos nitrogenados.
Para continuar hacia un filtro de alta precisión traido desde Estados Unidos, capaz de retener partículas de hasta 24 micras, y un esterilizador ultravioleta antes de regresar nuevamente a los tanques. Todo el proceso ocurre de manera continua. Nada se desperdicia. Nada queda librado al azar. «Nosotros entendemos el valor del agua«, resume mientras observa el funcionamiento del circuito.
Recién después de comprender ese circuito resulta posible entender el funcionamiento del resto del establecimiento. El recorrido continúa entonces hacia los grandes tanques australianos, donde las truchas completan gran parte de su crecimiento bajo condiciones cuidadosamente controladas.
Cada tanque almacena unos 60.000 litros de agua, cuenta con su propio sistema de oxigenación y extracción de residuos, y fue diseñado pensando tanto en la eficiencia como en el bienestar animal. Las juntas metálicas están protegidas con goma y los sistemas de fijación fueron montados de manera que ningún tornillo sobresalga hacia el interior y pueda provocar lesiones durante el desplazamiento de las truchas. Son detalles que probablemente pasen inadvertidos para un visitante, pero que reflejan el nivel de precisión con el que fue concebido todo el establecimiento.
Los resultados aparecen frente a los ojos. Las truchas exhiben colores intensos, nadan con tranquilidad y mantienen sus aletas completas, un indicador del bajo nivel de estrés y del cuidado recibido durante todo el ciclo.
Pero Compagnucci insiste en que ninguna tecnología puede reemplazar completamente a las personas.
En un establecimiento donde prácticamente todo se encuentra automatizado —oxígeno, bombas, caudal, iluminación, alarmas y calidad del agua— existe una tarea que deliberadamente continúa realizándose de forma manual: la alimentación.
Es Emanuel Ledesma quien prepara diariamente cada ración, controla las cantidades y observa el comportamiento de los peces mientras se alimentan. Ese momento constituye una de las principales herramientas de manejo del establecimiento. Ningún equipo automático puede advertir si un ejemplar dejó de comer, si otro permanece relegado o si el comportamiento general del lote comenzó a modificarse. El ojo humano sigue siendo irremplazable. Destacamos especialmente la disciplina, la formación y el compromiso de Ledesma, recordando que durante los primeros años prácticamente permanecía junto a los tanques siguiendo la evolución del cultivo. Ese trabajo silencioso termina reflejándose en la condición sanitaria de cada pez mucho antes que en cualquier planilla de producción.
Para Compagnucci, la sanidad nunca depende del azar. Resume esa filosofía en tres pilares que repite durante toda la recorrida: ambiente, manejo y alimentación. Cuando esos factores permanecen en equilibrio, explica, el pez también lo hace. Si alguno falla, aparecen el estrés, las enfermedades y las pérdidas. Esa idea atraviesa cada rincón de Aqua LVD y ayuda a comprender por qué, desde el inicio de sus operaciones, el establecimiento no registró episodios sanitarios en sus cultivos.
Durante varios años el establecimiento produjo trucha arcoíris para abastecer al mercado interno e incluso desarrolló experiencias con tilapia. Sin embargo, el incremento del costo de la energía eléctrica y la retracción del mercado llevaron al equipo a replantear el rumbo del emprendimiento. La incorporación de paneles solares permitió reducir parte del impacto energético, pero también aceleró una decisión que, en realidad, siempre formó parte del proyecto original: orientar Aqua LVD hacia la producción genética.
Hoy esa transición ya está en marcha. Aprovechando la calidad excepcional del agua, la infraestructura desarrollada y el respaldo de las certificaciones sanitarias obtenidas, el establecimiento se prepara para producir y exportar embriones de trucha de alto valor genético.
Pero esa no es la única apuesta. En uno de los galpones ya se proyecta la incorporación de nuevos sistemas para el cultivo de especies marinas, entre ellas pez limón y especies ornamentales, en un espacio diseñado para mantener condiciones ambientales completamente controladas. Paralelamente, el equipo avanza en el desarrollo de su propio alimento balanceado, otra iniciativa orientada a fortalecer la autonomía y sostenibilidad del establecimiento.
Al finalizar la recorrida queda la sensación de haber conocido mucho más que un establecimiento acuícola. Aqua LVD demuestra que la tecnología, por sí sola, no alcanza. Detrás de cada protocolo, de cada tanque y de cada decisión de ingeniería hay una filosofía de trabajo construida sobre el conocimiento, la planificación y el compromiso cotidiano.
La experiencia de Luis Compagnucci para proyectar cada etapa del sistema y la dedicación permanente de Emanuel Ledesma en el manejo diario de los cultivos reflejan que, incluso en un establecimiento altamente automatizado, el factor humano continúa siendo el componente más valioso. Quizás allí resida la mayor fortaleza de Aqua LVD y también el mensaje que deja la recorrida; la acuicultura del futuro no dependerá únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de las personas capaces de utilizarlas con el mismo nivel de precisión, responsabilidad y pasión con el que este equipo lleva adelante su trabajo cada día como parte de un proyecto que busca demostrar que también desde la provincia de Buenos Aires es posible pensar la acuicultura con estándares de excelencia.
Nota al lector: Por la amplitud y complejidad de lo observado, PESCARE decidió presentar esta visita en una serie de notas que serán publicadas sucesivamente. La extensa y didáctica recorrida, permitió conocer en detalle un establecimiento modelo, concebido y operado bajo estrictos protocolos técnicos, sanitarios y productivos. La magnitud del emprendimiento, su nivel de precisión y el potencial que abre para la acuicultura argentina merecen un abordaje por etapas, capaz de mostrar con claridad cada uno de sus procesos, sus protagonistas y las proyecciones de un proyecto preparado para afrontar los grandes desafíos productivos del país.






